viernes, 14 de octubre de 2011

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Al despertar de la siesta descubro una araña diminuta paseándose sobre mi pecho. Llegó finalmente la hora de poner a prueba todo el entrenamiento practicado con mis hijos cuando eran pequeños. No reiré, no agitaré los brazos, no moveré un músculo. Soy imperturbable.

9 comentarios:

José Luis Ríos Gabás dijo...

Ya te conozco de hace tiempo, pero sigo maravillándome de estas cosas y de la manera que las cuentas.

Un abrazo

NáN dijo...

y yo

Diva Gando dijo...

Porque era diminuta que si no....

Jesús Miramón dijo...

José Luis, Nán, muchas gracias y feliz sábado.

Jesús Miramón dijo...

Eso es cierto, Diva, la imperturbabilidad es inversamente proporcional al tamaño de la araña... La de ayer era muy pequeñita.

Alba Taboada dijo...

Genial. Simplemente, genial.

Jesús Miramón dijo...

¡Caray, Alba, muchas gracias! Un beso.

Elvira dijo...

Me ha hecho mucha gracia lo de "la imperturbabilidad es inversamente proporcional al tamaño de la araña.." :-)

Jesús Miramón dijo...

¡La regla de lo "inversamente proporcional" es tan práctica! Viene siempre de perlas :-)