viernes, 27 de mayo de 2016

Abejarucos

Todos esos campos de cebada y trigo inundados de amapolas son un fracaso del agricultor. Uno de ellos me lo confirmó el otro día: las amapolas son un fracaso. El rendimiento económico no entiende de belleza ni de lujos semejantes.

Los apicultores odian a los abejarucos que masacran las colmenas para alimentar a sus polluelos. Poco importa que sean una de las aves más hermosas de las que regresan desde África cada año: se alimentan de abejas.

Yo compro mi comida en el supermercado. Lo hago con indiferencia, yendo de una sección a otra empujando mi carrito sin belleza alguna.

2 comentarios:

JL Ríos dijo...

Parece que este año hay más amapolas que otros, aunque no tengo pruebas. Los agricultores de ahora son diferentes a los de hace... cincuenta años, y supongo que es difícil conciliar la parte estética con la parte económica, sólo hay que pensar en lo impresionante, y tú lo has vivido como yo, de una tormenta con piedra, y el daño que causa, por poner un ejemplo contundente.
Pero no deberían ser, las dos miradas, antagónicas. Me he preguntado muchas veces qué querían decir mis familiares agricultores cuando decían; "Esto, esto, esto es... precioso", refiriéndose a lo que en ese momento ambos mirábamos, que puede no fuera lo mismo.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Siento parecer radical (aunque siempre lo he sido, a mi pesar), pero yo sí creo que son miradas antagónicas. Hace muchos años que trato con agricultores y ganaderos. Un campo de cereal "infectado" de amapolas no les resulta tan bello, aunque no dudo que puedan admitir su hermosura paisajística, como a quienes no tenemos nada que perder con ello. Es su trabajo, su medio de vida. También rehuyen lo que vive detrás de la mirada de los animales que envían al matadero.

Entre la contemplación y el cálculo de beneficios económicos, sin condenar en absoluto estos últimos, existe una diferencia casi insalvable. Plantaron y arrancaron en función de las subvenciones de la Unión Europea. Y lo entiendo. Para ellos un perro pastor es una herramienta, no una mascota. Una mascota es un lujo que, como todos los lujos, no sirve para nada que aparezca en la declaración de Hacienda.

Conozco a muchos agricultores y ganaderos y les respeto mucho. Todo lo que compramos en supermercados y tiendas proviene de lo que ellos producen. Ellos, literalmente, nos alimentan a todos. Y, por mi experiencia de muchos años, te diré que son personas prácticas, a veces demasiado prácticas. ¿Conciliar la parte estética con la parte económica? Jamás se les ocurriría. Sé que estoy generalizando con excesiva facilidad, pero es lo que me atrevo a decir después de tratar con centenares de ellos a lo largo de todos estos años. Y lo comprendo. Es su trabajo. Un campo de trigo cubierto de amapolas es un pequeño fracaso, ¿quién podría negarlo?

Miradas antagónicas: los fotógrafos y poetas no tienen nada que perder, sólo dan testimonio. No hacen declaraciones trimestrales a la Agencia Tributaria. Pasean por los campos.

Un abrazo.