martes, 18 de octubre de 2011

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A las ocho y media de la mañana suena mi teléfono móvil, lo miro, veo que es mi madre y el corazón me da un vuelco: ya lo estoy viendo, llama desde un hospital, ha sucedido algo muy grave, ¿qué si no puede impulsarla a telefonearme a estas horas? Con los nervios a flor de piel acepto la llamada y escucho su voz alegre y despierta: «¡Hola, cariño!». «¡Mamá! ¿Ha pasado alguna cosa, estáis bien?», le pregunto. «Muy bien», contesta ella, «te llamo tan pronto porque ahora mismo estamos a punto de subir al autobús, ¡hoy nos vamos de excursión a Conil!». Es entonces cuando recuerdo que mis padres están, una vez más, de viaje.

Mientras me cuenta que ayer estuvieron en Sevilla, «una ciudad maravillosa», contemplo aliviado el castaño de indias del ventanal que hay detrás de mi mesa de trabajo. El suelo del jardín está cubierto de castañas amargas, las hay a cientos. La voz de mi madre, tan joven en el teléfono como cuando yo era un niño, acaricia mi cerebro y llena mi corazón de felicidad. «Bueno, pasadlo estupendamente, ¿vale? Os quiero mucho, un beso, ya hablaremos». Guardo el móvil en el bolsillo izquierdo de mi pantalón. Barbastro se pone en marcha poco a poco. A las nueve, dentro de un momento, subiremos la persiana y comenzará a entrar el público. El río Vero o, mejor dicho, lo que queda de él tras tantos meses de sequía, fluye en su cauce de hormigón al otro lado de la calle. Todo está bien.

6 comentarios:

giovanni dijo...

Muy lindo, tanto el primer párrafo (yo estuve también en Conil, y en Barbate y Zahora...) con los diálogos, como el segundo párrafo con tu descripción de Barbastro (donde nunca estuve, creo) y cuyo nombre siempre me hace pensar a Barbate aunque no tiene nada que ver el uno con el otro, menos el sonido.

fa mayor dijo...

Te felicito por ser tan consciente de lo que supone tenerlos todavía, y de tenerlos así, juntos, con ganas de vivir y dar alegría a los suyos. Qué tranquilidad ¿verdad? cuando los sientes así.
Me llega muy especialmente tu entrada hoy.
Muy buen día, Jesús.
Manoli.

A filla do mar dijo...

En Conil pasamos, mis padres, mis hermanos y yo, el mejor verano de nuestra vida.

Viniendo del Norte, un verano en Conil fue como un sueño. La primera vez en mi vida que soporté 40º (y me encantó!).

Me alegro de que todo esté bien.

Portorosa dijo...

Emocionante a tu estilo, como siempre.
Me alegro de que todo esté así.

el mejor verano de nuestra vida
Vaya, Filla, no lo sabía. ¿Sí?

Jesús Miramón dijo...

Giovanni, Manoli (cuánto me emocionó tu post del 1 de octubre sobre tu madre, pero como no tienes comentarios... ), A filla (¿40 grados? Yo me muero), Porto, gracias a todos y un abrazo.

Paco Principiante dijo...

Supongo que esa excursión gaditana no olvidará pasarse por Vejer. Es un pueblo de la zona que a mi me encanta.

Y la playa en Otoño es aun más bella.