miércoles, 14 de diciembre de 2011

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Al salir del trabajo nos hemos ido a comer todos juntos para celebrar la inminente Navidad. Por distintas circunstancias este año no había tanta alegría como en ocasiones anteriores, lo que explica que entre cinco personas no hayamos sido capaces de bebernos una única botella de vino. De regreso a casa he vuelto a pensar que la Navidad, para los adultos, siempre está teñida de cierta tristeza, cierta desolación y fragilidad.

8 comentarios:

Diva Gando dijo...

Pues sí. Tienes razón. Más cuando te empiezan a faltar los seres queridos.

Hoy oía en la radio: ¿Pasaste buena nochebuena o estuviste con la familia? Me ha hecho reír.

Además esta todo el consumismo excesivo. Todo es excesivo. Antes Navidad comenzaba el 22 de enero con los niños de San Idelfonso. Ahora comienza el 2 de noviembre, después de Todos los Santos o Halogüin...

Jesús Miramón dijo...

Yo con la Navidad siempre he sido, desde que soy adulto, se entiende, muy ciclotímico: un año arriba y otro año abajo. Me parece, por los síntomas, que este año toca abajo, pero procuraré llevarlo con la mejor cara posible y sin entristecer a nadie. Porque la Navidad, a partir de cierta edad, es un acto de generosidad. Por los niños, por los abuelos, por los miembros de la familia a quienes les entusiasma... Pienso que merece la pena.

Portorosa dijo...

Pues a mí, por ahora, siempre me ha parecido un buen momento, unas fechas entrañables incluso aunque luego los hechos tampoco sean para tanto.
Y claro, desde que tengo niños pequeños, es muchísimo mejor.

Ojalá te equivoques y estés animado. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Para mí la Navidad sólo tiene sentido desde la perspectiva infantil, cuando ideas como la muerte, el peligro o la ruina todavía no han aparecido sólidamente.

Por otra parte, y lamento caer en el tópico pero así lo siento, aborrezco las Navidades "comerciales". Comprendo que miles de personas dependen de la Navidad para dar de comer a sus familias, pero es ver en un escaparate un Santa Claus mecánico moviendo la cabeza y los brazos y tener ganas de vomitar. Bueno, es una exageración pero ya me entiendes.

Un abrazo.

NáN dijo...

Para mí, solo tiene sentido por los niños. Cuando los de casa han crecido se convierte en una m´´aquina de consumismo que saca de mí lo peor de mi mala leche.

Siempre estoy cabreado.

Este año, como el pasado, significa también un poco el regreso por una semana de mi hijo. Eso me anima. Mis dientes de perro lobo pierden filo.

Jesús Miramón dijo...

Totalmente de acuerdo. Lucho por no dejarme llevar por pensamientos negativos.

Miguel Baquero dijo...

Igual ha sido la tristeza o igual ha sido el miedo a los controles de alcoholomia, o el tabaquismo que lleva a muchos, entre trago y trago, a salir a fumar a la calle...

La vida es que ha cambiado mucho en apenas uno o dos años, compañero

Jesús Miramón dijo...

No, no fueron esas cosas, ojalá, se trataba más bien de inquietud sobre la salud de personas que estimamos (y que seguro se resuelven bien). Gracias, compañero.