viernes, 13 de enero de 2017

Lázaros

Cada noche nos reiniciamos. Cerramos los ojos, nos olvidamos del mundo y, como los androides orgánicos que somos, dejamos que el cerebro comience a trabajar en la oscuridad sin la molesta presencia de nuestra consciencia, dejando que por su propia cuenta asuma las miles de tareas de mantenimiento que necesitamos: desechar la basura en forma de sueños, reordenar los recuerdos en forma de sueños, fijar en su sitio las cosas necesarias a través de los sueños, salvar lo imprescindible para cuando volvamos a ponernos en funcionamiento y nos levantemos de la cama y nos duchemos y salgamos al aire gélido, los charcos de hielo, el humo de nuestros pulmones flotando frente a nuestra boca al respirar, los pequeños y saltarines gorriones que se apartan tan cerca de nosotros cuando avanzamos hacia adelante.

2 comentarios:

JL Ríos dijo...

Pues sí, es como un milagro, más ahora que duermo cada vez menos.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Yo todavía duermo bien. Los fines de semana, acostándome tarde, puede levantarme tranquilamente a las once de la mañana. Y todo vuelve a empezar. Un abrazo.