domingo, 27 de noviembre de 2011

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Salimos del restaurante a las siete de la tarde, un poco achispados y enternecidos por las canciones cantadas con una copa en la mano durante la larga sobremesa, y caminamos a la luz de las farolas hablando de esto y de lo otro, de los hijos pequeños, de la suerte, de la vida. Por la mañana cantábamos la misa de Santa Cecilia en la iglesia de San Pedro. Cada año, después de la misa de la patrona de los músicos, nos vamos a comer todos juntos. Durante todo el tiempo que he estado con mis amigos, con los más íntimos de los viernes por la noche pero también con los que me relaciono solamente en los ensayos de la Coral, durante todo el tiempo que he compartido con ellos, digo, en ningún momento he dejado de sentirme una persona privilegiada, afortunada, dichosa. Desconozco los vientos que me trajeron a la orilla de este pequeño lugar a medio camino entre el desierto y las montañas, pero sé que fueron benévolos. En días como hoy tengo ganas de salir a la calle y decirles a todos los peatones que hagan algo con los demás: cantar en un coro, pintar en una academia, aprender un idioma, correr, hacer ganchillo, leer en un club de lectura, buscar setas, qué sé yo, algo con los demás, algo con los demás. Porque no existe nada más profundamente humano que el milagro de la comunión con quienes son tan únicos, tan frágiles, tan valientes como nosotros.

14 comentarios:

Silvia dijo...

Ay, los echo de menos, ¿por qué están tan lejos? ¿Por qué a veces hay que resignarse a que sean invisibles? ¿Por qué nos chocamos tantas veces con gente, en la calle, y por qué tan pocas nos ven y los vemos?

José Luis Ríos Gabás dijo...

Muy bien contado, Jesús, seguro que lo habéis pasado más que bien.

Un abrazo

Elvira dijo...

¡Cuánta razón tienes, Jesús! Me emociona este tema. Y además, es justo en lo que ando últimamente: en intentar encontrar actividades compartidas que disfrute y que pueda realizarlas sin pagar un alto precio. ¡Ay!

Un beso y gracias por lo que escribes y cómo lo escribes

Jesús Miramón dijo...

Silvia, me llama la atención ese "los echo de menos", ¿a quién te refieres? ¿Es una referencia al texto o algo más concreto?

Jesús Miramón dijo...

Lo hemos pasado de maravilla, José Luis, ¡de hecho tú también te lo pasarías muy bien! La experiencia de un coro como el nuestro es algo increíble, un tesoro único. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Necesitamos a los demás, y lo mejor es que ellos también nos necesitan. A menudo ni unos ni otros nos damos cuenta de algo tan antiguo y evidente, pero es así (sin exageraciones, sin aspavientos, sin tonterías).

Elvira, ojalá encuentres alguna actividad que puedas compartir con otras personas.

Un beso.

Portorosa dijo...

Qué bonito y qué cierto.

Jesús Miramón dijo...

Estoy rendido. Un abrazo y buenas noches, Porto.

NáN dijo...

Me ha resultado emocionante. Lo comparto.

Tengo un gran amigo que siempre dice que una de las obligaciones del poder público es dotar a las asociaciones con lo minúsculos fondos que necesitan para subsistir. Coro vecina, 80.000 pesetas al año (él sigue aferrado a las pesetas); asociación de lanzadores de dardos en bares (7.000 pesetas al año paraque compren dardos y dianas);...

Siempre dice que si cada persona compartiera una actividad con los demás, nuestro puñetero y duro país cambiaría.

Y le da mucha importancia a que el Estado, el Ayuntamiento o lo que sea haga esa miniaportación, porque es como el reconocimiento social de que se está haciendo algo que vale la pena.

Vuelvo a pensar en la emoción de ese día, esa comida y esa larga sobremesa. Días así le salvan a uno.

Silvia dijo...

Pues las dos cosas, Jesús: una referencia al texto y una cosa concreta: echo de menos a esa gente de mi vida que me ha hecho sentir tantas veces "privilegiada, afortunada y dichosa", y muy, muy rica.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Nán. Nuestro coro no solamente no tiene ayuda económica del ayuntamiento ni de nadie, sino que hasta hace poco, cuando cambió el ayuntamiento en las últimas elecciones, pagábamos un alquiler del local ¡municipal! donde ensayamos. Ahora parece que vamos a tener más apoyo, pero durante años y años (del PSOE) no hemos tenido ninguno.

Por supuesto, estoy de acuerdo con lo que dice tu amigo.

Un abrazo.

fa mayor dijo...

Qué íntimo y cercano, Jesús, como siempre. imagino que un coro es algo especialmente favorable para sentir el poder de crear belleza entre todos, aportanto cada uno su granito de arena. Todos a una. Un objetivo claro y que requiere un tiempo de esfuerzo, concentración, solemnidad, armonía. He participado en grupos de teatro durante más o menos tiempo, y la verdad es que, tristemente, demasiadas veces he sentido el desgaste de la convivencia; supongo que un grupo de teatro tiene otros matices distintos a un coro, donde el director tiene un rol muy bien definido que todos asumen desde un principio. Y sí, considero muy muy saludable asociarse con otros para compartir hobies y recreaciones...
Es algo voluntario y libre, lejos de las responsabilidades adquiridas del día a día. Disfrutar con otros en definitiva.
Gracias por compartir y contagiarnos tu buen rollo del coro. Me dan ganas de apuntarme a uno.
Un abrazo, Jesús,
Manoli.

Jesús Miramón dijo...

Manoli, llevo más de diez años en el coro y reconozco que la armonía y el cariño que hay allí es extraordinario también por extraño, por escaso en otros grupos que llevan tanto tiempo juntos. Supongo que los astros se conjuraron o, más bien, nuestra directora siempre ha sabido crear ese clima. Si te gusta cantar te animo a probar. Un abrazo.

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P.D: Como no se puede hacer comentarios en tu blog quiero decirte que el poema que publicaste el 22 de noviembre me gustó muchísimo. Me alcanzó hasta el tuétano. Mucho. Que lo sepas.

fa mayor dijo...

Muchas gracias, Jesús. Eres muy amable.
Siempre sufro mucho cuando me enamoro.
(Debería ir a un psiquiatra, pero son tan caros... ;-)
Un abrazo,
Manoli.