domingo, 23 de octubre de 2011

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Se ha declarado un pequeño incendio en el cañaveral de un descampado a dos calles de mi casa y durante un buen rato una gran nube de humo ha cubierto el cielo. Después han comenzado a descender sobre los edificios leves y flotantes copos de ceniza negra. Ahora los bomberos ya han apagado el fuego y el aire huele a caña quemada. A mí no me desagrada, no huele a basura ni plástico carbonizado, huele a leña consumiéndose en la chimenea una noche de invierno.

6 comentarios:

Epolenep dijo...

mmmhh, aquí se encendieron algunas estufas de leña hace unos días...y de repente por fin olía a otoño... Abraçada.

Jesús Miramón dijo...

Sí, ese olor. Me encanta. Qué ganas tengo de estrenar la chimenea este año. Si al menos lloviera.

Carmen dijo...

¿Por qué será que ese olor no se encuentra en pleno verano? No me refiero al de chimeneas o estufas (!!), sino a cuando se queman rastrojos, o algo de leña, o un cañaveral como lo que describes. Es como el campo mojado por la lluvia, que cuando mejor huele es en verano. ¿será el contraste o será la imaginación?

Jesús Miramón dijo...

Es el contraste, la temperatura, la luz. Quizás también la lenta acumulación de tiempo sobre nosotros.

A filla do mar dijo...

Aquí llueve a mares. Por fin!!!!

Jesús Miramón dijo...

Aquí ni una gota desde hace demasiado tiempo, los agricultores están desesperados. Han dado lluvia para hoy, a ver si es verdad...