martes, 9 de agosto de 2022

Hidroavión

No encuentro metáfora capaz de expresar este mes de agosto de dos mil veintidós. Un mundo en guerra se enfrenta, además, a las consecuencias inmediatas, aquí, en la puerta, ya dentro de casa, del cambo climático ocasionado por la actividad humana en los últimos dos siglos de nuestra insectívora existencia.

¿Por qué adjetivo nuestra existencia como insectívora? Porque la comparo al peso de uno de nuestros pasos sobre un hormiguero que todo lo deshace y rompe y condena sin ser conscientes siquiera.

Por mi naturaleza hubiese preferido un final frío, una glaciación, la que tocaba en realidad, a la que yo hubiera sobrevivido sin duda alguna. Pero el destino de nuestro planeta, que intenta defenderse de nosotros, va en dirección contraria: en varias generaciones España será una continuación del Sáhara.

No quiero atormentarme, espero que nuestros hijos se adapten como se adaptaron los beduinos y los esquimales; espero que sus maravillosas inteligencias, cuando sus padres ya no existamos, encuentren el modo, la manera. Poca cosa puedo hacer yo sentado ante esta mesa blanca escribiendo. Creo en nuestros hijos sin duda alguna.

Mientras tanto las hélices del ventilador giran refrescando mi frente. He escrito tantas veces sobre ellas. Mi hidroavión sin hidroavión. Alaska, la Antártida.

2 comentarios:

Fackel dijo...

Me temo que las cosas van por ahí. Hoy mismo leo sobre el deshielo en los ya reducidos glaciares pirenaicos. Si el desencuentro de la política hispana no fuera tal acaso podría corregirse algo. De momento ya vemos que cualquier medida correctora, siempre menor y modesta, es atajada por los palos en las ruedas de los tradicionales propietarios del pasado y del presente. A bue entendedor. Salud.

Jesús Miramón dijo...

Hasta que no tengamos consciencia de nuestra identidad planetaria (tan lejos ahora con los bloques geoestratégicos, Putin, EEUU, China, Europa, las guerras africanas y asiáticas, Afganistán, las religiones); hasta que no tengamos consciencia de nuestra diminuta e insignificante presencia en la galaxia, en el cosmos, no podremos dar marcha atrás. Incluso si pudiésemos hacerlo mañana creo que la inercia de destrucción es tan inmensa que tampoco serviría de nada. Es muy duro aceptar que nuestros descendientes vivirán la extinción de su especie. Pero así sucedió con otras, y volverá a suceder cuando no quede recuerdo de nosotros.