jueves, 10 de noviembre de 2011

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Pequeña raposa, detente en la oscuridad y vuelve sobre tus huellas entre las viñas, regresa al soto junto al río, visita furtivamente los huertos a la luz de la luna, haz cualquier cosa menos cruzar la carretera pues hoy vi lo que quedaba de tu hermana, su pequeño cuerpo tirado en el arcén, su preciosa cola de raposa agitándose suavemente al paso veloz de los vehículos.

10 comentarios:

NáN dijo...

Como un monje bueno, eres.

¿Has visto la peli "Dioses y hombres"? Todo mi anticlericalismo desaparece ante la realidad de esos hombres que siguieron de verdad la palabra y se han hecho como niños.

Ángel Ruiz dijo...

Al empezar a leerlo he pensado que estabas haciendo una variación del Cantar de los Cantares en conjunto y enlazándolo -y variando- a partir del versículo 2,15: 'Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor'.
Es muy posible que no estuvieses pensando en nada de eso, pero el hecho es que te ha salido algo así -y qué bien.

Paco Principiante dijo...

Recién me saqué el carnet de conducir, mi padre me dejaba el coche para que cogiera soltura. Una vez, camino de Rota, di un volantazo, casi nos salimos por la cuneta, intentando esquivar un gorrión que despistado se estrelló contra el parabrisas. Tuvimos que pararnos del susto.

Mi padre me dijo que era lícito lo que había hecho, pero que debía pensar que hubiese ocurrido si finalmente nos hubiésemos salido de la carretera, o si hubiese algún ciclista en el arcén en ese instante...; multiples posibilidades más. Había que compensar, y a veces la mejor opción es el mal menor.

Desde entonces, cada vez que me ocurre algo similar, o veo algún animal muerto sobre la carretera, me agarro con más fuerza al volante e intento no menearme. Recuerdo lo que me dijo mi padre, y recuerdo el golpe veloz del pobre gorrión con el cristal.

Me acordé de esto leyendo tu entrada, Jesús.

Silvia dijo...

Esa es la forma menos cruel en la que puede morir un zorro. Casi mejor desearle a la pobre raposita que sea atropellada antes de que un cebo envenenado le destroce el sistema nervioso, o se debata por liberarse de un lazo hasta la asfixia o el agotamiento. (Maldita deformación profesional!)

Jesús Miramón dijo...

No la he visto, Nán, la he buscado en internet y ya está de camino. Gracias por la recomendación.

Jesús Miramón dijo...

No, Ángel, confieso que no he leído el Cantar de los Cantares (me avergüenza mi ignorancia). Pero me agrada que te haya gustado. Gracias.

Jesús Miramón dijo...

Paco, creo que podría hacerse un inventario de la fauna del territorio donde vivo analizando los animales atropellados en las carreteras: tejones, jinetas, comadrejas, jabalíes, conejos y sí, las pequeñas raposas de hocico puntiagudo.

Por supuesto, el consejo de tu padre es acertado, suceden muchos accidentes, algunos dramáticos, por obedecer al instinto de evitar el atropello de un animal dando un volantazo.

Jesús Miramón dijo...

Silvia, ¿te dedicas a algo relacionado con los animales y la naturaleza? Qué envidia.

Silvia dijo...

Sí, Jesús, soy Agente de Medio Ambiente (lo que toda la vida se ha conocido como guarda forestal, y un poquito más), y es verdad que es un lujo, casi siempre. Otras veces, supongo que como en la mayoría de trabajos, toca darte de bruces con la estupidez o directamente,con la maldad del Homo sapiens.

Jesús Miramón dijo...

Oh, Silvia, ¿eres guarda forestal? Todo mi reconocimiento.

A tus pies.