viernes, 30 de septiembre de 2011

273

Hoy he sido el primero en llegar a la agencia. Me gusta abrir el candado y subir la persiana como si fuese una pequeña frutería o una librería, encender las luces, abrir algunas ventanas para que entre el aire fresco de la calle. Cada día es una promesa.

jueves, 29 de septiembre de 2011

272

Recientemente he podido confirmar que combatir las ambiciones más mundanas nos inmuniza contra ciertas manifestaciones violentas de los demás: aquellas que precisamente buscan herirnos aludiendo a tristes fracasos imaginarios. Ha sido una agradable sorpresa y también uno de los primeros frutos de una lucha tan larga como, a menudo, incomprendida.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

271

Cielo sobre Binéfar, 28 de septiembre de 2011. Doce horas de diferencia.

martes, 27 de septiembre de 2011

270

Come. Haz el amor. Lee. Saca a pasear a tu perro. Mira una película en la televisión. Prepara la cena. Duerme la siesta en el sofá del salón. Sal a dar un paseo. Habla por teléfono con tus amigos. Dúchate. Visita a tu familia. Conduce tu coche a través de grandes avenidas o en estrechas carreteras locales rodeadas de campos. Mastúrbate. Duerme plácidamente. Despierta. Contempla cómo sale el sol.

lunes, 26 de septiembre de 2011

269

Cada mañana hablo por teléfono con mucha gente. Asistentes sociales de las comarcas, particulares, empresas, centros de salud, oficinas de empleo, etcétera. Con algunas de esas personas me relaciono con mucha frecuencia, casi a diario, y al cabo de los meses y los años he establecido con ellas una relación muy familiar. Lo interesante, claro, es que no conozco su aspecto, soy capaz de identificar su voz al otro lado del auricular pero no sé cómo son realmente, así como ellas tampoco saben cómo soy yo a pesar de reconocerme inmediatamente al descolgar el teléfono. Se da la circunstancia de que casi todas esas personas son mujeres, como suele suceder en los puestos de trabajo que se obtienen por oposición, y sus voces me interesan, me sugieren asociaciones que probablemente no tienen nada que ver con la realidad y abarcan desde la seducción a la misantropía, desde el optimismo congénito hasta el miedo y la histeria global que la crisis económica está despertando en el mundo. Alguna vez he pensado que estaría bien tomarme unos días de vacaciones y conocerlas en persona, hacer un recorrido por las distintas comarcas del Pirineo y Prepirineo y saber cómo son. Invitarlas a un café. Hablar del tiempo. Esas cosas.

domingo, 25 de septiembre de 2011

268

Ayer comí con unos pocos amigos. Para mí esto es algo relativamente extraordinario por dos razones: porque no suelo comer fuera de mi casa y porque nunca he tenido muchas amistades. Sin embargo, para mi propia sorpresa, tengo algunas, no demasiadas, y se da la circunstancia de que son personas a las que conocí con casi cuarenta años. He aprendido que no existe una edad para conocer a otros seres humanos y, si los astros coinciden, enamorarse un poco de algunos de ellos, pues siempre he pensado que la amistad es una manifestación de amor y posee, en todos los grados posibles, sus mismos atributos: curiosidad, atracción, interés, generosidad, cierta necesidad de compartir y aprender y confortar. Ayer comí con unos amigos y disfruté mucho de su compañía. Todavía me siento feliz al recordarlo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

267

Entre mi corazón y el satélite muerto que atraviesa la atmósfera ardiendo y descomponiéndose en pedazos que se precipitan en caída libre hacia la tierra hay carreteras, el bar de un hospital después del nacimiento de mi hija, la sólida fuerza de mi padre levantándonos a mi hermano y a mí en el aire, cada uno en una mano; el regazo de mi madre; la llegada a una ciudad desconocida al amanecer después de un largo viaje en tren, la sorprendente llamada telefónica anunciándome que había ganado un premio literario, aquella joven cigüeña deambulando sin rumbo por el aparcamiento de un supermercado tras caer desde su nido en una torre de alta tensión, los reflejos irisados en el agua de los puertos marinos, los caballos salvajes de los puertos de montaña, las aceras de Zaragoza cuajadas de chicles secos, aquel aterrizaje de infarto en Stansted, el río donde jugaba a nadar apoyando mis brazadas en las piedras del fondo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

266

La tarde funde a negro tan despacio que es imposible discernir el instante preciso en el que sucede. Se escuchan truenos remotos. Oh, dioses de las nubes y la lluvia, no paséis de largo esta noche, por favor.

jueves, 22 de septiembre de 2011

265

El agua corriendo en las duchas, las primeras noticias del día en la radio de la cocina, el clink del microondas, los trinos de los pájaros en la calle, las campanadas de la iglesia sonando volátiles, etéreas en la atmósfera pura de este nuevo comienzo de todo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

264

Me doy cuenta de que, más que escribir, yo enumero.

martes, 20 de septiembre de 2011

263

El cansancio ha llegado como un tsunami inesperado arrasando mi paciencia ante la pantalla en blanco. Las palabras que esta noche iban a nacer en mi cerebro ya no verán la luz, nunca lo harán porque mañana serán otras, siempre sucede. Estoy tan cansado. Necesito dormir, dormir, dormir, tal vez dormir.

lunes, 19 de septiembre de 2011

262

Mi método es muy sencillo: camino durante treinta minutos y después vuelvo sobre mis huellas. Hoy salí tarde de casa y se me hizo de noche. De regreso hacia mi Citroën Picasso aparcado junto al canal pasé junto a un Seat León negro detenido en la entrada de un camino. Había poca luz pero pude distinguir a dos personas en su interior. Supuse que se trataba de una pareja y aceleré el paso intentando molestar lo menos posible. Soplaba una brisa fresca, casi fría, y el zumbido de los insectos que ocasionalmente nos acompañaban y molestaban hace pocas semanas hoy había desaparecido por completo. Al llegar al coche ya apenas se veía. Pensé que me había descuidado y que cada tarde a partir de ahora debería salir antes de casa. Ningún animal cruzó delante de la luz de los faros del coche en la estrecha carretera. La granja de terneros estaba a oscuras. Pensé en el otoño y el alivio que su llegada me causaba. Pensé en lo extraño que me resultaba haber terminado viviendo en este preciso lugar del mundo y no en otro.

domingo, 18 de septiembre de 2011

261

En el parque de la plaza que hay detrás de mi casa se reúnen grupos de jóvenes para hacer botellón. Gritan y ríen sentados en los columpios infantiles, no muy lejos de la residencia de día, no muy lejos de los campos de petanca, no muy lejos de ninguna parte, en realidad. Su inocencia me consuela más de lo que me molestan sus gritos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

260

Días de horarios cambiados por las fiestas. Uno viene a las cinco de la madrugada, otra llega a las siete y yo me acuesto a las dos para levantarme poco antes de las ocho de la mañana con los nervios a flor de piel por culpa de la música máquina que a semejantes horas todavía suena en la carpa de las peñas. Durante el desayuno pongo en el pequeño equipo de música de la cocina las partitas de Bach interpretadas por Glenn Gould. Poco a poco, nota a nota, siento cómo mis oídos y mi cerebro se desintoxican.

viernes, 16 de septiembre de 2011

259

Esta noche Paula y Carlos cenan fuera con sus respectivos amigos, así que M. y yo nos hemos quedado felizmente solos, ajenos a las fiestas. Mientras escribo estas palabras ella prepara sus clases al otro lado de la misma mesa, ajena a mis pensamientos y sin embargo, qué misterio, ocupándolos completamente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

258

La joven alta y muy delgada y la mujer pequeña y rellenita vienen hacia mí. La adolescente, ahora me doy cuenta de que lo es, viste una camiseta de verano y unos pantalones cortos; la señora mayor lleva un vestido oscuro de aspecto vagamente folclórico rodeado de diminutos volantes. Se sientan al otro lado de mi mesa de trabajo y la chica me explica que su abuela, que yo tomaba por su madre, ha dejado de trabajar como empleada de hogar y viene a darse de baja. Mirando a la señora, una mujer de unos cincuenta y tantos años de bellos rasgos indígenas y cabello casi azul de tan negro, le pregunto con qué fecha finalizó su contrato y ella me dice, con un acento musical y sibilante, que hablo demasiado deprisa y no puede comprenderme, que pronuncie más despacio, por favor, algo que, por supuesto, hago encantado. Poco a poco nos vamos entendiendo y las cosas se resuelven. Cuando estamos cerca del final del trámite administrativo le pregunto si su idioma es el quechua. Se le iluminan los ojos y me pregunta: ¿Usted habla quechua? Oh, no, no lo hablo, ojalá supiera pero no. Ella me mira seria y dice: Pero usted lo conoce. Claro, le contesto, su idioma es muy antiguo, se hablaba antes de que los españoles llegaran a América, todo el mundo lo conoce. La señora sonríe por primera vez elevando sus pómulos casi asiáticos de miles de años de antigüedad. Le pido que firme unos documentos y cuando se están levantando para irse le pregunto a la nieta adolescente, quien durante todo este tiempo no ha dejado de teclear en su teléfono móvil, si ella habla quechua. Me dice que no, que lo entiende pero no lo habla. Hay otras personas esperando ser atendidas y la abuela, mirando rápidamente hacia ellas y hacia mí, dice Gracias, dice Adiós, y se van.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

257

A las ocho de la mañana salgo del garaje camino de Barbastro y me cruzo con jóvenes que vuelven a casa con sus sombreros y sus pañuelos de fiesta. Un grupo habla en una esquina y una pareja camina por la acera, el brazo derecho de él sobre los hombros de ella, el brazo izquierdo de ella rodeando la cintura de él. Las ferias aparecen casi desiertas, la calzada cubierta de basura de colores, los puestos cerrados con persianas y cortinas. Esquivando las vallas metálicas que durante estos días sitian mi barrio logro escapar y salir finalmente a la carretera. En ella, a pesar del tráfico y por extraño que parezca, me siento libre.

martes, 13 de septiembre de 2011

256

El ventilador gira en su jaula circular. Bebo una pinta de cerveza fría. No leo. No escucho música. No miro la televisión. Solo bebo despacio una pinta de John Smith's extra smooth delante de la pantalla en blanco, y espero.

lunes, 12 de septiembre de 2011

domingo, 11 de septiembre de 2011

254

Soy un comerciante egipcio en la época de Ramsés II, soy campesino durante la guerra de los cien años, soy un taxista de Nueva York el once de septiembre de dos mil uno. Los imperios, como nosotros, aparecen y se desvanecen. Lo único que permanece es nuestra condición.

sábado, 10 de septiembre de 2011

253

El verano se resiste a rendirse. ¡Hace calor, calor, calor! El calor me hace tan desgraciado, me deprime tanto. Mi hija me comenta así, como de pasada, que estoy engordando y, oh, dioses, a fe mía que sé que es verdad. Y es que de acuerdo, sí, voy a caminar cuando las temperaturas marcianas lo permiten y de vez en cuando, más de vez en cuando de lo que debería, pedaleo patéticamente frente al aire acondicionado, pero me gusta tanto comer y beber, sobre todo desde que recuperé el olfato... me gusta mucho a pesar del calor que me deprime y me angustia. Hoy es diez de septiembre y hace calor, calor, calor. Sólo me salva la imaginación, y allí la banquisa que cruje bajo mi peso.

viernes, 9 de septiembre de 2011

252

Eres el jinete solitario que cabalga entre altas rocas de arenisca modeladas por el viento. Eres el grumete escondido al fondo de un tonel de manzanas. Eres el explorador que se abre paso en la jungla a golpe de machete. Eres el astronauta asomado al vértigo del espacio vacío. Eres el náufrago que pasea por la playa con un parasol de piel de cabra silvestre. Eres el paracaidista que desciende lentamente sobre territorio enemigo entre ráfagas de trazadoras y explosiones antiaéreas. Eres el niño que ante la aparición de velas blancas en el horizonte huye despavorido hacia el interior de la isla. Eres el profesor nuevo en un instituto del gueto. Eres Romeo. Eres el minotauro.

jueves, 8 de septiembre de 2011

251

Qué si la línea que separa ayer de hoy es tenue como una ráfaga de viento moviendo las cortinas del dormitorio. Qué si la huella del sueño más profundo es una boca seca. Qué si todos los proyectos, cualquier proyecto, tus proyectos, mis proyectos, son como hojas secas cayendo en el patio de atrás de un edificio de ladrillos rojos. Qué si la tormenta solar que acabará contigo y conmigo ha comenzado a estallar hace un segundo. Qué si nuestros besos. Qué.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

250

Camino junto al canal hablando por teléfono con mi amigo Carlos, una de las personas a las que más quiero en el mundo. Charlamos de Francia, del Corán, de la Biblia, de la relación entre la religión y la pobreza, de la relación entre la religión y la felicidad. Corto al paso una de las altas flores de aspecto primitivo que crecen al lado del camino, huelo su intenso aroma, le pregunto qué planta huele a anís y me contesta que probablemente sea hinojo. Vuelvo a olerlo sabiendo su nombre y de pronto todo lo sucedido a raíz de mi operación de mayo merece la pena. Le cuento que la luna creciente está preciosa y Carlos me recuerda que es la misma luna que en ese instante él sale a contemplar a trescientos kilómetros de Binéfar. Que los dos la estemos mirando al mismo tiempo la transforma en algo más que un deshabitado satélite de roca y polvo reflejando la luz del sol que se desvanece.

martes, 6 de septiembre de 2011

249

Después de las fiestas de Barbastro llegan las de Binéfar la semana que viene, de hecho ya se han instalado banderas en las farolas y fachadas. A mí no me gustan las fiestas, no me gustan nada. No me gustan las multitudes, no me gustan las ferietas, no me gustan los desfiles de carrozas, no me gusta la música de las orquestas de verbena, no me gusta la música de Sergio Dalma, el plato fuerte de este año; no me gusta bailar, no me gustan las terrazas atestadas de clientes, no me gusta el timo de la estampita y, en fin, que no, que no me gustan nada las fiestas. Pero vivo en sociedad y, como suele decirse, mientras tenga hijos menores y no pueda largarme de aquí en esas fechas, como hacen algunos afortunados entre mis conciudadanos, no me queda otra opción que sobrevivir al atentado sonoro de los bocinazos y la música estridente de las ferietas sonando hasta el amanecer a pocos metros de mi casa, supervivencia de cierto mérito teniendo en cuenta que trabajo en Barbastro y madrugo cada día. Ay, las fiestas de Binéfar todavía no han comenzado y ya me están afectando. La culpa es de la persistente memoria.

lunes, 5 de septiembre de 2011

248

Una charanga pasa por la calle mientras valoro las posibilidades que el sistema le ofrece a un albañil que ha perdido su trabajo a los cincuenta y siete años. Venciendo la tentación de volverme a mirar por la ventana termino de hacer las cuentas que abandonan a este hombre en la orilla de un subsidio de poco más de cuatrocientos euros al mes a los cincuenta y nueve años. Si no tiene ahorros, rentas o un patrimonio que le permita tirar adelante desde ese momento hasta su jubilación, va a pasarlo muy mal. Con la música festiva de fondo le informo de su situación. «Algo ya sabía», dice con la mirada perdida en el jolgorio que se desarrolla detrás de mí, «tengo una sobrina en Barcelona que sabe de estas cosas y me dijo lo mismo que tú». Asiento con la cabeza. La algarabía del sonido de los instrumentos de viento mezclado con los gritos de los críos entra en la agencia a través de las ventanas abiertas. Se levanta, me ofrece la mano, se la estrecho, me da las gracias con una esforzada sonrisa y dice, señalando el bullicio de la calle con la barbilla: «Voy a bailar un poco».

domingo, 4 de septiembre de 2011

247

Mientras escucho a mi amigo caigo en la cuenta de que conozco a pocas personas tan apasionadas como él, tan deseosas de aprender y explorar y observar el mundo como él. Nuestras voces resuenan en la calle desierta a estas horas de la madrugada. El canto de los grillos se mezcla con la fotografía, la literatura, el Camino de Santiago, la vida.

sábado, 3 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

245

Estaba haciendo la siesta cuando escuché los distantes cañonazos de la tormenta que esperábamos desde hace días. Permanecí tumbado en la cama con los ojos cerrados, no sé si dormido o despierto, hasta que comenzó a llover. Entonces me levanté.

jueves, 1 de septiembre de 2011

244

Igual que desde lejos los campos de maíz son suaves y apacibles hasta que al aproximarnos descubrimos las hojas de filo cortante, su crujido de pergamino, la tierra seca entre las líneas ordenadas con obsesión milimétrica, así mi corazón.