miércoles, 31 de agosto de 2011

243

La idea de una cabaña de troncos desnudos, el suelo de tierra batida, una tosca chimenea, dos estanterías, una cama, una mesa, una silla. La idea del bosque de abedules, el río y la montaña. La idea de la soledad.

martes, 30 de agosto de 2011

242

El incansable grillo de anoche debió de ligar al fin.
Me alegro mucho por él, por ella y por mí.

lunes, 29 de agosto de 2011

241

Son las cuatro y media de la madrugada y llevo despierto desde las dos. Un grillo canta incansable en el silencio del pueblo dormido, roto muy de vez en cuando por el paso de un vehículo lejano. No quiero pensar que a las siete comenzará mi jornada laboral, eso no es práctico, mejor no luchar y relajarme, disimular que duermo, imaginar que duermo en la oscuridad como esos actores que al hacer de muertos en las películas no pueden evitar respirar.

domingo, 28 de agosto de 2011

240

1.

Sueño con encierros de toros en una casa de pasillos largos, los espectadores asomados a las habitaciones. Los animales, inmensos entre las paredes estrechas, vienen y van galopando con un estrépito ensordecedor. Cuando llegan a mi altura cierro la puerta apoyando mi cuerpo contra ella, aterrorizado ante la posibilidad de que alguno de ellos entre en mi habitación, de la que no puedo escapar.

2.

De pronto estoy en una casa de campo muy grande, una hacienda rodeada de bosques y prados, en uno de los cuales se celebra una ceremonia de boda. Pero un momento... ¡Esa boda es la mía! ¡Me estoy casando con una mujer desconocida aparentemente mucho más mayor que yo! Cuando me apresuro a explicarle en voz alta que todo esto es un error, que ya estoy casado e incluso tengo dos hijos, descubro que ningún sonido sale de mis cuerdas vocales. La mujer vuelve su rostro hacia mí y me doy cuenta de que no me resulta tan extraña como pensé en un primer instante, de algún modo sus rasgos reúnen los de varias mujeres que conozco, un poco de cada una de ellas. Me sonríe. Me doy ligeramente la vuelta y veo a un montón de gente observándonos desde las filas de sillas de tijera. Me saludan con familiaridad moviendo las manos, me alientan a seguir adelante. Más allá, bajo unos toldos de lona, hay varias mesas largas donde se desarrollará el banquete. Vuelvo a mirar a la mujer, que continúa sonriéndome, y dudo.

sábado, 27 de agosto de 2011

239

Alguien dijo que la siesta perfecta no debería durar más de veintiséis minutos y, para mi sorpresa, alguien se lo tomó lo suficientemente en serio como para publicarlo.

viernes, 26 de agosto de 2011

238

Al fin han descendido un poco las temperaturas y hemos podido recuperar nuestros largos paseos junto al canal de Zaidín. En algunos zarzales las moras más tempranas ya se han secado hasta consumirse en sí mismas. Una numerosa y bulliciosa bandada de estorninos ha cruzado el cielo rumbo a sus dormideros. En un momento dado nos hemos cruzado con una pareja como nosotros, incluso vestían de modo parecido y durante un instante, mientras caminábamos a su encuentro, hemos tenido la sensación de estar contemplando una imagen especular. «Hola, buenas tardes». «Buenas tardes, hasta luego». Tal vez ellos han pensado lo mismo.

jueves, 25 de agosto de 2011

237

Paula y yo partimos hacia Barcelona poco antes de las seis de la mañana, todavía de noche. Cuando la dejo en el lugar donde va a examinarse de inglés son las ocho y diez y la ciudad todavía no ha acabado de despertarse del todo. Me acerco al Port Vell y es tan temprano que los inmensos aparcamientos están vacíos. Al salir del coche mis gafas se empañan en el acto como si hubiera entrado en una sauna. En el exterior todo está cerrado y las únicas personas con las que me cruzo son los trabajadores de limpieza y mantenimiento. Paseo sobre el muelle desierto. El cielo, ligeramente turbio por la calima, parece pesar sobre los barcos, las instalaciones y el agua. Resulta extraño estar tan solo en este lugar creado para la multitud.

miércoles, 24 de agosto de 2011

236

Me doy cuenta de que siempre estoy dando vueltas alrededor de las mismas cosas: las migas de pan, los laberintos, el minotauro; el mar de los sargazos, las cortinas convertidas en las velas de un barco; los charcos de los caminos del campo después de la lluvia, los océanos lejanos, los cercanos campos de cebada en primavera; los vencejos, los aviones comunes, los gorriones, las salamanquesas, los murciélagos; los árboles del jardín del edificio donde trabajo, el río Vero al otro lado de la calle, los viñedos que atravieso con el coche cuando voy y vengo de Barbastro; la lluvia, el viento, el fuego en la chimenea; el terror al verano en este territorio, el amor al frío de este territorio; el huerto de mis padres; el cielo, la atmósfera, el espacio, el universo; mi habitación, mi silla, mi mesa, esta pantalla en blanco en la que escribo; los estratos geológicos, las páginas sucesivas, los numerales, el paso de los años; mi coche convertido en una máquina del tiempo: el futuro en el parabrisas, el pasado en el espejo retrovisor. Soy consciente de que el mundo es muy grande y mi vida pequeña. Cada vez estoy más seguro de que el sentido de nuestra existencia reside en la exploración.

martes, 23 de agosto de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

234

Lejos, muy lejos de la capital tomada por los rebeldes, el tirano sale de su jaima y contempla las estrellas en el cielo. Hace unos minutos ha sido informado de que sus hijos fueron apresados y se sorprende de no sentir nada más que cierta perplejidad mezclada con un poso de amargura y vergüenza. ¡Pocos meses atrás las naciones más poderosas del mundo le cubrían de honores y ahora lo persiguen como a un perro! Pero sabe que ya no lo pagarán, sabe que ya no podrá vengarse con sangre y fuego, ha llegado la hora de la derrota y todo esto: la lealtad de su tribu, la noche del desierto, el peso de su verdadera edad empujando sus huesos hacia el núcleo de la tierra, es lo único que le queda. Todo esto y el infierno cuando muera. Nadie mejor que él sabe cuánto lo merece.

domingo, 21 de agosto de 2011

233

Vivo encerrado en mi casa, protegido del calor inhumano del exterior por el aparato de aire acondicionado. Sólo me consuela saber que también este tiempo lento, plano, aturdido, estéril, pasará. Qué ganas tengo de que llegue el otoño.

sábado, 20 de agosto de 2011

232

Escucho el Benedictus de la Missa Solemnis y el tiempo se detiene. El murmullo del aparato de aire acondicionado que me protege de la temperatura marciana es anulado por los auriculares. La emoción infiltra cada una de mis neuronas. Lejos queda el pasado y el futuro.





Mass in D, Op. 123 "Missa Solemnis": Sanctus: Benedictus - Ludwig van Beethoven - Berliner Philharmoniker, Christa Ludwig, Fritz Wunderlich, Gundula Janowitz, Herbert von Karajan, Josef Nebois, Michel Schwalbé, Reinhold Schmid, Walter Berry & Wiener Singverein, 1996.

viernes, 19 de agosto de 2011

231

Mientras la persona a la que acabo de atender se levanta y dos hombres se acercan a mi mesa bebo un poco de agua. Son las doce y media y fuera hace mucho calor. Los dos hombres se sientan y uno de ellos, mirando el botellín, dice: «Nosotros no podemos». Por un momento me quedo sin saber qué decir, sorprendido por su comentario, hasta que caigo en la cuenta: «¿Todavía está en vigor el Ramadán?». «Oh, sí, termina el treinta de agosto, falta mucho todavía». «¿Y no podéis beber agua incluso con las temperaturas tan altas de estos días?». «No, sólo los niños, los viejos y los enfermos». Pensando en la pulga de salchichón que me he comido hace un rato les digo: «Tenéis un dios muy exigente». Los dos hombres me observan durante unos segundos, tal vez tratando de dilucidar si estoy cometiendo algún tipo de herejía, hasta que el más hablador dice afirmando con la cabeza: «Eso es verdad».

jueves, 18 de agosto de 2011

230

Si en el laberinto sólo encuentras huesos el minotauro eres tú.

miércoles, 17 de agosto de 2011

229

Hace mucho tiempo, en un mercadillo junto a un lago, compré a un vendedor negro un elefante de madera con la trompa hacia abajo. Años más tarde alguien que lo vio en la repisa de la chimenea comentó que los elefantes con la trompa hacia abajo daban mala suerte, que los que había que comprar eran los que presentaban la trompa hacia arriba. Pensando en todas las cosas felices que nos habían sucedido desde aquella noche de ferias le pregunté por qué y la invitada se encogió de hombros. «Supongo que todas las reglas tienen sus excepciones», dijo.

martes, 16 de agosto de 2011

228

Sabes que todas estas anotaciones son migas de pan, ¿verdad?

lunes, 15 de agosto de 2011

227

Me odias porque hice aquello que debía hacer. ¿Culpas al viento por agitar las hojas de los árboles? ¿Odias al río por precipitarse hacia el mar? ¿No? ¿Entonces por qué me reprochas que anoche me alimentase de ti? ¿No sabes que las hembras de mosquito existimos para perpetuar nuestra especie?

domingo, 14 de agosto de 2011

226

Cada día la luz comienza a menguar un poco más pronto, algo que a partir de ahora, a mediados de agosto, se acelerará inevitablemente hacia las largas noches del otoño y el invierno. Sí, ya lo sé, son cosas que suceden cada año, no son ninguna sorpresa, ¿por qué deberíamos asombrarnos de algo que siempre se repite? Pero yo tengo una pequeña y sencilla respuesta a esa pregunta: porque para cada uno de nosotros sólo se repetirá un número limitado de veces. A los mortales nada debería dejar de sorprendernos.

sábado, 13 de agosto de 2011

225

Estaba preparando la comida cuando escuché el arpegio del afilador. Me asomé al balcón y lo vi allí, en medio de la calle desierta bajo un sol de justicia, soplando su flauta de Pan.

viernes, 12 de agosto de 2011

224

Por la mañana temprano llevo a mi hija al aeropuerto de Barcelona, de donde partirá rumbo a Atenas. La autopista está casi desierta y, fresco después de haber dormido durante toda la noche, conduzco con placer. Ella contempla el paisaje casi desértico por la ventanilla del coche y dice: «Cada vez que estoy a punto de hacer un viaje siento una especie de pasividad muy rara, como si las cosas sucediesen porque no hay otro remedio». «A mí me pasa lo mismo», le digo, «es algo normal, cuando todo está listo y ya se ha puesto en marcha sólo debes dejarte llevar».

jueves, 11 de agosto de 2011

223

Las doce de la noche
se aproximan a la orilla.
Todas y cada una de las olas
dibujan su huella.

miércoles, 10 de agosto de 2011

222

He estado un buen rato dejándome mecer, arriba y abajo, a cierta distancia de otro mar de sombrillas de colores. Cuando el agua cubría mis oídos el sonido del futuro era sustituido por el de un pasado mucho más antiguo y silencioso que mi especie.

martes, 9 de agosto de 2011

221

Hoy he vuelto al trabajo para cubrir la ausencia de una compañera, algo que repetiré el jueves. No trabajaba desde el veintitrés de junio, cuando me sucedió la primera hemorragia, y me ha hecho muy feliz volver a atender a la gente, hacer algo útil para los demás, regresar al mundo exterior. Finalmente adelantaré el fin de mis vacaciones al día dieciséis, el martes de la semana que viene. Me ha emocionado mucho la alegría de tantas personas al volver a verme, no la esperaba tan sincera y espontánea, uno nunca espera que le quieran.

lunes, 8 de agosto de 2011

220

Moras en la sierra de San Quílez, 8 de agosto de 2011, Binéfar.

domingo, 7 de agosto de 2011

219

A la caída de la tarde vamos a dar un paseo junto al canal de Zaidín. Durante el trayecto nos tropezamos con los cuerpos devorados de dos conejos y una paloma torcaz. El agua de color azul piscina fluye lentamente en su curso de hormigón armado. Las moras ya han madurado. Siento con precisión cómo se escapa el verano. Qué no.

sábado, 6 de agosto de 2011

218

Mi cerebro es el desierto de Gobi. El viento sopla sobre los fósiles de dinosaurios.

viernes, 5 de agosto de 2011

217

Me ducho con agua fría para poder dormir. El truco consiste en no secarse demasiado con la toalla (el calor nocturno se encargará de eso más deprisa de lo necesario). Oh, mis pequeños dioses lares, ¿porqué no nací en Galicia, en Asturias, en el País Vasco, en Bretaña, en Normandía, en Irlanda, en Islandia? ¿Por qué quienes suspiran por este calor ignominioso no nacieron aquí?

jueves, 4 de agosto de 2011

216

Los frutales están tan cargados que parecerían árboles de navidad si no fuese porque la temperatura es de treinta y cinco grados y el sudor empapa mi nuca. Al lado de los campos de peras y nectarinas y junto a los maizales regados por altos aspersores automáticos todo está seco y polvoriento, sólo un paso separa el vergel del desierto, compuesto aquí de formaciones de piedra arenisca, caminos blancos y praderas libres donde crecen el tomillo, la grama y el romero. A lo lejos veo una chopera que brilla al sol. La conozco bien y sé que está mucho más lejos de lo que parece. Allí se estará fresco, hay una acequia que corre muy cerca. Un ave rapaz vuela silenciosamente sobre el lugar donde estoy. No hay una sola nube en el cielo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

215

Tengo calor y no puedo dormir. He intentado leer un poco pero tampoco podía. Me he levantado, me he servido un whisky con hielo y he venido aquí, delante de esta pantalla brillante en la casa silenciosa. No pelearé contra el insomnio: es una batalla perdida. Alguien del edificio entra o sale, acabo de escuchar el ruido de una puerta en la escalera. Hubo una época en la que yo vivía en Zaragoza y trabajaba en Lérida, a ciento cincuenta kilómetros de distancia. Cada día me levantaba a las cinco de la mañana para tomar un autobús que salía de la avenida de Valencia a las seis y llegaba a la capital catalana cerca de las ocho. Por aquel entonces vivíamos en el paseo Fernando el Católico, muy cerca de la plaza de San Francisco, y guardo como un tesoro la atmósfera irreal, casi ficticia, que me rodeaba mientras atravesaba la ciudad desierta. Los semáforos cambiaban intermitentemente de color a pesar de la ausencia de vehículos, interrumpida de vez en cuando por un taxi nocturno, y el ruido de mis pasos creaba un eco que parecía seguirme. Ya en el autobús algunas veces lograba dormir durante el trayecto y otras no, como hoy en esta nave menos inmóvil de lo que parece. A lo largo de las cinco estaciones vi amanecer en muchas, muchísimas ocasiones, sobre el desierto de los Monegros. A través del cristal donde apoyaba la cabeza contemplaba la escarcha que cubría el campo y jugaba a imaginar el placer de caminar escuchando su tenue crujido bajo mis pasos, el aliento convirtiéndose en humo al contacto con el aire helado. Me sorprende recordar estas cosas porque pensaba que las había olvidado. Voy a regresar a la cama. Cerraré los ojos e imaginaré que viajo en aquel autobús, tan ignorante de mi futuro como ahora mismo. Son las cuatro y diez de la madrugada. Debería dormir. Acaso ahora sea el momento propicio.

martes, 2 de agosto de 2011

214

Aunque estas vacaciones no hacemos ningún viaje el vino bien fresco de la nevera, la ensalada de escarola con ajo y anchoas y la lectura nocturna antes de dormir continúan siendo, junto a otros igualmente a mi alcance, placeres voluptuosos.

lunes, 1 de agosto de 2011

213

También nuestra vida o, mejor dicho, la suma de sus acontecimientos grandes y pequeños, la suma de nuestras decisiones grandes y pequeñas, la suma de los encuentros fortuitos y los empeños obsesivos, los viajes, las dudas, los retrocesos, los vertiginosos saltos al vacío, los mares de los sargazos, la suma de tanta exploración, tantos recuerdos, la esperanza, la imaginación de un futuro por escribir; también, sí, nuestra vida crece y serpentea y tantea con sus zarcillos, hilos de sangre sobre la arena, acequias cantarinas, cirros, huellas digitales, telas de araña, las ondas concéntricas que en el charco del camino del campo causará aquella gota de lluvia, aquella única e irrepetible gota de lluvia que caerá lentamente en medio de la tormenta.