jueves, 1 de diciembre de 2011

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Diciembre comienza envuelto en la niebla cerrada que oculta el campanario de la iglesia. En las calles más comerciales pronto se instalarán las luces navideñas. Mi corazón late a treinta y siete grados centígrados una y otra vez, una y otra vez.

4 comentarios:

Ángela dijo...

Yo he comenzado diciembre en Spearfish, South Dakota, quitando la nieve y rascando el hielo de mi coche antes del amanecer. Mi corazón latía a 98.6 grados Farenheit (aunque le costaba).

Jesús Miramón dijo...

Eres mi heroína, Ángela. En serio.

A filla do mar dijo...

No soy creyente, pero me gustan las fiestas religiosas. Y, de entre todas, la Navidad es la que más.

Estoy deseando que encienda las luces y que comiencen a sonar los villancicos en los altavoces instalados en las calles peatonales.

Me siento como una niña...

Feliz diciembre!

Jesús Miramón dijo...

A mí la Navidad me entristece. Pienso en personas que disfrutaban de ella y ya no pueden hacerlo.

Eso sí, la Navidad es territorio coral, y esa parte sí que me gusta mucho: los villancicos y demás piezas típicas de esos días.

Un beso.