viernes, 28 de octubre de 2011

301

Después de pasar toda la tarde en Lérida llego ahora a casa con apenas veinte minutos para escribir antes de bajar a ensayar, aunque estoy tan cansado que va a costarme un gran esfuerzo hacerlo. Y es que cada vez me agotan más las ciudades, el tráfico en Lérida es absolutamente demencial y las calles comerciales, en cuya atmósfera vibra ya cierta compulsión prenavideña, bullen de tanta gente, tantas luces, tantos escaparates, que he regresado con el cerebro saturado de información visual. Menos mal que luego he dispuesto de media hora de autovía nocturna: kilómetro a kilómetro de oscuridad toda la confusión se disolvía hasta convertirse en esta anécdota inofensiva, este ejercicio que me permite tomar las carpetas de partituras, abrigarme un poco y salir a la calle dispuesto a cantar con la satisfacción de los deberes cumplidos.

4 comentarios:

Diva Gando dijo...

Si vas a Barcelona te mueres ¿no? A mi Bcn me supera pero Lérida es light...

Aunque yo no he ido hoy de compras. Cada día me gusta menos.

Jesús Miramón dijo...

Efectivamente, en Barcelona me muero pero el tráfico de Lérida me resulta especialmente apretado y atascado, al menos a las horas que voy yo y los lugares, siempre céntricos, a los que voy yo.

Yo directamente odio ir de compras. Lo odio con toda mi alma, pero al mismo tiempo y aunque pueda parecer lo contrario suelo ser una persona un poco generosa. Ay.

NáN dijo...

Eres un hombre que sabe encontrar los pequeños atajos a la felicidad.

¡Y nosotros aprendemos, ¿eh?! No creas que decimos halagos y seguimos en el mismo nivel de mediocridad.

Jesús Miramón dijo...

Todos aprendemos de todos, es una realidad tan maravillosa que cuando pienso en ello me emociono. Por otra parte ya sabes que yo siempre he pensado que la literatura es, entre otras muchas cosas, un acto de comunión.

Un abrazo fuerte, Nán.