jueves, 2 de agosto de 2012

Madreselva

Por la tarde había quedado con José Luis en el Chanti y allí estuvimos hablando durante casi tres horas, a salvo del calor infernal del exterior gracias al aire acondicionado y los gin-tonic. Más tarde, por la noche, hablé por teléfono durante largo rato con una queridísima amiga que lo está pasando mal.

Nunca fui persona de muchas amistades, no soy demasiado sociable y los grupos -un prejuicio como cualquier otro- siempre me produjeron desconfianza. Sin embargo, para mi sorpresa, tengo algunos pocos amigos, algunos seres humanos que se cruzaron en mi camino, me enamoraron y, por increíble que parezca, me correspondieron.

Ahora la noche gira sobre mi casa. Diminutos murciélagos vuelan como pañuelos alrededor de la luz de las farolas de la calle. Las salamanquesas, adheridas a muretes y techos, acechan a sus víctimas con ojos de sorpresa permanente. Bajo la luz de las estrellas crecen lentamente la madreselva y el jazmín.

12 comentarios:

Ángela dijo...

Madreselva y jazmín: qué hombre más afortunado eres. Hace algo más de un año, te dirigías veloz, mirando al techo, adonde recuperarías la capacidad de oler la fragancia de esas flores.
Y, además, tienes amigos. Eres un hombre de suerte.

Elvira dijo...

Muy bello, Jesús.

Yo tengo algunas queridísimas amigas. Por ellas y por mi hija me siento muy afortunada. La vida no me ha regalado amistades profundas o cualquier tipo de relación profunda y duradera con varones. ¡Quién sabe! Aún hay tiempo.

Un beso

Portorosa dijo...

Como pañuelos: qué buena imagen.

La amistad, como parte del amor en su sentido más genérico, es una de las cosas que dan sentido a la vida, claro.

Daría algo por estar en esa charla en el Chanti con vosotros dos.

Un abrazo.

NáN dijo...

También me gustó lo de los murciélagos (esos pañuelos negros).

Para la amistad soy extenso, pero solo estoy bien cuando el grupo no es de más de cuatro (yo incluido).

El té del desierto se rellena de agua caliente tres veces, pero el azúcar y la menta solo la ponen antes de servir el primero. Por eso dicen, en este orden de prioridades, que el primero es dulce como la amistad, el segundo es dulciamargo como el amor, el tercero es amargo como la muerte.

Jesús Miramón dijo...

Ángela, desafiando insensatamente a los dioses proclamo que sí, que soy un hombre de suerte, un hombre afortunado, esa es la verdad.

Jesús Miramón dijo...

Desde luego que sí, Elvira, siempre hay tiempo. De hecho pienso que la palabra "aún" es sinónimo de "tiempo".

En cualquier caso, como bien dice Porto, la amistad -con mujeres, con hombres- son una manifestación más del amor y sí, cada vez soy más consciente de ello, es una de las experiencias que dan sentido a la vida.

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Y nosotros porque hubieras estado, querido Porto. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Es que parecen pañuelos llevados por el viento de aquí para allá sin demasiada destreza, ¿verdad? Los murciélagos, como los erizos, son unos animales que me caen bien. Pero eso ya lo sabéis, no hay año que no aparezcan por aquí (pero este blog se titula Las cinco estaciones y, si algo caracteriza a las estaciones, es que se repiten).

Qué interesante la parábola del té: en ella la amistad es más dulce que el amor.

A filla do mar dijo...

Pues yo tengo una amigo que estaría encantado con tu querencia por los murciélagos.

Yo aún no he encontrado otra cosa que dé sentido a la vida, que no sea el amor.

Jesús Miramón dijo...

¡Qué alegría verte por aquí, Filla do Mar!

Un beso.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Tampoco yo soy de muchos amigos, más bien escasos, y tú eres uno de ellos.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, José Luis.

(Ya ves a qué hora vuelvo a casa después del ensayo... )