lunes, 26 de noviembre de 2012

Sin título

Yo quiero ser tú.

17 comentarios:

Teresa dijo...

Pues chico... No te arriendo la ganancia... :-)

۞ Rociolat ۞ dijo...

Hummm! Jesus, pues no te lo aconsejo, soy muy emocional casi a diario al borde las lagrimas, ademas soy mujer y se supone que las mujeres conducimos mal el coche, no sabemos aparcar y parimos con dolor...


Besos Jesus

Anónimo dijo...

¿Seguro?... pero si no sé cantar! ;)

Ángela dijo...

¡Qué casualidad! Yo también quiero ser yo.

Jesús Miramón dijo...

Hablo de curiosidad, también de comunión. No es que pretenda ni quiera dejar de ser yo sino que siento una curiosidad insaciable por querer saber quién o qué eres tú. ¿Nunca te ha pasado ir a cenar a un restaurante tailandés, por ejemplo, y por un momento imaginarte siendo tú el cocinero, viviendo su vida, teniendo sus hijos, su pasado y su presente? A mí sí, a mí eso me pasa constantemente, y no necesariamente en situaciones idílicas nada más. No sé, acaso en vez de escribir "Yo quiero ser tú" debería haber escrito "Todos somos tú", o también: "Yo soy todas las personas del mundo".

Portorosa dijo...

¿Te pasa constantemente lo de ir a un tailandés e imaginarte siendo el cocinero?
Joder, vaya vida más extravagante que llevas... :)

Bromas aparte, es muy interesante tu reflexión. Porque, efectivamente, hay un interés inagotable en los demás, ¿no?, en conocer y entender a otros.

Un abrazo.

Ángela dijo...

Claro, claro, Jesús, por eso precisamente te he comentado que yo también quiero ser yo, porque esa misma curiosidad se siente por uno mismo, esa misma comunión puede suceder con uno mismo.
Yo nunca he ido a un restaurante tailandés, je, je.

Jesús Miramón dijo...

Ese interés en los demás, ese querer ser también los otros, es, además de un atributo principal de nuestra especie, un acceso a nuestro propio conocimiento, no podemos saber qué somos sin la mirada de los demás, sin el intercambio.

En cierta ocasión entrevistaban a un joven que había recorrido el desierto de Gobi en bicicleta, un viaje en solitario durante semanas y semanas, cuando el periodista le dijo: "Al viajar solo aprendió usted a conocerse a si mismo, ¿verdad?". "No", contestó él, "todo lo contrario, no fue hasta que encontré a otras personas cuando volví a ser consciente de quién soy. Antes, durante el viaje, no tenía ningún espejo en el que mirarme".

Luego está la imaginación, ¿qué tipo de miedo debe sentirse en una patera abarrotada de gente a merced del mar en medio de la noche? ¿Cómo debe ser vivir del negocio de un picadero de caballos en medio del campo? ¿Podría soportar yo trabajar en un banco obligado a vestir traje y otras cosas peores? ¿Cómo debe de ser ser holandés, hablar holandés, haber nacido en holanda? Y no acabaríamos nunca porque cada ser humano es un planeta inmenso, incluso los que no lo parecen.

No sé, creo que nunca un post tan breve (y mira que los he escrito breves en Las cinco estaciones) apuntaba tan alto. No sé cual es el motivo de que yo, aunque la longitud de este comentario me contradiga, siempre intente expresar lo máximo con lo mínimo.

Un abrazo a todos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Supongo que siempre llevas la poesía en la cabeza, lo máximo con lo mínimo, y la edad, que nos hace, a veces, más sabios.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, José Luis.

giovanni dijo...

Yo soy tú y tú qué eres?

Un abrazo

giovanni dijo...

Una pequeña variación:
Yo soy tú y tú quien eres?

Me gustaron tus comentarios y los de los comentaristas.

Jesús Miramón dijo...

Soy un ser humano y soy, evidentemente, tú.

Un abrazo, Giovanni.

Elvira dijo...

A mí también me ha gustado todo mucho. Besos

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Elvira, y buenos y fríos días.

A filla do mar dijo...

Yo, que soy muy tendente a la tristeza vital relacionada con "el otro", pienso mucho (demasiado, supongo) en lo que el otro significa para mí y yo para él.

Ese es, para mí, el gran misterio.

Al final, concluyo que me gustaría ser el otro para verme y saber qué soy yo para los demás.

(Puro egoismo e inseguridad...)

Un beso, Jesús.

Jesús Miramón dijo...

Vernos desde los ojos de otra persona, no reflejarnos en su mirada sino vernos directamente desde ella... qué interesante planteamiento. Tal vez deberíamos sentarnos delante de la persona en cuestión y hacerle una serie de preguntas breves sobre nosotros, incluso un examen tipo test. Un ejemplo: ¿Crees que soy... a: triste, b: alegre, c: oscuro, b: luminoso?

De todos modos en cómo reacciona la gente junto a nosotros podemos adivinar algo. Sobre todo si se echan a correr... :-)

Un beso, M.