miércoles, 26 de septiembre de 2012

Heridas de guerra

Es un hombre flaco de cabello rizado, rasgos suaves y ojos tan expresivos que parecen maquillados. Desde primera hora de la mañana deambula por Barbastro hablando solo, siempre solo. A veces se asoma a nuestra agencia, se encoge de hombros, agita los brazos, masculla algunas palabras incomprensibles y se va. El otro día un compatriota suyo que le conocía me dijo que se trataba de una persona muy enferma, me contó que a veces entraba en la mezquita y gritaba que todos los hombres son malos, unos asesinos. «Él fue soldado en la guerra y vio cosas feas, cosas que nadie debería ver, cosas que le volvieron loco», me contó.

11 comentarios:

Elvira dijo...

¡Qué lástima! Tristísimo. Lo cuentas con muchísimo respeto. Me gusta que lo hagas así.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Da mucha pena.

Buenos días.

Ángela dijo...

No está loco, ese hombre, está cuerdo, muy cuerdo. Es, probablemente, una de las personas más cuerdas que existen. Lo que sucede es que ve cosas que la gente "normal" no vemos, pero eso es porque "lo normal" es la miopía.
Da pena, sí, da pena que ese hombre, en lugar de andar por ahí sin rumbo, no esté dando conferencias, hablando de lo mucho que sabe sobre la especie humana.

Jesús Miramón dijo...

Ángela, comprendo lo que quieres decir pero, más allá del calificativo de loco, hablo de un hombre enfermo y muy desgraciado. En sus ojos siempre brilla el estupor y el dolor.

Paco Principiante dijo...

Jesús, hoy he tenido que ir a una agencia de la seguridad social y me he acordado de ti.

He mirado alrededor y he intentado imaginar como sería tu paisaje laboral.

Luego me he centrado en las gentes, que intuyo que son tu predilección. Hay mucho inmigrante, al menos aquí en Madrid. No hay demasiado movimiento, pero empieza a llegar más gente.

En una de las mesas hay un pequeño altercado. Una mujer pide airosa un papel, pero la que le atiende dice que ese papel no se lo puede dar, que es de la Administración. La mujer amenaza con llamar a la policía. Llámela vd si quiere, que me va a dar la razón, argumenta sin alterarse demasiado. Parece que la mujer se rinde y la que le atiende la acompaña a la puerta. Ahora parece que se reconcilian. Pienso allí mismo si alguna vez has tenido alguna situación similar. Si se te ha puesto alguien agresivo.

En esto anuncian mi número "Ti-Tu" A-38, Mesa 13. Buen número. Me falta una fotocopia. A pesar de que hay un cartel con "No se hacen fotocopias", me la hacen sin problemas. Muchas gracias, es muy amable. De nada.

Termino mi gestión y me despido. Hasta luego.

Jesús Miramón dijo...

Mi paisaje laboral es muy diferente al de las grandes ciudades. Trabajo en una agencia comarcal y muy pequeña, Paco. Allí somos cuatro trabajadores y ni las mesas ni las personas que esperan tienen número, allí hacemos todas las fotocopias que hagan falta y llamamos por teléfono a donde haga falta y consultamos en internet la información que haga falta y hablamos con las personas el tiempo que haga falta. Atiendo a muchísimas personas de otros países, en eso sí coincidimos con las grandes oficinas de las capitales, pero todo lo demás es muy distinto.

No, nunca he tenido problemas de agresividad con mis clientes. Lo más que me ha pasado es que alguien llegara gritando pero poco a poco, hablándole en voz baja (recursos del oficio), todo quedó en nada. Lo más importante es que se den cuenta de que yo, nosotros, sólo queremos ayudarles.

Me alegro de que fuesen amables contigo. En lugares tan enormes es fácil perder la perspectiva que nos permite ver a las personas "de una en una".

Ángela dijo...

Jesús, sé de lo que hablas. Y veo muchos de estos heridos de guerra, unos con heridas más profundas, otros con menos. Heridas físicas y mentales. Vivo en un país donde cada generación ha hecho una guerra. Veo hombres permanentemente vestidos con prendas de camuflaje o similares, con boinas llenas de insignias, con toda clase de símbolos de una guerra que sigue dentro de ellos, que nunca han podido abandonar, la guerra de Vietnam. Y luego están los jóvenes, regresados de Irak con el espanto metido hasta el tuétano.
Sí, muchos están locos, sus cerebros ya heridos para siempre, pero saben mucho de las personas y de muchas cosas que al parecer solo se aprenden cuando se ha descendido a los infiernos.
Y da mucha pena, claro que sí, de ver tanta vida malgastada, tanto daño infligido.

NáN dijo...

solo digo que me he quedado impresionado y apenado.

Jesús Miramón dijo...

A veces pienso que en estos tiempos la única esperanza reside en la relación que cada uno de nosotros podamos establecer con nuestros semejantes más cercanos (cercanos por relaciones familiares, laborales, vecinales, corales, casuales). Cada uno de nosotros podemos ser el inicio y el destino de ondas concéntricas, es importante saberlo.

Begoña dijo...

Nunca sabemos realmente a quién tenemos enfrente atendiendo al público. Eso lo sabes tú y lo sé yo. El respeto es fundamental. Con los prejuicios no llegas a ningún sitio y las sorpresas que te puedes llevar son mayúsculas. Una gran entrada.
Begoña.

Jesús Miramón dijo...

Y esa es una de las cosas que hacen que nos guste nuestro trabajo. Gracias, Begoña. Un beso.