lunes, 31 de octubre de 2011

304

Caen las hojas.  Chopera de Valcarca, 31 de octubre de 2011.

domingo, 30 de octubre de 2011

303

¿Por qué decimos «cae la tarde», por qué decimos «la tarde se pone» o «muere el día»? Yo conozco la respuesta: porque somos como esos pájaros que reúnen abalorios, plásticos y otros objetos brillantes, porque somos como ellos.

sábado, 29 de octubre de 2011

302

Cuando cerramos el Chanti y decidimos dirigirnos a L'Arcada a tomar la última copa mi cansancio ha desaparecido como por arte de magia, no sé si debido al poder de la música durante el ensayo o al de la ginebra del gin-tonic posterior. Caminamos entre las calles de este lugar en el mundo y nuestras voces llenas de vida resuenan en la noche antes de extinguirse. Yo, como tú, también soy su guardián.

viernes, 28 de octubre de 2011

301

Después de pasar toda la tarde en Lérida llego ahora a casa con apenas veinte minutos para escribir antes de bajar a ensayar, aunque estoy tan cansado que va a costarme un gran esfuerzo hacerlo. Y es que cada vez me agotan más las ciudades, el tráfico en Lérida es absolutamente demencial y las calles comerciales, en cuya atmósfera vibra ya cierta compulsión prenavideña, bullen de tanta gente, tantas luces, tantos escaparates, que he regresado con el cerebro saturado de información visual. Menos mal que luego he dispuesto de media hora de autovía nocturna: kilómetro a kilómetro de oscuridad toda la confusión se disolvía hasta convertirse en esta anécdota inofensiva, este ejercicio que me permite tomar las carpetas de partituras, abrigarme un poco y salir a la calle dispuesto a cantar con la satisfacción de los deberes cumplidos.

jueves, 27 de octubre de 2011

300

Tanto tiempo esperando la lluvia y cuando aparece lo hace acompañada de un dolor de cabeza que sólo el ibuprofeno es capaz de aliviar. Salgo a la calle y disfruto del aroma de un mundo empapado que de pronto, con la velocidad vertiginosa de las estaciones, borra de mi memoria las largas semanas de calor y sequía como si jamás hubieran existido.

miércoles, 26 de octubre de 2011

299



Ocho y cuarto de la noche. Autovía entre Barbastro y Binéfar. 25 de octubre de 2011.

martes, 25 de octubre de 2011

298

Tengo sueño pero no quiero irme a dormir. Esta absurda contradicción me acompaña desde los doce o trece años, cuando ocultaba a mis padres las horas de lectura nocturna. ¿Habrá bastado la lluvia de hoy para convertir en charcos las rodadas de los vehículos en los caminos del campo?

lunes, 24 de octubre de 2011

297

Hoy me he quedado en casa porque venían los fontaneros a solucionar un problema en un lavabo. Mientras escribo escucho los golpes y el ruido del escombro cayendo al suelo. No quiero ni ir a mirar el estropicio. Salgo al balcón para echar un vistazo al cielo. Ha salido el sol. No llueve.

domingo, 23 de octubre de 2011

296

Se ha declarado un pequeño incendio en el cañaveral de un descampado a dos calles de mi casa y durante un buen rato una gran nube de humo ha cubierto el cielo. Después han comenzado a descender sobre los edificios leves y flotantes copos de ceniza negra. Ahora los bomberos ya han apagado el fuego y el aire huele a caña quemada. A mí no me desagrada, no huele a basura ni plástico carbonizado, huele a leña consumiéndose en la chimenea una noche de invierno.

sábado, 22 de octubre de 2011

295

No esperaré a que me falten para darme cuenta, no lo haré. Hoy, veintidós de octubre de dos mil once, digo que soy feliz al disfrutar de la salud de las personas que amo y de la mía propia, digo que soy feliz al tener cubiertas mis necesidades materiales, digo que soy feliz al conservar mi capacidad mental en condiciones razonables; digo que me gusta la casa en la que vivo y el coche que conduzco; digo que cada día me gusta más mi trabajo; digo que me deleito con la música, los libros, el cine, la comida, la bebida, la siesta, el sexo; digo que hago uso del privilegio de ser un hombre libre y poder caminar hacia el Norte, el Sur, el Este o el Oeste; digo que puedo gozar de la naturaleza del mundo en todos sus sentidos y, sobre todo, digo que soy amado y me doy cuenta de que soy amado y no hay nada mejor que amar y ser amado y darse cuenta. Darse cuenta. No, no esperaré a que me falten las cosas buenas para darme cuenta de lo buenas que eran. No lo haré.

viernes, 21 de octubre de 2011

294

Preparo y ordeno partituras del coro a la luz del flexo. Nunca deja de maravillarme el papel pautado, su hermoso lenguaje que hace estremecer el corazón. Dentro de una hora bajaré a ensayar. Durante estos últimos diez años he pasado algunas rachas de pereza y cansancio, sobre todo cuando los chicos eran más pequeños, pero ahora siento que ya he salvado el cabo de Hornos y cada vez disfruto más. Adoro los ensayos como adoro los cuadernos, los bosquejos, los preparativos; incluso diría que me gustan más los ensayos que los conciertos. El trabajo de aprender y descubrir en compañía de amigos es el mejor de todos.

jueves, 20 de octubre de 2011

293

Nunca pensé que vería el final de ETA. Cuando hoy he escuchado su comunicado de cese definitivo de la violencia mi primer pensamiento ha sido para las víctimas, ochocientas veintinueve personas asesinadas durante todos estos años. También para las familias divididas, para los escoltados, para quienes debían trabajar con su rostro oculto por un pasamontañas, para los que fueron enterrados en la soledad más absoluta, rechazados por sus vecinos. He recordado a Miguel Angel Blanco, aquel chico de Ermua, y a la persona más valiente del mundo, el hombre que le sustituyó y fue también asesinado. Son tantos. Cuando en febrero de dos mil mataron a Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez Elorza, escribí un poema. No es de los mejores pero tal vez sea hoy un buen día para publicarlo por primera vez. Que la alegría por el final del terrorismo no afecte a la memoria de las víctimas y el terrible sacrificio que pagaron por hacer su trabajo o, venciendo el miedo, dar un paso al frente en defensa de sus ideas.

---

Yo era un hombre y ahora
no soy nada.

Mi asesino ha vuelto a su casa,
ha ido al lavabo,
se ha mirado en el espejo,
ha saludado al padre y a la madre,
ha puesto la radio.

Yo era un hombre
y ya no soy nada.
No tengo patria, ni familia, ni nada.
No habrá más besos,
no habrá más nada.

Dirán que soy el resultado
de un fracaso colectivo.
Dirán que la culpa
es de todos, que la culpa
era vuestra, no del que
ahora sale de casa
nervioso y asustado,
héroe de mi muerte.

Yo era un hombre y ahora
no soy nada.

Cierro la mano sobre la hierba
mientras todo sucede,
mientras muero,
mientras llueve,
mientras todo sucede
y la lluvia cae, acaba, llueve.

24 de febrero de 2000, Binéfar.

miércoles, 19 de octubre de 2011

292

Estos días revolotean por casa algunas moscas pequeñas. Estuve investigando en la galería de la cocina y descubrí que uno de los tomàquets de penjar se había puesto malo, aunque precisamente allí no había mosquetas de ninguna clase. En cualquier caso estos últimos días han regresado los insectos y los hibiscos de la terraza han vuelto a florecer, ignorantes (como nosotros) de lo que se avecina. Cantos de cisne. Preparando una cena muy española -tortilla de patatas, jamón, pan con tomate, pimientos de padrón fritos- me he servido una copa de vino tinto y al cabo de pocos minutos dos mosquitillas flotaban ahogadas en él. Las he retirado con la yema de un dedo y he bebido un sorbo, no tengo manías para estas cosas. Me dan lástima las moscas que, confundidas por el calor extraordinario de estos días de otoño, han nacido sin posibilidades de sobrevivir, ignorantes (como nosotros) de su inoportunidad. Regresando a Binéfar por la autovía vi en el cielo una bandada de aves volando en formación de uve, no pude observarlas con detalle porque me arriesgaba a tener un accidente de tráfico, pero juraría que se dirigían hacia el Sur.

martes, 18 de octubre de 2011

291

A las ocho y media de la mañana suena mi teléfono móvil, lo miro, veo que es mi madre y el corazón me da un vuelco: ya lo estoy viendo, llama desde un hospital, ha sucedido algo muy grave, ¿qué si no puede impulsarla a telefonearme a estas horas? Con los nervios a flor de piel acepto la llamada y escucho su voz alegre y despierta: «¡Hola, cariño!». «¡Mamá! ¿Ha pasado alguna cosa, estáis bien?», le pregunto. «Muy bien», contesta ella, «te llamo tan pronto porque ahora mismo estamos a punto de subir al autobús, ¡hoy nos vamos de excursión a Conil!». Es entonces cuando recuerdo que mis padres están, una vez más, de viaje.

Mientras me cuenta que ayer estuvieron en Sevilla, «una ciudad maravillosa», contemplo aliviado el castaño de indias del ventanal que hay detrás de mi mesa de trabajo. El suelo del jardín está cubierto de castañas amargas, las hay a cientos. La voz de mi madre, tan joven en el teléfono como cuando yo era un niño, acaricia mi cerebro y llena mi corazón de felicidad. «Bueno, pasadlo estupendamente, ¿vale? Os quiero mucho, un beso, ya hablaremos». Guardo el móvil en el bolsillo izquierdo de mi pantalón. Barbastro se pone en marcha poco a poco. A las nueve, dentro de un momento, subiremos la persiana y comenzará a entrar el público. El río Vero o, mejor dicho, lo que queda de él tras tantos meses de sequía, fluye en su cauce de hormigón al otro lado de la calle. Todo está bien.

lunes, 17 de octubre de 2011

290

Desayunaba cuando escuché en la radio que un senderista de Barbastro había muerto al despeñarse por la senda de los cazadores, en el Parque Nacional de Ordesa. Durante la mañana supe que se trataba del marido de la simpática y cordial empleada de la panadería donde suelo comprar el pan en Barbastro. Alguien comentó que cuando sucedió el accidente caminaba delante de sus dos hijas y su mujer con tan mala suerte que pisó una piedra suelta, resbaló y se precipitó montaña abajo sin que nadie pudiese hacer nada por evitarlo. Tenía cincuenta y dos años. Pienso en su esposa, siempre tan amable conmigo en la panadería, y caigo en la cuenta de que pronto vendrá a la agencia para algo que nunca imaginó que sucedería. Me sorprendo deseando que me toque a mí atenderla en la información y tramitación de su pensión de viudedad para, de algún modo, acompañarla así en el sentimiento y poder ayudarla en esta hora tan difícil, aunque aquí todos la conocemos y sé que mis compañeras sienten exactamente lo mismo que yo. A menudo hacer bien tu trabajo, como lo hace ella desde hace muchos años al otro lado del mostrador, es la mejor manera de ofrecer un bálsamo, una especie de ofrenda a los demás en medio del caos y el dolor.

domingo, 16 de octubre de 2011

289

Mi hija apareció por sorpresa el viernes por la tarde y ya la estoy llevando a la estación de autobuses. Nos despedimos con un beso y regreso a casa atravesando este lugar del mundo al que me arrastró la corriente. Parado en un stop tengo uno de esos ataques en los que no comprendo casi nada y sin embargo siento, con perturbadora claridad, el peso, la densidad, la existencia de las cosas.

sábado, 15 de octubre de 2011

288

Después de cenar recogemos la mesa, distribuimos los platos, vasos y cubiertos en el lavavajillas, colocamos la pastilla de detergente todo en uno y lo ponemos en marcha. Sábado por la noche. En esta casa de noctívagos hoy nadie se acostará temprano.

viernes, 14 de octubre de 2011

287

Al despertar de la siesta descubro una araña diminuta paseándose sobre mi pecho. Llegó finalmente la hora de poner a prueba todo el entrenamiento practicado con mis hijos cuando eran pequeños. No reiré, no agitaré los brazos, no moveré un músculo. Soy imperturbable.

jueves, 13 de octubre de 2011

286

El de hoy ha sido un buen día. No un gran día ni un día increíble, no un día extraordinario ni magnífico ni excepcional, sólo un buen día, uno de esos pequeños y benéficos días con los que se construyen los mejores tiempos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

285

¡Corre, apresúrate, pronuncia la palabra secreta, encuentra las llaves en el fondo del mar, salta de oca en oca, deja tu miga de pan y corre, alcanza la puerta del bosque antes de que se cierre!

martes, 11 de octubre de 2011

284

Cae la noche sobre las viñas
como las olas del mar golpean
la orilla de aquella playa
junto a la ciudad griega.

En octubre la arena ya
se había enfriado, ¿recuerdas?

También a la luz de la luna
las hojas de las parras
se oxidan lentamente.

lunes, 10 de octubre de 2011

283

Al regresar de Barbastro me he encontrado con la sorpresa del último tramo de la autovía terminado y abierto al tráfico. En vez de desviarme en el lugar donde vengo haciéndolo desde hace tanto tiempo he seguido recto sobre un flamante asfalto sin estrenar. De este modo la vieja Nacional 240, tan presente en mis textos de los diarios anteriores y en tantas de mis fotografías, se aleja.

domingo, 9 de octubre de 2011

sábado, 8 de octubre de 2011

281

Abandono el mundo de mi cerebro nocturno y abro los ojos a la luz directa de un cielo dividido en dos por la estela blanca de un avión de pasajeros. Ahora que han descendido las temperaturas vuelvo a dormir bajo la claraboya de la buhardilla. Dentro de un rato emprenderemos viaje rumbo al huerto de mis padres, a doscientos cincuenta kilómetros de aquí. Mis padres. Papá. Mamá. Todavía puedo abrazarles y escuchar su voz. Soy un hombre afortunado.

viernes, 7 de octubre de 2011

280

El otoño se ha presentado de improviso a lomos del viento del norte. La luz ha cambiado y en los rostros de los peatones asoma el alivio y también la expectación. Nada olvidamos más que la estación del año anterior.

jueves, 6 de octubre de 2011

279

Tarde de visitas médicas en Lérida para mi hijo y para mí. Dentista y ecografía para él, otorrinolaringólogo para mí. Tres salas de espera, todas iguales salvo la de mi otorrino, donde junto a las revistas del corazón también hay ejemplares de Qué leer. Tres recepcionistas, todas ellas con el día antipático. Mucho calor en la ciudad, que recorremos caminando tras haber encontrado un buen aparcamiento cerca del dentista. Para llegar puntuales a la última cita paramos un taxi. El conductor nos pregunta de dónde somos y nos informa de que él es de Graus. Al saber que tengo un poco de prisa pisa el acelerador sin pensárselo dos veces. Durante los ocho minutos que dura la carrera contemplo las calles de Lérida desde el asiento de atrás, un punto de vista que había olvidado y convierte a la ciudad en un escenario cinematográfico. Finalmente recuperamos la querida Picasso y regresamos a Binéfar cuando ya es de noche, rendidos. Antes de cenar vengo aquí a dibujar un bosquejo de todo ello. Cuatro notas. Un plano.

miércoles, 5 de octubre de 2011

278

Durante los primeros viajes espaciales los psicólogos aconsejaban a los astronautas que no perdiesen de vista la tierra; cuando comenzaron los paseos fuera de la protección de la nave la recomendación era evitar dar la espalda a nuestro planeta y enfrentarse, frágil y flotante, a la vacía inmensidad del cosmos, pues se temía que una experiencia tan poderosa podía dañar la estabilidad emocional necesaria para el cumplimiento de las misiones. Sucedió, sin embargo, que en un momento dado los astronautas contemplaron la infinita oscuridad del espacio exterior y, más allá del asombro, ninguno de los temores de los psicólogos se cumplió. Así de valiente o de insensata es nuestra especie.

Pensé en ello el domingo mientras miraba una interesante entrevista a Svante Pääbo, el genetista sueco que demostró que en el genoma de todos los seres humanos del mundo, excepto los que se quedaron en el continente africano, existe aproximadamente un dos y medio por ciento de código neandertal, lo que demuestra que hubo una hibridación entre las dos especies tras las migraciones africanas y, de algún modo, los neandertales sobreviven en cada uno de nosotros. Pensé en los diminutos astronautas enfrentándose al vacío infinito del cosmos cuando el doctor Pääbo explicaba en la entrevista su teoría acerca del motivo por el que los neandertales habían permanecido durante cuatrocientos mil años en sus territorios de evolución mientras los hombres modernos, en menos de cien mil años tras su salida de África, se extendían sobre la superficie de toda la tierra. Pääbo dice: «‎Los neandertales nunca cruzaron el mar si no veían tierra del otro lado; nosotros sí y por eso hemos colonizado el mundo entero». Los neandertales eran precavidos y, en ese sentido, más inteligentes que el homo sapiens: ¿quién podía estar tan loco como para lanzarse al mar y navegar hasta perder de vista la costa sin saber qué le esperaba al otro lado del horizonte? ¿Quién tan loco como para enfrentarse a la inmensidad del universo flotando en la ingravidez del espacio exterior sin perder la cordura ni el valor?

martes, 4 de octubre de 2011

277

Salgo de Barbastro a las ocho y veinte de la tarde y decido regresar a Binéfar por la carretera comarcal de Estadilla. Me gusta conducir con los faros encendidos a través de la noche, el haz de luz artificial iluminando durante un instante los troncos de los olivos junto al asfalto antes de devolverlos inmediatamente a la oscuridad.

lunes, 3 de octubre de 2011

276

Tras una noche terrible con las tripas revueltas me he levantado con un humor de perros. Y eso que hoy tenía el día libre y me he quedado en casa, pero las visitas urgentes al cuarto de baño no me han ayudado ni a descansar ni a mejorar mi carácter. Me molesta mucho estar enfadado, me duele sobre todo que lo paguen injustamente quienes están a mi alrededor, algo que a menudo no soy capaz de evitar.

A estas horas entra en la sala de la buhardilla la cálida luz de color miel de estas últimas tardes. Pronto el sol comenzará a amanecer en otro sitio. Un día termina, un día único, un día irrepetible en la historia del mundo termina y yo, como un inconsciente, lo he echado a perder con mi mal humor y mis malas caras. Creo que es hora de bajar las escaleras y pedir perdón.

sábado, 1 de octubre de 2011

274

Después del ensayo vamos al Chanti a tomar una copa, pero antes acerco a una compañera del coro a su casa en Monzón. Ella se quedó viuda hace tres meses y esta noche ha venido a cantar con nosotros por primera vez desde entonces. Mientras la llevo a su casa a través de la carretera iluminada por los faros del coche hablamos de esto y de lo otro: asuntos triviales, ingrávidos, suaves apósitos de gasa para curar la nostalgia y el dolor.