viernes, 18 de noviembre de 2011

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La casa está en silencio. Hace un buen rato que anocheció. Ordeno partituras antes de acudir al ensayo. Suenan las campanadas de la iglesia de San Pedro. ¿Cuántas veces han sonado en estas páginas? A menudo tengo la sensación de que siempre escribo lo mismo y a pesar de ello, pensando sin rubor en los ríos de Heráclito y Manrique, continúo haciéndolo. Por otra parte nunca dejo de tener presente que estos días pacíficos y sin malas noticias no durarán para siempre.

4 comentarios:

Diva Gando dijo...

Eso es lo peor. Los días rutinarios, tranquilos sin malas noticias no son par siempre.

giovanni dijo...

Ayer, en medio de las noticias turbulentas sobre "la crisis", de repente entré en la calma del viaje de mi hija en Nepal (ve mi último post).

Anoche edité un vídeo sencillo sobre mi última visita a la casa de mi querida tía Ellen.

Esta mañana (madrugada) oí las campanas de la Chiesa della Croce, a Capri, filmadas por mí en mayo cuando estuve en Capri. Y mandé a mis familiares dos fotos desconocidas de nuestra abuela napolitana al lado de esa iglesia de que escuchaba las campanas muy cercanas.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Por eso tenemos que disfrutar de ellos conscientemente, Diva. Seamos valientes.

Jesús Miramón dijo...

Es que esas cosas, esos momentos y situaciones, "también" existen, y en esta época son más necesarias que nunca.

Un abrazo, Giovanni.