sábado, 8 de octubre de 2011

281

Abandono el mundo de mi cerebro nocturno y abro los ojos a la luz directa de un cielo dividido en dos por la estela blanca de un avión de pasajeros. Ahora que han descendido las temperaturas vuelvo a dormir bajo la claraboya de la buhardilla. Dentro de un rato emprenderemos viaje rumbo al huerto de mis padres, a doscientos cincuenta kilómetros de aquí. Mis padres. Papá. Mamá. Todavía puedo abrazarles y escuchar su voz. Soy un hombre afortunado.

9 comentarios:

Paco Principiante dijo...

No sabes cuánto, Jesús.

giovanni dijo...

Sí, afortunado, y, además, tienen un huerto.

Ángela dijo...

Y seguirás siendo afortunado cuando ya no puedas, porque un día pudiste.

Jesús Miramón dijo...

Ha sido un día precioso rodeados de niños ¡y un perrito, el último recién llegado a la familia! He abrazado y besado a mis padres y sí, me he sentido afortunado. San Pablo decía la verdad a los Corintios: si no tenemos amor no tenemos nada.

NáN dijo...

La Iglesia, al traducir caritas como "caridad", en lugar de "amor", nos ha escamoteado tanto.

Jesús Miramón dijo...

No sabía que el significado original de caritas es amor. La carta a los Corintios es maravillosa.

NáN dijo...

Pues sí. Y cambia tanto la cosa, ¿verdad? Pero al "calcar" el término original, todo se queda reducido a dar 20 céntimos al viejito sentado en un portal.

Mara dijo...

Absolutamente afortunado...

Jesús Miramón dijo...

Sí que lo soy. Bienvenida a las cinco estaciones, Mara.