domingo, 31 de julio de 2011

212

Leí que el mapa del universo, con sus filamentos y nudos compuestos de millones de galaxias, se parecía mucho al de las conexiones neuronales de nuestro cerebro. No me sorprendió lo más mínimo.

sábado, 30 de julio de 2011

211

Después del ensayo vamos al Chanti a tomar una copa. El día ha sido muy caluroso pero la noche es fresca y agradable. Nos sentamos en la terraza y pedimos las bebidas. Hablamos de esquimales, de películas, de la familia real española (menos mal que no había un policía cerca), de viajar solos o en compañía, hablamos de Berlín, de París, de Londres, de Venecia. Me siento tan feliz de volver a estar aquí con mis amigos. Cuando queremos darnos cuenta somos los últimos del bar y los camareros han empezado a recoger. Algunas de mis compañeras tienen frío.

viernes, 29 de julio de 2011

210

La noche avanza hora a hora. La luna. El sol al otro lado. En el anillo que rodea a Saturno flotan rocas tan grandes como autobuses. Mis pulmones se llenan, se vacían y vuelven a llenarse de aire. Qué imaginación.

jueves, 28 de julio de 2011

209

Vemos en Aragón Televisión el programa «Aragoneses por el mundo» porque aparece un chico de Binéfar que vive en Atenas y trabaja de profesor en el Instituto Cervantes de la capital griega. Precisamente Paula se va a Atenas el próximo doce de agosto, a casa de un amigo que hizo durante su beca en Canadá hace dos años. Suyo es el mundo y vive Dios que nada le da miedo, que es cosa nuestra.

miércoles, 27 de julio de 2011

208

1.

Sueño que vengo a Zaragoza y no reconozco la ciudad. Conduzco a través de barrios insólitos extraviándome cada vez más entre calles estrechas y adoquinadas, como un ratón en el laberinto que lo guía hacia la trampa. Una voz dice dentro de mi cabeza: «Busca el río, eso te ayudará», pero no lo encuentro, ni siquiera lo presiento en el aire. Estoy perdido.

2.

Después de la consulta médica en la que me comunican que ya estoy curado y puedo hacer vida normal, Maite y yo volvemos a casa caminando por la Avenida Universitas. El día es precioso y la temperatura todavía mejor, veintiocho grados a las dos de la tarde. Cuando enfilamos la cuesta de nuestra calle tres cotorras de plumaje verde nos sobrevuelan chillando.

martes, 26 de julio de 2011

207

Después de la siesta Paula y yo decidimos dar un paseo por la sierra de San Quílez. Hacía mucho tiempo que ella no venía por aquí y se horroriza al descubrir las grandes canteras que se han excavado para satisfacer las necesidades de las obras de la nueva autovía. El cielo nublado y un sol mortecino iluminan el paisaje con una luz de apariencia artificial pero no hermosa, semejante al fluorescente de una cocina, según mi hija. Caminamos hasta la ermita de San Elías, que ofrece unas extensas vistas de la planicie de Valcarca, el canal y los campos de regadío. Tras descansar unos minutos regresamos por donde hemos venido hablando de esto y de lo otro, callando también a veces. Durante el paseo de vuelta sorprendemos a algunos conejos pequeños, casi gazapos, que en vez de desaparecer huyen unos pocos metros y se quedan quietos con las orejas atentas, los ojos muy negros, la colita blanca. Cuando no conversamos sólo se escucha el viento.

lunes, 25 de julio de 2011

domingo, 24 de julio de 2011

205

Ya han pasado quince días desde que salí del hospital, lo cual significa que a partir de hoy puedo hacer vida normal y abandonar el reposo absoluto, algo a lo que me he acostumbrado con una temible y sospechosa facilidad. Claro que como el miércoles tengo visita médica en Zaragoza tal vez lo prolongue, al menos en algunos de sus términos, hasta entonces. Hum.

sábado, 23 de julio de 2011

204

Ningún país ni época está a salvo de la demencia. En realidad todos, cada día, sobrevivimos a ella.

viernes, 22 de julio de 2011

203

Bajo a tirar las bolsas de basura. En la calle corre una brisa muy agradable y decido dar un paseo. Un hombre está sentado en un banco contemplando pasar los coches, su caniche a los pies con los ojos cerrados. Una vez más me pregunto cómo es posible que haya terminado viviendo aquí, en este preciso lugar y no en otro, en este sitio al que ningún vínculo familiar me une aunque sí, después de estos años, los de la amistad. Es la hora en la que los vencejos salen de caza sobre los tejados, bajo las estelas blancas de los aviones de pasajeros.

jueves, 21 de julio de 2011

202

Por la mañana vamos a Lérida a renovar los documentos de identidad de mis hijos. Al entregar los caducados contemplo sus retratos infantiles y algo se remueve dentro de mí. «¿Qué haré yo sin el don de su infancia?», se preguntaba un poeta, y recuerdo haber leído aquellos versos entonces, hace ya cinco o seis años, como quien lee el futuro. No pasa nada, me digo. O tal vez sí, ¿cómo es posible que me deje ganar por esta tristeza injusta, esta nostalgia inmadura, tan impropia? Salimos a la calle. El río Segre fluye civilizadamente entre praderas de césped bajo un cielo muy azul. Ellos, casi tan altos como yo, caminan delante de mí riendo y empujándose, ajenos a mis sentimientos. Oh, sí, no hay nada nuevo bajo el sol.

miércoles, 20 de julio de 2011

201

Cuando uno gira alrededor del mundo está condenado a quedarse varado, una y otra vez, en el mar de los Sargazos.

martes, 19 de julio de 2011

200

Gramíneas silvestres en la Sierra de San Quílez, 19 de julio de 2011.

lunes, 18 de julio de 2011

199

Nunca como en verano esta casa se parece a un barco.

domingo, 17 de julio de 2011

198

Quedamos en casa con unos amigos a los que hacía mucho tiempo que no veíamos. Nos traen tomates, cebollas y una gran sandía de su huerto. No hay regalos que yo agradezca más en el mundo, ni oro ni incienso ni mirra: unos tomates madurados al sol, unas cebollas recién recogidas de la tierra, una sandía de contenido rojo, fresco, generoso. No existe nada más amistoso, nada más significativo.

sábado, 16 de julio de 2011

197

Leo libros de aventuras ambientadas en una Edad Media inventada. Miro un canal de televisión dedicado exclusivamente a la cocina. Bebo agua, gazpacho y cerveza sin alcohol. Duermo más horas de las que he dormido nunca. Por la mañana me ducho con agua fría. Al anochecer contemplo a los pequeños murciélagos revoloteando alrededor de la luz de las farolas de la calle.

viernes, 15 de julio de 2011

196

Sueño que corro por una estrecha carretera entre olmos. Flap, flap, flap, flap. Mis zapatillas deportivas pisan el asfalto y me impulsan hacia adelante. Avanzo sin esfuerzo atravesando las sombras de las copas de los árboles.

jueves, 14 de julio de 2011

195

En la vida diaria cuesta imaginar hasta dónde y a quiénes alcanzamos con nuestra mera existencia: es en los pequeños o grandes percances cuando esa realidad aflora, a menudo para sorprendernos, como me ha sucedido a mí durante estos días pasados en el hospital. Tanto a través de llamadas telefónicas como de mensajes en el móvil, comentarios en mi diario y también correos privados, han sido muchos los amigos que se han interesado por mi estado de salud, algo que me ha conmovido. A medida que voy cumpliendo años ser apreciado, querido, respetado, es importante para mí.

miércoles, 13 de julio de 2011

194

Me asomé al balcón, cerca de los nidos colgantes bajo el alero, y al poco dos valientes aviones comunes se turnaban para atacarme como diminutos cazas de combate, volando raudos hacia mí para girar y alejarse en el último instante. Les dije: «Está bien, de acuerdo, vosotros ganáis, me bato en retirada», y regresé al interior de la casa.

martes, 12 de julio de 2011

193

No debo hacer ningún esfuerzo, ni siquiera -dijeron- cuando vaya al baño; si tengo ganas de estornudar, un acto reflejo que no puede evitarse, debo hacerlo con la boca totalmente abierta para que la presión escape por ella y no repercuta en la cicatrización de la arteria esfenopalatina, la candidata número uno de mis males; no puedo, ay, beber alcohol ni ingerir alimentos calientes; no debo tomar el sol ni darme sofocos; no puedo nadar en la piscina ni montar en bicicleta ni ensayar con el coro. A todo esto se le llama hacer reposo absoluto.

lunes, 11 de julio de 2011

192

De regreso a Binéfar atravesamos dorados campos de cereal ya segado. No hace tanto tiempo eran de color verde esmeralda, y antes los cubrió la gasa blanca de la escarcha. Cuánto echaba de menos conducir.

domingo, 10 de julio de 2011

191

1

Despierto a las cinco y diez de la mañana tras haber dormido varias horas de un tirón y me asomo a la ventana. No hay nadie en la avenida desierta, ningún coche ante los semáforos que automáticamente cambian del rojo al verde y del verde al ámbar. Pronto saldrá el sol tras el gran edificio donde me alojo y sus rayos refulgirán en los bloques de edificios que contemplo frente a mí.

2.

Nada más sustituir el pijama del hospital por unas bermudas y una camiseta comienzo a sentirme mejor. Doy las gracias sinceras al personal de turno y salgo a la calle de la mano de M. Por fortuna no hace tanto calor como temía. Al subir al taxi me doy cuenta de que las sandalias todavía están salpicadas de sangre, algo de lo que se ocupará la lavadora. Nos hemos convertido en expertos en eliminación de manchas de sangre: el truco reside en añadir agua oxigenada.

viernes, 8 de julio de 2011

189

A mi compañero le han dado de alta hoy, algo que me ha hecho muy feliz por él y por mí. Lo primero que he hecho cuando se han marchado ha sido ir al diminuto cuarto de baño a hacer tranquilamente mis necesidades. Ojalá no vuelvan a traer a nadie más hasta que me vaya, mi estancia en el hospital es mucho más cómoda y terapéutica si estoy solo. Ayer apenas pude descansar debido al número de visitas que tuvo mi vecino de cama, ¡por la tarde llegaron a reunirse siete personas en el pequeño cuarto, y afuera esperaban más para turnarse! Finalmente tuve que irme a leer a una sala de visitas mientras sus visitas ocupaban la habitación. Estuve a punto de protestar y exigir que se cumpliesen las normas de un visitante por enfermo, pero como sabía que la causa de aquel despropósito se iba a marchar al día siguiente me aguanté y me callé. Quién me ha visto y quién me ve.

jueves, 7 de julio de 2011

188

Hasta ayer había sido afortunado: disfrutaba de toda la habitación para mí solo, pero por la tarde vino un hombre acompañado de su mujer, ambos un poco más jóvenes que yo, buena gente. Hace un momento se lo han llevado al quirófano para operarle. Se llama Raúl y es de un pueblo a unos ochenta kilómetros de Zaragoza. No estaba asustado y yo, por supuesto, no he entrado en los detalles de todos mis problemas (que perfectamente podrían ocurrirle también a él). Durante la noche hemos hablado un buen rato y después se ha dormido antes que yo. Roncaba y me ha costado mucho coger el sueño. He recordado la época de mi servicio militar, aquella sensación de dormir rodeado de desconocidos. De nuevo, como cada día desde que estoy aquí, he visto amanecer.

miércoles, 6 de julio de 2011

187

Tendido en mi cama asisto a todo el proceso del amanecer, desde la tenue aparición de una luz insuficiente para revelar los colores de las cosas hasta la espectacular entrada en escena de la aurora reflejándose frontalmente en las ventanas de los altos edificios que se levantan frente a mi habitación. Pronto todo se llenará de vida, fuera y dentro del hospital. Mi paciencia palpita como los corazones de los peces del desierto, aquellos que permanecen en estado de hibernación durante años, ocultos bajo tierra, esperando la lluvia.

martes, 5 de julio de 2011

186

Es el segundo día y ya me he acostumbrado a la rutina del hospital. Por la mañana esto es un tráfago de personas: la enfermera que cambia los goteros, la que te toma la temperatura y la tensión, las auxiliares que hacen la cama, la limpiadora que deja todo como los chorros del oro siguiendo una coreografía practicada miles de veces. Luego hay un rato de tranquilidad y luz natural hasta que el médico pasa a informar de cómo van las cosas. Por la tarde es el momento de la siesta y las visitas, aunque estar en un hospital significa, al menos en mi caso, vivir permanentemente de siesta en siesta, de cabezada en cabezada incluso por la noche. He llegado a pensar que ponen algo en los goteros para tenernos en este verdadero estado de reposo que consiste en estar medio dormido y medio despierto. Así las horas transcurren lentamente, quietas y silenciosas.

Sentado en el borde de la cama frente a la ventana tomo el desayuno: un vaso de leche con un sobre de café descafeinado y unas galletas María. La bolsa de calmante entra a toda velocidad en mi caudal sanguíneo produciendo una extraña sensación de frío interior al principio de la vena. Me digo a mí mismo, una vez más, que debo tener paciencia. La tendré.

lunes, 4 de julio de 2011

185

De nuevo en un hospital, esta vez en Zaragoza y me temo que por más tiempo. Ingresé de madrugada a través del servicio de urgencias con una hemorragia muy fuerte y ahora están valorando si vuelven a operarme para cerrar quirúrgicamente la arteria que sangra tan repetidamente o, una vez más, la solucionan con tapones y reposo. Yo casi estoy comenzando a preferir que me operen. En un caso o en el otro estaré ingresado de cuatro a cinco días. El personal sanitario, como siempre, profesional y cariñoso, sólo puedo hablar bien de ellos. Al otro lado de la ventana el cielo está nublado sobre Zaragoza.

domingo, 3 de julio de 2011

184

Reunión familiar en el huerto de mis padres. Después de comer la amenaza de las nubes negras se concreta en una tormenta típica de verano, violenta y juvenil. Al amparo del porche que construimos hace muchos años con nuestras propias manos contemplamos, con la atención de los espectadores de una obra de teatro o una película, la lluvia cayendo sobre las acelgas, los calabacines, los pimientos, los tomates, los ajos, las cebollas, los manzanos, los cerezos, los chopos, los pinos.

sábado, 2 de julio de 2011

183

Después del duro ensayo en la coral vamos a tomar unas copas a la terraza del Chanti. La ligera brisa nocturna hace que algunas mujeres tengan un poco de frío y todos los hombres estemos en la gloria.

viernes, 1 de julio de 2011

182

Hace ya mucho rato que estamos los dos en el salón, cada uno a sus cosas, en silencio. Se me ocurre que tanto con la pareja como con los amigos íntimos esa es una prueba de armonía y confianza: poder estar juntos pero separados, sin necesidad de decir nada, cada uno absorto en sus asuntos y al mismo tiempo cómodo, feliz de la cercanía del otro.