martes, 22 de noviembre de 2011

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Después de la bronca y el sermón subo a esta mesa y, craso error, me pongo a pensar en mi hijo cuando era pequeño: su cuerpecito de pájaro levantando los brazos para que lo llevara en brazos, su rostro entusiasmado cuando salía corriendo del colegio de primaria arrastrando la chaqueta por la acera. Mi corazón se resiente. Sé que es una historia repetida desde el comienzo de los tiempos, pero cuánto duele.

21 comentarios:

Victoria dijo...

Y no importan los años que pasen,ni la capacidad de elección que tengan. Casi siempre vemos algo que a ellos se les pasa y ahí llega otra vez el conflicto, y luego el remordimiento por no haberte mordido la lengua y, en fin, no por ser una historia repetida duele menos. Un saludo.

Ángela dijo...

No pasa nada, Jesús, no pasa nada. Tu hijo sabe mejor que tú que la bronca y el sermón son necesarios, y los acepta probablemente con más naturalidad. Y cuando sea padre, comerá dos huevos. Como todos. No pasa nada.

giovanni dijo...

Sí, cuánto duele, sobre todo para un padre o madre que no solo ha educado al hijo sino también ha vivido con el (o ella).

Ya no es ese cuerpecito de pájaro. Sin embargo, lo que es ahora también es algo muy precioso, aunque depende menos de nosotros.

Felizmente pasa el tiempo y cambian las cosas. Los dolores vuelven, siempre, ojalá en forma suave.

Jesús Miramón dijo...

Ya sé que son cosas normales en la educación de un hijo, pero el mío tiene catorce años y ha entrado en la adolescencia como un elefante en una cristalería... Gracias a los tres. Buen día.

A filla do mar dijo...

Si le preguntas a mi madre qué es una adolescencia difícil, te hablará de mí. Y yo recuerdo aquella época como una etapa de un sufrimiento enorme.

Lo bueno es que se pasa, para todos.

Ánimo y paciencia.

Un beso.

NáN dijo...

Los hijos de hoy nos adoran conforme van creciendo, posiblemente porque los padres de hoy, de ayer y de antesdeayer, no nos sentimos en su tiempo menos hombres por mostrarles cariño.

Y agradecen una buena bronca justificada: nada hay peor que un padre que no sabe echarla a tiempo. Lo toman como una muestra de interés por ellos. ¡ay de los padres que todo lo arreglan pasándoles un billete de 50 euros con una mirada de "déjame en paz"!

Posiblemente me hayas leído esta historia, porque me llena de satisfacción y la cuento cuando viene al caso, como ahora. Mi hijo había encontrado su primer trabajo y ni siquiera vivía en casa. Una noche que estaba yo en la barra de un bar, apareció con dos amigos. Tomamos 2 copas, hablamos de política, de cine, de libros, de la vida y de todo lo que nos hiciera reír. Al final, uno de los amigos dijo que era de puta madre que tu padre fuera tu colega. El mío saltó como un resorte: “¡No es mi colega, es mi padre! Y cuando me echa una bronca me cago en los pantalones”. Lo dijo con orgullo.

Elvira dijo...

Estoy segura de que tu bronca fue de las que tienen que ser. Suscribo todo lo que dice NáN. Y esto que dice Giovanni: "Ya no es ese cuerpecito de pájaro. Sin embargo, lo que es ahora también es algo muy precioso, aunque depende menos de nosotros."

He tenido que hacer de padre y de madre la mayor parte del tiempo, y muchas veces no es nada fácil. Aunque estoy muy contenta con el resultado. Igual que tú, seguro!

Besos

José Luis Ríos Gabás dijo...

Jesús, me gustaría que pusieras aquí el poema "Al final del verano", de tu libro El sueño del erizo.

Un abrazo

giovanni dijo...

Di una especie de respuesta a tu post en mi blog con el título “Hijos”.

giovanni dijo...

Si todo anda bien llegará el momento en que nosotros nos vamos y ellos. los hijos, se quedan. Pero falta todavía muuuuucho, espero.

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias, vuestras palabras están llenas de sentido común y de comprensión.

Besos y abrazos.

Este es el poema que comenta José Luis:

AL FINAL DEL VERANO

Debajo del árbol cubierto de pequeños pájaros
he dado un grito, y todos han salido volando
en un jaleo de alas bulliciosas.
Yo pensaba que Carlos reiría pero se ha asustado.
El cielo sobre el árbol era inmenso
y del color de los melocotones.
He cogido a mi hijo en brazos
y he retrocedido sobre la hierba:
“mira”, le he dicho, “no pasa nada”.
Después de unos instantes
los pájaros han vuelto a las ramas.
Él miraba con sus ojos grandes
sobre su pequeño cuerpo de pájaro
-todavía se agitaban sus pequeñas costillas,
sus labios manchados de uva.
El cielo era inmenso sobre el campo,
y un avión diminuto dejaba claramente
una línea blanca sobre la piel amarilla.
“Mira”, le he dicho, “un avión, allí arriba”.
Y él ha levantado su cabeza dorada, sus orejas pequeñas, su cuello de pájaro,
su pequeña nariz, su boca manchada de uva.
Qué poco pesaban en mis brazos su corazón, sus riñones, su ombligo pequeño
contra mi pecho.

Felicidad pequeña y quieta sólo un momento,
al final del verano.


---

(Giovanni, ahora voy un momento para allá)

Gracias de nuevo.

Elvira dijo...

Hermosísimo, Jesús. Me ha encantado leerlo de nuevo.

giovanni dijo...

Precioso el poema! Buen título. Y me gusta ese cielo inmenso y la felicidad pequeña. Felicidades pequeñas tienen la tendencia de volverse en felicidad inmensa.

Miguel Baquero dijo...

Si que duele, sí. Duele que se hagan mayores y que tengan sus propias opiniones y sus propios errores totalmente ajenos a nosotros. Qeu sí, que sí, que es ley de vida, pero duele a veces infinitamente

Jesús Miramón dijo...

En ese poema Carlos tenía dos o tres años, y la escena que cuenta sucedió en una piscina a las afueras de Binéfar. Todo lo que cuenta -y lo que no cuenta- sucedió exactamente de ese modo. Es uno de los que más me gustan del libro.

Un abrazo.

Ángel Ruiz dijo...

Un poema muy bonito, me ha gustado mucho: gracias por ponerlo.

Jesús Miramón dijo...

Gracias a ti por leerlo, Ángel.

Portorosa dijo...

¡Oh, qué maravilla, el poema, Jesús!

Un fortísimo abrazo.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Viniendo de mí puede no ser muy creible, pero Jesús es un gran poeta también.

Un abrazo

estrella/elisa dijo...

Emocionarme es nada... Gracias por cosa tan hermosa, Jesús, y no te apures por estos 'desencuentros' y por decir lo que debes.
Es tiempo difícil el de la adolescencia, pero necesario. Necesario para los chicos, que mudan su cuerpo y su pensamiento y le hacen frente a todo lo que haga falta y más, y necesario para nosotros, porque es el momento en el que actuar como 'padres' y 'madres' implica atender y entender esa 'revolú' que convive con los chicos y a la vez imponer, de alguna manera, cierto orden y concierto.
No sé qué hago diciéndote lo que conoces ya por experiencia propia. Será que compartir siempre se agradece...
Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Jó, muchas gracias.

:-)