miércoles, 23 de noviembre de 2011

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F. llamó preguntando por mí. Ella me conocía y yo sabía quién era, la había atendido personalmente muchas veces, enseguida reconocí su acento argentino. Recordé que F. es una mujer atractiva, divorciada de un ciudadano norteamericano y madre de un niño muy rubio, residente en un turístico pueblo del Pirineo aragonés y empleada en una agencia inmobiliaria. Estuvimos charlando durante unos minutos y después quedamos en que le enviaría a su correo electrónico unos formularios que necesitaba. Me facilitó su dirección de hotmail y ahí quedó todo. Pero sucedió que su dirección de correo me devolvía una y otra vez el mío, no sé si porque no admitía archivos adjuntos o porque yo la había anotado mal. Para variar, y como suele suceder en estos casos, por supuesto no había apuntado su teléfono ni el número de su documento de identidad, así que cuando acudí a mi base de datos, una de las más exhaustivas del estado, no logré encontrar nada con la magra información de la que disponía. ¿Qué hice entonces? Buscarla en internet con esa misma y escasa información a través de Google, Twitter y Facebook, donde para mi sorpresa la encontré, ¡incluso aparecía su teléfono móvil de trabajo en la web de la inmobiliaria! La telefoneé y solucionamos el problema. No sé si es bueno o malo, hoy fue bueno y mañana tal vez sea malo, pero la red nos pone al alcance de los demás. El mundo es un lugar cada vez más pequeño.

5 comentarios:

giovanni dijo...

Gracias a internet pude encontrar a Marianne Levy Davidsohn, una joven mujer judía que había trabajado en la casa de los padres de mi madre antes de la segunda guerra mundial (escribí con ella y sobre ella en mi blog). Gracias a internet encontré a mi amor de juventud, una piba argentina. Eso son las cosas lindas. Las malas? Ojalá jamás se darán.
Me hiciste sonreír con esas dos adjetivas 'atractiva' y 'divorciada'. Suelen ser dos características 'peligrosas'.
Un abrazo

NáN dijo...

Las herramientas son inocentes.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, Giovanni, en este caso son tres características, no dos: atractiva, divorciada... y argentina. Vós ya me entendés.

:-)

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Es verdad, Nán, somos nosotros quienes las convertimos en culpables.

giovanni dijo...

Te entendí perfectamente... Tal vez incluso sea la característica más 'peligrosa', aunque dudo que Rayuela esté de acuerdo. Un abrazo