jueves, 21 de abril de 2016

Palacios

A esta hora la luz del sol que comienza a desaparecer detrás de mi casa se refleja en la fachada del edificio al otro lado de la calle. Es un edificio común, más viejo que el mío, feo de solemnidad, y sin embargo cómo refulge su anodina fachada iluminada por la última luz del día.

Sí, lo sé: lo he escrito antes, no es nada nuevo (tras mucho tiempo circunvalando la isla he regresado a la playa donde todo lo que escribo lo escribí antes), pero ese feo edificio en el que viven seres humanos tan feos y comunes como yo, durante unos minutos se convierte, cada tarde, en un luminoso palacio lleno de milagros.

8 comentarios:

JL Ríos dijo...

Mis mejores fotos creo que son las que he hecho de lo conozco bien, y tus mejores textos creo que también.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Mil gracias, José Luis. Un abrazo fuerte.

giovanni dijo...

Me encanta esa imagen de luminoso palacio lleno de milagros y para mí la puedes describir tantas veces que quieres y cada vez gozaré de nuevo.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Giovanni. Un abrazo muy fuerte.

añil dijo...

Supongo que como nosotros, ratos de luz y ratos de sombra. Lo maravilloso de esta historia llamada "vida" es poder saborear a fondo los de luz, aunque sea en una casa fea.
Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Un beso grande, Añil.

NáN dijo...

Desde que cambia la hora, mi compañera saca todos los atardeceres una foto desde el balcón. Abajo, los jardines de un palacio, esta vez sí un palacio real, el de la Duquesa de Parcent (http://www.nationalgeographic.com.es/medio/2016/02/19/98726a9apalacio_de_la_duquesa_de_parcent_1000x665.JPG), que en la época de la foto de internet estaba muy soso.

Si hay mucha luz, hace las fotos hacia el Este, con las sombras de los árboles proyectándose en los edificios orientales, pero si hay casi oscuridad, hacia las casas de enfrente, con las luces ya encendidas: dan ganas de ir allí, llamar en cualquiera de ellas y pedir refugio. En tonces piensan que los vecinos de enfrente, por encima del jardín, verán nuestra casa igual de acogedora.

Esa colección de fotos digitales, para nuestro uso y disfrute, nos produce mucha alegría. Es el reflejo der sol poniente de la primavera y principios del verano: espectacular y palaciego.

Jesús Miramón dijo...

Entre otras muchas cosas: disfrutar de los amigos, comer, beber, follar, leer, cocinar, pasear por el campo, hay algo que a mí, desde muy joven, siempre me ha parecido importante (sabiendo lo efímero de nuestra existencia): dar testimonio, siquiera doméstico; dejar migas en el camino. Somos exploradores de nuestra experiencia, de este extraño privilegio o condena que es vivir en este mundo, y por eso hacemos mapas, fotografías, escribimos diarios. Todos lo hacemos. Es algo que me conmueve.

Un abrazo, Nán.