miércoles, 28 de diciembre de 2011

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Si la helada nocturna convirtió las malas hierbas y los arbustos rastreros en bellísimas piezas de orfebrería, más delicadas y perfectas de lo que cualquier artesano pueda jamás ejecutar, ¿cómo aceptar que la naturaleza sea capaz de traicionarnos?

4 comentarios:

fifilaplume dijo...

Me parece que no entiendo lo que quieres decir, Jesús, con eso de que la naturaleza sea capaz de traicionarnos. ¿A qué te refieres?
Firmado: una impertinente.

Jesús Miramón dijo...

La naturaleza parece traicionarnos cuando permite que cualquiera de nuestras células comience a reproducirse sin control ocupando el espacio de las que hay alrededor causándonos una muerte temprana.

La naturaleza parece traicionarnos cuando un tsunami arrasa sin compasión ciudades y territorios enteros, llevándose por delante miles y miles de criaturas vivas y llenas de ilusiones hasta ese preciso instante.

Creo que me refería a esas cosas, Ángela, pero tampoco estoy seguro. A veces no sé exactamente qué estoy escribiendo, simplemente lo hago y nada más. Sólo estoy seguro de la belleza del campo helado de la ya de repente última, lejanísima mañana.

fa mayor dijo...

Acaso nosotros seamos a menudo poco respetuosos con la naturaleza, tratando de dominarla. Tal vez por que la desconocemos, básicamente.
Mis mejores deseos para ti, Jesús, y los tuyos, y para todos los que conocen el gusto de pasarse por aquí.
Un cordial saludo,
Manoli.

Jesús Miramón dijo...

A mí de la naturaleza siempre me asombra su inhumanidad, su ajenidad , algo que ni nuestra admiración estética ni la exploración científica son capaces de cambiar. Siempre seremos animales.