domingo, 16 de octubre de 2011

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Mi hija apareció por sorpresa el viernes por la tarde y ya la estoy llevando a la estación de autobuses. Nos despedimos con un beso y regreso a casa atravesando este lugar del mundo al que me arrastró la corriente. Parado en un stop tengo uno de esos ataques en los que no comprendo casi nada y sin embargo siento, con perturbadora claridad, el peso, la densidad, la existencia de las cosas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

La memoria,el Tiempo,la educacion,la cultura y los recuerdos...dificiles tigres de bengala con los que batallar...venceremos.un saludo

Epolenep dijo...

fa mayor dijo...

Cuántas veces me planteo lo fácil que hubiera sido la vida con otro tipo de consciencia, más ligera, más superficial, menos densa. Mucho menos atenta.
¿crees tú, Jesús, que será una cuestión físico-química del cerebro o más bien una mirada particular, una actitud de pensamiento, unos patrones aprendidos?
Qué gran virtud, la alegría. ¿será sólo una cuestión de voluntad?
Ay! qué espesura!
Un abrazo,
Manoli

José Luis Ríos Gabás dijo...

Creo que tiene que ver con vivir lentamente, Jesús, o, al final de todo, con vivir. Si damos vueltas, en una de esas nos encontramos, de repente y de frente, con eso que tú defines como un ataque.

Un abrazo

giovanni dijo...

La densidad e intensidad de las cosas. Te comprendo, creo.
Un abrazo

Diva Gando dijo...

Quizá le damos demasiadas vueltas a todo. Quizá seamos unos insaciables o unos inconformistas. Quizá simplemente nos planteamos otras alternativas. Quizá sólo pensamos. Quizá somos unos privilegiados. Seguro.

Jesús Miramón dijo...

Pienso que la realidad es más insaciable que nosotros, casi tanto como los tigres de Bengala. Nosotros apenas somos enternecedores gestos de voluntad en medio de fuerzas poderosas que nos ignoran mientras nos arrasan.

Un abrazo.