viernes, 23 de diciembre de 2011

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En el sueño estoy muy nervioso por culpa de ineludibles compromisos públicos que sé que no podré cumplir satisfactoriamente. En un momento dado aparece un caballo blanco ensillado que, cada vez que me aproximo para montar, se aleja trotando sin mirar atrás, aunque yo no desisto y lo persigo todo el tiempo, observado por altos edificios abandonados que me dan mucho miedo. Ahora el caballo y la ciudad desierta han desaparecido y estoy de pie junto a la orilla rocosa del mar del Norte, sé que es el mar del Norte porque el cielo es gris y las rocas sumergidas están cubiertas de algas oscuras que el reflujo de la marea agita sinuosamente como si fuesen largas cabelleras de mujeres ahogadas. Suena el despertador y despierto con alivio a la realidad de mi casa. La niebla ha regresado y cubre el pueblo entero.

4 comentarios:

Elvira dijo...

¡Te deseo muy felices fiestas junto a tu familia y amigos, Jesús! Y un deseo para mi y para tus lectores: que nos sigas regalando tus estupendas entradas este año que empieza pronto.

Muchos besos

Jesús Miramón dijo...

Lo mismo te digo, Elvira, feliz navidad junto a tu hija y demás personas queridas. Respecto a tu deseo, que agradezco tanto, creo que sí, que seguiré escribiendo. Un besazo.

Portorosa dijo...

Igualmente, Jesús (y Elvira): feliz Nochebuena, feliz Navidad.

Un abrazo con todo mi cariño.

(Y que sueñes con los angelitos)

Jesús Miramón dijo...

Un fuerte abrazo, querido Porto.