domingo, 6 de noviembre de 2011

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18 comentarios:

starfoxu dijo...

Relejante, hogareño, el frio ya se acerca un año mas.

Elvira dijo...

¡Fantástico! Contémonos historias a la luz de la lumbre..

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Tenía muchas ganas de encender la chimenea y finalmente no he podido contenerme. Jamás me cansaré de oír cómo crepita el fuego (nuestra especie lleva demasiados milenios disfrutando de su calor y protección como para olvidarlo en apenas el último parpadeo de nuestra evolución).

Carmen dijo...

Eres muy afortunado. Este no inquieta nada.

fa mayor dijo...

Qué maravilla, Jesús.
Recurriré a este vídeo a menudo.
Ayer, en Vinuesa, también disfruté de la chimenea del "Asador Eguren", y de Florentino, el hombre peculiar que lo regenta y de algún que otro personaje pintoresco que apareció por allí.
Creo que una chimenea encendida procura un ambiente muy especial en un lugar y entre los que la comparten.
Cada vez que llego a algún sitio donde hay un fuego, me quedo arrebatada por la contemplación de las llamas y el sonido de la leña crepitando.
Sí. Es algo ancestral, pienso.
Buena semana, Jesús.
Manoli.

NáN dijo...

Agradable.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Ayer, domingo, yo también encendí la chimenea, todavía tengo leña del año pasado, bastante bien apilada en el garaje, y seguramente no necesitaré más. Me pregunté si tú la habrías encendido.
El sábado por la tarde estuve en Zaragoza, a la que fui desde Lérida, solo, después de comer, por Bujaraloz. Es curioso porque a veces hago exactamente lo que hizo mi padre conmigo, yendo por los mismos sitios pero treinta años después, y yo soy ahora mi padre, y mi hija soy yo, qué cosas. No es nada extraño,por otra parte. Pero lo que quería decirte es lo agradable que es conducir, a velocidad moderada, al principio de una tarde por la N-II, sin mucho tráfico, atravesando esa parte de Los Monegros con un sol de otoño, y una aire intenso, viendo cómo ha cambiado el paisaje con los años, y, en el fondo, qué poco ha cambiado uno en algunas cosas. Te hubiera gustado, seguro.

Un abrazo, Jesús

Jesús Miramón dijo...

Carmen, sí que lo soy aunque a veces, tonto de mí, lo olvide.

Jesús Miramón dijo...

Es verdad, Manoli, cuesta mucho resistirse a la contemplación del fuego bailando y crepitando. Buena semana.

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, Nán.

Jesús Miramón dijo...

Los Monegros son un paisaje que me fascina desde hace muchos años, sobre todo cuando el cielo gris resalta la blancura de los yesos y tizas de los campos baldíos. Sí que me hubiera gustado, es cierto. Sobre los sentimientos que nos asaltan al ocupar el eslabón que nos toca en la cadena vital, ¡qué bien te comprendo! Un abrazo, José Luis.

Mayte dijo...

No sé qué es más relajante si la imagen o el sonido.

Jesús Miramón dijo...

Yo, que amo la música, cada vez disfruto más de los sonidos desnudos: la leña ardiendo en la chimenea, la lluvia repiqueteando en el cristal de la claraboya, el motor del coche ronroneando mientras atraviesa el mapa y el tiempo, el viento moviendo las ramas de un árbol, el agua de un arroyo corriendo entre las piedras.

Portorosa dijo...

El fuego, el mar, las estrellas... Tienen la virtud común de maravillarnos.
Yo creo que, aparte de la belleza que puedan tener, nos llevan a nuestra raíz más profunda, más animal; nos quitan el baño cultural, civilizado. Da la impresión de que mirándolos nos damos cuenta de lo (poco, o mucho) que somos.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Porto. Un abrazo.

Gemma dijo...

Envidia.
Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

No, no, lo grabé para que nadie puediera tener envidia: se pone en el ordenador a pantalla completa en alta definición y durante un rato tenemos la chimenea sobre la mesa. Un abrazo, Gemma.

Gemma dijo...

¡Qué cómodo! Probaré a ver.
+ abrazos