lunes, 28 de noviembre de 2011

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El frío envuelve la casa como si ésta fuera un submarino surcando las profundidades del océano antártico, lo cual me permite poder llevar al fin mi viejísima chaqueta azul de lana cubierta de pelotillas, uno de los lujos invernales que me hacen más feliz. Soy el capitán Nadie y mi único objetivo es la exploración. Navegaré a través de mi vida. Sólo la muerte podrá detenerme.

8 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Esa vieja chaqueta, seguro, que te han insistido cientos de veces que la tires, que está hecha un asco...

Jesús Miramón dijo...

¡Soy el capitán, cada vez que me decían eso levantaba una ceja, ponía ojos de loco y salían corriendo espantados!

:-)

Carmen dijo...

Una chaqueta, cuando es amorosa, no tiene edad. Y las pelotillas la hacen más distraída. ¡Haces bien en no tirarla!

Jesús Miramón dijo...

Me cuesta muchísimo deshacerme de las prendas que me gustan, de hecho se deshacen ellas de mí al cabo de muchos años convirtiéndose en harapos...

Epolenep dijo...

Me has hecho recordar la chaqueta que llevaba mi padre en invierno cuando yo era pequeña... ¡era tan agradable! ¡y olía tan bien!

Jesús Miramón dijo...

Supongo que la mía es algo así (pero me has recordado que debería lavarla ya mismo, con su jabón y su suavizante concentrado... ).

Epolenep dijo...

pPrefiero olor de persona (limpica) a olor de suavizante concentrado :-). La de mi padre olía a tabaco negro, taller de inventor, creatividad y melancolía.

Por cierto, yo también soy la capitana de casa, pero no tengo uniforme!

Jesús Miramón dijo...

Pues mira, Epo, todavía no la había echado a lavar. Creo que esperaré un poco.

:-)