jueves, 15 de diciembre de 2011

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Una mujer sale de la consulta médica, se sube el cuello del abrigo y durante un momento mira a derecha e izquierda como si no supiera qué dirección tomar. Una niña y su madre hacen para las tareas del colegio un pequeño camello reciclando un trozo de huevera de cartón, cuatro tacos blancos para tornillos, un palillo y un corcho de botella. En un local con el suelo de madera y un gran espejo en una de las paredes una coral ensaya sus partituras una y otra vez. Once jóvenes de Gambia, Mali y Senegal se reúnen alrededor de una cazuela de arroz cocido con tres pastillas de caldo concentrado. El soldado que sube al inmenso avión de transporte que le llevará a casa después del fin de la guerra se jura a sí mismo no olvidar nunca. La empleada de la gasolinera teclea en su móvil detrás del mostrador, ajena al hecho de que la iluminada estación de servicio en medio del campo nocturno parece un cuadro de Edward Hopper.

10 comentarios:

Carmen dijo...

Me encanta. Siento ser tan sosa, pero es que no puedo decir nada más. Me encanta.

Ángela dijo...

Una mujer española en Rapid City, un remoto lugar de América, lee lo que un hombre escribe en su ordenador. El hombre se encuentra en una buhardilla de Binéfar, un pequeño lugar de España.

Paco Principiante dijo...

Y todo esto, a la vez!!
El mundo está loco.

Qué bueno y afilado, Ángela.


Un abrazo, a la vez también.

Jesús Miramón dijo...

Carmen, yo también soy soso, mira: Muchísimas gracias.

Jesús Miramón dijo...

Ángela, me gusta mucho tu comentario. Mucho pero que mucho mucho. Muchísimo.

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo a la vez, Paco.

Teresa, la de la ventana dijo...

Jo, qué suerte tenemos de tenerte, Jesús...

(Pa sosa, yo)

Jesús Miramón dijo...

Caray, Teresa, ¿y ahora qué digo yo? Ah, sí, ya lo sé: muchísimas gracias. (Pa soso yo)

Elvira dijo...

Me sumo al coro: ¡me encanta! :-)

Jesús Miramón dijo...

Y yo, que soy el coro verdadero, repito mi canción: gracias, gracias.

Un beso, Elvira.