lunes, 30 de enero de 2012

Pum pum

Las campanadas de la iglesia de San Pedro sobrevuelan la noche helada hasta alcanzar este dormitorio y después, al cesar, abandonarme en la orilla del acompasado latido del corazón que escucho en la almohada contra mi oído derecho. Pum pum, pum pum, pum pum.

6 comentarios:

giovanni dijo...

Es música, y tal vez la base de la música como sugeriste en un comentario en mi blog. Aquí, en Nieuwendam, también escucho campanadas de las (tres) iglesias del pueblo, normalmente de noche o tarde por la tarde.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Son los sonidos de los secretos del mundo...

Un abrazo.

José Luis Ríos Gabás dijo...

En cierta manera, las campanadas marcaban la pulsación de un pueblo igual que el corazón marca nuestra propia pulsación. Quizás estaría mejor expresado si dijera que marcaban, las campanas, el ritmo de un pueblo. Desde donde vivo no las oigo, ni las escucho, Binéfar ya es demasiado grande para eso, pero sí recuerdo cuando las escuchaba en mi pueblo de nacimiento, más pequeño, o este verano durante el Camino de Santiago, también en un pueblo más pequeño.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Las campanadas, los pulsos del corazón, el repiqueteo de la lluvia... Cuando logren atrapar la partícula atómica más invisible y primordial del universo descubrirán que se trataba de un latido.

Anónimo dijo...

Jesús, a veces te sales! Nubes enredadas, campanadas sobrevolando..

Pero este ultimo comentario del latido me ha parecido sublime. Escibes muchas cosas bonitas pero este es de los de guardar a parte.

Un don, eso es lo que tienes.
Un saludo

Neunaiz

Jesús Miramón dijo...

Caray, muchas gracias, Neunaiz.


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(He investigado un poco y he descubierto que neu naiz significa, en euskera, "yo mismo soy")