jueves, 24 de noviembre de 2011

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Las últimas lluvias han cubierto el campo de una hierba corta que de lejos parece mullida y suave como el musgo. En las ramas de los almendros que no se recogieron los frutos oscurecen día a día, calcinados lentamente por el olvido. Los álamos fueron perdiendo sus hojas amarillas de abajo hacia arriba y ahora sólo sobreviven las del final, allí donde comienza el cielo y reina el viento frío que una a una apagará las trémulas, las valientes, las últimas llamas.

8 comentarios:

Epolenep dijo...

Mhh, hace días que quería hablar de esta hierba, tan verde y tan tierna y a la vez tan poco primaveral. Esta vez no me han llegado las fuerzas, no saldría de la cueva hasta merzo...

Jesús Miramón dijo...

Los de esta estación son paisajes de literatura rusa.

Yo me metería en una (fresca) cueva (fresca) a principios de verano y no saldría de ella hasta finales de septiembre... Soy un oso raro.

Portorosa dijo...

Precisamente el otro día, yendo a Madrid, nos llamó la atención a mi madre y a mí que solo quedasen las hojas de arriba de todo, muy amarillas, de los álamos que íbamos viendo (me entero ahora de que eran álamos).

Un abrazo.

NáN dijo...

Me has hecho pensar (recordar, que los dos verbos ya van siendo sinónimos) en pieles jóvenes, casi recién estrenadas, que de lejos me parecieron suaves y mullidas.

Jesús Miramón dijo...

Porto, si los troncos eran claros y más bien delgados, y las hojas muy amarillas seguramente eran álamos (o chopos, pues son lo mismo). Por aquí hay bastantes alamedas (o choperas) de silvicultura, crecen muy bien cerca de acequias, canales o ríos. A mí siempre me han gustado mucho. En esta época son espectaculares.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

En otoño las texturas son diferentes a las del resto del año. La hierba, los árboles, las rocas, el cielo. Esta mañana he ido a trabajar con una niebla cerradísima, típica de aquí. La niebla también tiene su propia textura. Como sabéis yo odio el calor así que perdono la niebla y lo que haga falta. En esta época soy feliz.

Epolenep dijo...

La leyenda del chopo... y por qué sus hojas son de oro en otoño:

http://whisperingbooks.com/Show_Page/?book=Classic_Greek_And_Roman_Myths&story=Poplar_Tree.

Jesús, me doy cuenta de que, si fuera lo suficientemente fresca en verano y caliente en invierno, no saldría de la cueva en todo el año :-D. Adoro el frío y no me gusta el calor, pero no me gusta llevar este ritmo cuando debería frenar como buena cromañona...

Jesús Miramón dijo...

¿Una cromañona? ¿De verdad no estoy solo?