jueves, 3 de marzo de 2016

Naves

Con el debate político español sonando y resonando en mis oídos salgo a fumar a la terraza de nuestro piso en Zaragoza. No siento frío, aunque he de precisar que mi percepción del frío es similar a la de un oso polar.

El viento agita la copa de las palmeras y pinos de los jardines residenciales donde duermen las ruidosas cotorras argentinas que desde hace años colonizan la ciudad.

Desde mi atalaya observo a los vecinos que han sacado a pasear a sus perros. Sobre los edificios las nubes navegan impulsadas por el cierzo. La luz de la gran ciudad se refleja en ellas transformándolas en el vientre de inmensas naves extraterrestres.

4 comentarios:

giovanni dijo...

Veo toda la escena como si fuera un film... No, la veo aún más claramente que un film. La hago mío. Sos un milagro!
Che, qué macanudo esa invasión argentina. Y vos, qué pensás?

giovanni dijo...

Me intrigó la cotorra monje o argentina. Wikipedia dice: Es originaria de Sudamérica, de la zona centro y sur, desde Bolivia y Brasil hasta Argentina, Paraguay y Uruguay. Las introducciones por parte del humano, al comprarla enjaulada y liberarla después, la han extendido por numerosos países de América y Europa, como Chile, Canadá, EE. UU., México, Francia, España, Italia, etc.3 En Argentina originariamente se encontraba solo hasta el sur de la provincia de Córdoba pero, con el avance del hombre y la forestación que tuvo lugar en la pampa húmeda, hoy día se hallan colonias hasta en el sur de la provincia de Buenos Aires, lo que hace notar su enorme capacidad de adaptación a otros climas y ecosistemas.

Se encuentra también en Holanda. No creo que el clima acá es muy diferente del de ustedes (vosotros). Aquí hace menos frío en invierno, creo. Y allá (donde tú vives) hace más calor en verano.

Vivo en un país con menos extremos.

El que no tiene blog dijo...

Las cotorras esas pueblan mi barrio
de mañilandia,
son como muchos políticos
arman mucho ruido
y lo peor son sus cagadas.

Abrazos compañero.

Jesús Miramón dijo...

Nunca han dejado de haber movimiento de especies animales entre países y continentes, aunque ahora algunas hayan llegado como animales domésticos que posteriormente escaparon o fueron liberados (como la cotorra argentina, en España tenemos hurones americanos e incluso he leído que comienza a crecer la población de mapaches... ). Ya sucedió en su día con el cangrejo de río americano, que trasladó hasta su casi extinción al cangrejo de río ibérico que cuando de niños pescábamos y luego comíamos fritos.

En Binéfar había muchas tórtolas turcas, una especie que, de modo natural, no traída por los seres humanos, se ha ido extendiendo por el Mediterráneo hasta alcanzar algunas zonas de la península y van ocupando poco a poco el nicho de las palomas comunes.

Todo cambia, todo muta sin cesar (como nosotros).

Abrazos.