lunes, 5 de diciembre de 2011

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Zaragoza me agota, me deja hecho polvo, totalmente para el arrastre. Aunque también tiene sus compensaciones: ayer por la noche estuvimos tapeando con mis hermanos hasta las tantas y lo pasamos muy bien. Hoy por la mañana gasté mis exiguas habilidades manuales montando unos pocos muebles de Ikea; por la tarde acudimos a un inmenso centro comercial a comprar ropa para mi hijo adolescente y, de eso me encargué yo, cava, langostinos y otras cosas para la cena de Navidad, que celebraremos aquí. Todo está rebosante de gente, no existen huecos en los amplísimos aparcamientos y hay atascos de coches tanto para entrar como para salir, mientras en el aire flota la identificable histeria navideña que la música y las luces no hacen sino acrecentar. Es absolutamente terrorífico. Cuánto echo de menos la tranquilidad de Binéfar, las campanadas de la iglesia de San Pedro desvaneciéndose en la niebla, el fuego en la chimenea, las horas fluyendo como un río lento sin prisa para nada.

20 comentarios:

Elvira dijo...

Cada vez me gustan menos las prisas y los agobios...

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Pues entonces no te recomiendo los centros comerciales en Navidad... Uf.

Un beso.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Aquí creo que han puesto en marcha, igual que estos últimos años, el tiovivo de la Plaza, aunque me parece que también lo han hecho con el Tren Pitufo, que es novedad este año. Creo que ha sido en la inauguración del "encendido navideño". Las luces de mi calle, no sé si por contagio inverso, han dejado de funcionar durante un tiempo indefinido, aunque cuando he salido a tirar la basura ya funcionaban. Mi suegra ha comentado algo sobre "un chocolate que daban" (ella ha ido). Todo es un poco surrealista. Hoy no hay niebla.

Un abrazo

giovanni dijo...

'...las campanadas de la iglesia de San Pedro desvaneciéndose en la niebla, el fuego en la chimenea, las horas fluyendo como un río lento sin prisa para nada.'

Bello!

Zaragoza... me gusta como suena cuando pronuncio su nombre, en silencio, o en voz suave (alta).

Zaragoza, ciudad en que una vez investigué el origen de mi familia por parte de mi abuela italiana. El mito era que descendíamos del hijo bastardo del rey de Aragón...

estrella/elisa dijo...

Nos suele pasar a los que vivimos en lugares chiquitos o medianos, la ciudad grande nos fulmina. No estamos ya para ese trote. Cuando pienso en mis amigos, viviendo en ciudades como Madrid, me admira su 'fortaleza'. ¡Resultaría tan duro para mí vivir en esa ciudad o en cualquier otra de las 'grandes'!

Buen día (y buena Constitución)!!

Menuda dijo...

No es mala la Navidad, por lo q tiene de recogerse con el núcleo duro de los sentimientos familiares...el problema es el abuso q de ello se hace: comercios, compras, obligación d sentirse con "espíritu navideño".
Cada vez m gusta menos salir y a lo largo del año busco aquello que quiero entregar a los míos para ahorrarme los centros comerciales y los jingle bells.
Disfruta de los momentos con los tuyos a puerta cerrada. Eso es lo q verdaderamente importa!!!

Saludos!

R

NáN dijo...

Para mí es un período terrorífico, por lo que tiene a veces de reunión de "falsos familiares".

En el mejor de los casos es un período "histérico". Gran Vía es la frontera sur de mi barrio y a veces paso por ella dando un rulo (estoy en 6 o 7 minutos, y hasta la cruzo para acercarme a Sol. Pero nunca en Navidad.

Solo recuerdo con placer las navidades que pasamos, hace años, en el pueblo de montaña de León, yendo al colmado a comprar polvorones. Con las campanadas quedando suspendidas en la niebla. Y, si había nevado, con lobos zcercándose en mitad de la noche en busca de comida.

Elvira dijo...

A mí lo que más me gusta de la Navidad es que viene la niña...

Aroa dijo...

pero... ¿ya has comprado los langostinos? no me estreses... aaaaaaaaaaaaaaaaaah

Jesús Miramón dijo...

José Luis, late una verdad que todavía no sé articular en el hecho de que mientras iluminan profusamente las luces navideñas alguien se quede sin luz. Algo surrealista, sí, pero poco sorprendente. Es el triunfo de la acción. Frente a la Navidad de la reflexión la compulsiva Navidad de la acción... Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Giovanni, cuando pronuncias Zaragoza ¿pronuncias Zaragoza o pronuncias Saragosa? Te lo pregunto por la confianza que te tengo. Es que tengo visto que una de las letras más difíciles de pronunciar para los no españoles es la zeta...

Jesús Miramón dijo...

Fíjate, estrella/elisa, que yo pensaba que vivías en Barcelona... De todos modos debo decir que cuando llevo unos días en la gran ciudad comienzo a adaptarme. El rechazo empieza a debilitarse. Es lo que tiene ser un hombre de Cromañón: nos acostumbramos a todo.

Jesús Miramón dijo...

Menuda R., qué bien lo dices: núcleo duro de los sentimientos familiares. La Navidad también es eso. Cabo de Hornos. Ternasco al horno. Emoción de la vida renovada, los que todavía estamos a bordo, navegando. Memoria de los que ya no están. Langostinos a la plancha.

Jesús Miramón dijo...

Nán, yo cuando llega la Navidad lo que hago es desnudarla. Entonces comienza a gustarme.

Jesús Miramón dijo...

Claro, Elvira, y a mí también... Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Ya los he comprado, Aroa. Sí, comprendo el efecto que esto obra en ti, puedo ponerme en tu lugar en una milésima de segundo, pero los he comprado, Aroa, perdóname: ya he comprado los langostinos/gambas langostineras/gambones/nexus3delmundogambón. No hay vuelta atrás.

NáN dijo...

Todavía pierdo la serenidad cuando recuerdo que, durante la primera mitad de los 30 años, me tomaba de vacaciones el 5 de enero y salía a la calle a comprar un regalo para cada familiar, llevando dinero en el bolsillo y la cabeza vacía de ideas.

molinos dijo...

A mi no me gusta nada Madrid...y jamás voy a un centro comercial, prefiero mil veces ir por la calle.

Yo sería feliz si me dejaran pirarme a los Pirineos todas las navidades....

Jesús Miramón dijo...

¡Yo también pierdo la serenidad en esas circunstancias! Uf. La Navidad en general me pone nervioso. Bien lo sabe mi pobre familia, que me tiene que sufrir.

Jesús Miramón dijo...

Anda, y yo también. Pero, ay, no siempre podemos hacer lo que nos apetece.