domingo, 11 de mayo de 2008

Un nido de palomas

En uno de las maceteros de obra de la terraza del salón, justo debajo de los nidos colgantes de los vencejos, se ha instalado una pareja de palomas comunes. Esta tarde he comprobado que ya hay dos huevos. Hace tiempo que se secó el arbusto de hortensias y me alegra pensar que otra forma de vida ha ocupado su lugar. En mi casa somos un desastre para las plantas, nunca nos acordamos de regarlas y se mueren o desarrollan mutaciones que les permiten sobrevivir por sí mismas; sin embargo no se nos dan mal los animales salvajes: palomas callejeras, salamanquesas, hormigas, arañas, etcétera.

Ya cuando vinimos a vivir aquí, hace seis o siete años, había un nido de palomas en la jardinera exterior de la ventana de la galería de la cocina. Durante unos segundos tuvimos en cuenta la posibilidad de acabar con él, pero ¿quiénes eramos nosotros para hacer algo así? De hecho, si lo pensábamos bien, las palomas estaban en la casa antes que nosotros. Decidimos darles una oportunidad y la aprovecharon: los pollos nacieron, feos y estrambóticos, engordaron, se cubrieron de plumón, crecieron, desarrollaron las hermosas plumas de los adultos, se fueron volando. Paula y Carlos asistieron a todo el proceso, disfrutaron mucho y pienso que tal vez aprendieron algo, no sé. Esta vez actuaremos del mismo modo, dejaremos que la naturaleza siga su curso. Desde mañana hasta que los pichones se vayan volando.

jueves, 8 de mayo de 2008

Una señora polaca

Por la tarde atiendo a una señora polaca. Tiene cierto aire antiguo, el pelo corto y teñido de rubio, un pantalón de pinzas de color gris que le llega más arriba del ombligo. Trabaja en el campo y sus manos son fuertes, de dedos encallecidos, las uñas cortas y romas. Es educada, amable, pausada. Al sonreír muestra la ausencia del segundo premolar del lado izquierdo de su boca. Cuando termina la consulta se levanta, me da las gracias, le respondo que no hay de qué, sale a la calle. Pienso en Wislawa Szymborska.

Juguetes

Ayer por la mañana me entregaron mi nuevo portátil, un precioso, blanco y flamante MacBook de Apple (vuelvo a casa). También en estas cosas soy un hombre vulgar: me encantan las máquinas, los coches, los ordenadores, las cámaras fotográficas, todos esos juguetes.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Chimpancé

A mis hijos les digo una sola cosa: todo lo que os va a pasar, sea lo que sea, será extraordinario.

Y al decirles la verdad intento abarcar entre los brazos tantos frutos que, como le sucedía a un chimpancé que vi una vez en un documental de televisión, cuando recojo uno se me caen dos o tres, o cuatro, o cinco. Agradecimiento. Curiosidad. Placer. Dolor. Exploración.

martes, 6 de mayo de 2008

Sin título

No sé qué ha sucedido pero el sistema de iluminación de las calles de Binéfar se ha apagado durante un rato, no funcionaba. Sí lo hacía, curiosamente, el de las casas, cuyas ventanas eran las únicas fuentes de luz en medio de la noche. Los cuatro nos hemos asomado a la terraza. Resultaba extraño verlo todo tan oscuro. Yo no llevaba más que un pantalón corto y he sentido frío en la espalda desnuda. En realidad, ahora que ya se ha solucionado, me doy cuenta de que las farolas sólo emiten un fulgor amarillento que baña las fachadas y los muros; parece mentira que tan poca cosa pueda, sin embargo, hacer invisibles la mayoría de las estrellas que salpican el firmamento y que durante el apagón han resucitado, muertas hace millones de años, con tal conmovedor anhelo de eternidad.

domingo, 4 de mayo de 2008

Un puente de mayo

1.

Los habitantes de las grandes ciudades se van a ciudades y pueblos más pequeños. Los habitantes de los pueblos que hacen puente acuden a las ciudades grandes a comprar y comprar y comprar. Las carreteras están colapsadas por lo coches. Ya hace calor. El cielo es azul cielo. Los campos son verdes (levánteme, madre, al salir el sol, fui por los campos verdes a buscar mi amor, fui por los campos verdes a buscar mi amor).

2.

Sé que la idea es ridícula, pero tras varias horas en el centro comercial rodeado de centenares, probablemente miles de seres humanos de rostros desconocidos, envuelto en la música ambiental más abyecta que uno pueda imaginar, asaltado por el zumbido invisible de la electricidad estática que emiten toneladas de plásticos y tejidos, siento ganas de ponerme a gritar como un animal salvaje, gritar y gritar y gritar. Pero Maite y Paula parecen estar pasándoselo bien, de hecho evitan mirarme para que el color cetrino de mi piel y mis ojos hundidos por la miseria no les amargue su día de compras. Oh, misericordia.

3.

Sobre la mesa, bajo el porche, hay costillas y chuletas de cordero a la brasa de sarmientos, salchichas, chistorra, patorrillo, pimientos rojos asados aliñados con ajo crudo picado y aceite de oliva virgen, ensalada de lechuga y cebollas tiernas recién recolectadas, espárragos cocidos, vino Plandenas. En el aire del huerto de mis padres flotan, igual que la nieve, algodonosas semillas de chopo. Celia y Olivia, mis adorables sobrinas pequeñas, van también de aquí para allá, tan ligeras e inocentes como aquellas.

4.

Teresa sale al escenario, saluda inclinándose hacia adelante y se sienta frente al piano de cola. La primera vez que la vi tocar, en el Conservatorio de Monzón, ella debía de tener quince o dieciséis años. Maite me dijo que una alumna suya del instituto daba un concierto de piano y fuimos a verla. Me quedé asombrado, estupefacto. Han pasado diez años, ella estudió la carrera musical con los máximos honores, ganó una importante beca de veinte mil euros que le abrió las puertas de Salzsburgo, está al principio del camino. El concierto de esta tarde ha sido un regalo, un verdadero lujo. Yo sé, si sucede lo que le deseo y sin duda alguna merece, que en años futuros será difícil que encuentre tiempo para tocar para nosotros, en este rincón del mundo.

miércoles, 30 de abril de 2008

Pello Azketa

Descubrí a Pello Azketa a través de una maravillosa película documental de Mercedes Álvarez, El cielo gira, en la que él participa. Absolutamente recomendable, una verdadera joya.

Pello Azketa. La senda, óleo sobre lienzo, 1997.


El cielo gira