jueves, 19 de enero de 2017

Oración de la nieve

Nieva en toda España menos aquí.  Nieva en las altas montañas y también en las playas de Levante, al nivel del mar.  Yo miro de vez en cuando a través de los visillos como un viejo loco solitario pero no, la luz de la farola no refleja nada, se limita a iluminar el río y los edificios del otro lado.

Quiero que nieve en Barbastro, oh, señora. Que la blancura de su manto limpie nuestros pecados, oh, señora mía.  Oír aquel sutil crujido bajo los pasos de mis botas.  ¿Por qué nieva donde nunca lo hizo y no aquí, en las faldas de unos Pirineos que ahora mismo no saben qué hacer con tanta nieve?

Sé, mi señora, que mis oraciones no servirán de nada porque, básicamente, no creo en ti, hija de la Diosa, una y trina, pero tampoco pierdo nada con intentarlo.

Aprovecho, por si acaso existieras, para decirte que no soy bueno.  Y aprovecho también para decirte que, dejando a un lado mi afición al whisky y el bourbon, el sexo ocupa gran parte de mi pensamiento, aunque, ahora que caigo, no obligo a nadie a hacer nada que no quiera hacer, así que tal vez, incluyendo mi autosatisfacción, no cometo ningún pecado. Olvida todo lo que te he dicho.

Nieva en toda España menos aquí. Lánguidamente cae la nieve junto al mar pero no aquí, y lánguidamente cae lejos de mí, en un mundo nocturno y frío que conozco limitadamente. Poco a poco todos nos convertiremos en sombras, pero, joder, quiero que nieve en Barbastro: uno, dos días, lo justo para escuchar el crujido de la nieve durante un paseo por el campo.  Vivir el mundo como si fuese de nuevo la primera vez.

domingo, 15 de enero de 2017

Secretos

El secreto de la verdadera felicidad consiste en olvidar. Y lo mejor de todo es que nacemos de manera natural con él: los niños no recuerdan nada, los jóvenes viven el presente sin apenas recordar nada y, a medida que, año tras año, comenzamos a acumular recuerdos, la felicidad genuina se va a la mierda porque ninguna vida adulta es perfecta, porque aparecen los triunfos y las derrotas, la desesperanza y los anhelos y, sobre todo, su recuerdo.

Por eso las drogas tienen tanto éxito.  Y cuando hablo de drogas hablo del alcohol, que conozco y consumo.  Y cuando hablo de drogas hablo de videojuegos, por ejemplo, de los que no tengo ni idea.  Y cuando continúo escribiendo de drogas hablo de muchas sustancias (cocaína, heroína) que, por suerte o por desgracia, desconozco.

La literatura, el cine, un buen poema, el sexo: ¿qué son sino presente puro? ¿Qué son sino olvidarlo todo?  Tengo cincuenta y tres años y ya casi nada me da vergüenza. A veces tengo la sensación de que mañana podría salir a la calle a cinco grados bajo cero totalmente desnudo para tirar la basura en sus correspondientes contenedores.  Seguramente mis genitales, a esa temperatura, serían casi invisibles, y yo me reiría.

La semana pasada fui a la consulta de mi guapísima otorrinolaringóloga y me confirmó que mis acúfenos, ese pitido agudo que reside permanentemente en mi cerebro, no tiene solución en este momento de la ciencia.  Me hicieron un escáner de la cabeza que descartó un tumor, y después ella quemó un último cartucho con una medicación que no dio resultado.  En su opinión el único remedio es la rehabilitación para que mi cerebro desprecie ese sonido, que deje de escucharlo cuando así yo lo desee.  Suena esperanzador pero no entra en el seguro y debería viajar a Huesca para cada sesión y tampoco garantiza un resultado óptimo: tendría que enseñar a mi cerebro a escuchar lo que yo quisiera escuchar y no otra cosa, algo que, conociendo mi estado de alerta permanente, no soy siquiera capaz de imaginar que sea posible.  Me lo estoy pensando.

viernes, 13 de enero de 2017

Lázaros

Cada noche nos reiniciamos. Cerramos los ojos, nos olvidamos del mundo y, como los androides orgánicos que somos, dejamos que el cerebro comience a trabajar en la oscuridad sin la molesta presencia de nuestra consciencia, dejando que por su propia cuenta asuma las miles de tareas de mantenimiento que necesitamos: desechar la basura en forma de sueños, reordenar los recuerdos en forma de sueños, fijar en su sitio las cosas necesarias a través de los sueños, salvar lo imprescindible para cuando volvamos a ponernos en funcionamiento y nos levantemos de la cama y nos duchemos y salgamos al aire gélido, los charcos de hielo, el humo de nuestros pulmones flotando frente a nuestra boca al respirar, los pequeños y saltarines gorriones que se apartan tan cerca de nosotros cuando avanzamos hacia adelante.

miércoles, 11 de enero de 2017

El océano es grande

Este texto que estás leyendo pertenece a un blog personal. Sí, ya sé que lo sabes (tal vez desde hace muchos años), pero permíteme que continúe: como es personal y, por otra parte, no me procura ningún beneficio económico, su continuidad depende única y exclusivamente de mi intención primera, aquella con la que empecé a escribir Innisfree en mayo de dos mil cuatro: dar testimonio de la vida cotidiana de un hombre corriente. ¿Para qué? Para dejar constancia de que vivir no deja de ser, al fin, sino un acto de comunión.

En los últimos días uno de los blogs que más me gustaban se ha cerrado sólo a invitados, y por otra parte otro de mis descubrimientos de los últimos meses de dos mil dieciséis ha hecho caso omiso a mis comentarios y cartas. ¿Y sabéis qué? Lo comprendo. Lo comprendo por lo mismo que escribí la primera frase de este post: "este texto que estás leyendo pertenece a un blog personal". Son casos diferentes pero acepto el desenlace. El océano es grande. Las echaré de menos durante un tiempo pero el océano es grande. No existe mayor respeto que ejercerlo. P. V. decidió tal vez que se estaba exponiendo demasiado: lo respeto. N. F. trabaja y no tiene por qué perder el tiempo con desconocidos: lo respeto muchísimo y lo comprendo.

Yo no sé hasta cuándo seguiré escribiendo en Las cinco estaciones. Debió haber terminado hace tanto tiempo que cualquier intención de futuro carece ya de fundamento.  Soy, mientras escribo, el hombre más idiota el mundo.

domingo, 8 de enero de 2017

Este mundo

Por la mañana fui a tirar la basura.  Hay una calle donde están todos los tipos de contenedores de reciclaje que existen en este momento del siglo XXI: vidrio, cartón, plástico, incluso aceite usado y prendas que ya no se utilizan.  Vacié las bolsas y cajas en sus respectivos lugares y de pronto miré a mi alrededor: vi ropa colgada en tendedores frente a ventanas pequeñas, vi la copa desnuda de los árbolillos de la acera, los dibujos infantiles en la fachada del colegio de primaria, el cielo tan azul más arriba del maravilloso frío que convertía mi aliento en humo del tabaco que no fumo; miré mis botas sobre el suelo, la vieja Citroën Picasso de casi trece años ronroneando como el primer día a mi lado, y tuve ese momento Matrix, La vida es sueño,  El show de Truman, ¿qué cojones se supone que estaba sucediendo en ese momento? ¿Qué era verdad y qué no lo era?  ¿Qué era real y por qué?

Sin respuesta alguna subí al coche y me detuve en la panadería donde trabaja Laura.  Todavía le quedaba un pan de hogaza.  Los hornea con fuego de leña su jefe, un panadero marroquí de Graus, y es buenísimo.  Nos saludamos con simpatía, Laura me envidió por poder dormir un domingo hasta las once de la mañana y después nos dijimos adiós, nos deseamos un buen día y regresé a este mundo.

sábado, 7 de enero de 2017

Bourbon

M. corrige exámenes a mi lado y yo bebo bourbon mientras escribo (otro buen deseo que deberá esperar: dejar de beber bourbon).  Y el hecho es que el tiempo fluye sin fisuras, tranquilamente, uno al lado del otro, y nada más.  No haré ningún panegírico del amor, la pareja, la increíble suerte de haber encontrado a alguien entre miles de millones de personas en el mundo compatible conmigo.  Sólo escribo que ella corrige sus exámenes a menos de cuarenta centímetros de mí mientras yo redacto estas cuatro palabras que intentan expresar algo parecido a la calma, la felicidad.

viernes, 6 de enero de 2017

Reyes magos

Los reyes magos atravesaron el desierto sobre sus camellos hasta llegar a la orilla del mar. Era de noche y en la arena de la playa no les esperaba nadie: ninguna taza de leche, ninguna galleta, ningún árbol de navidad en kilómetros a la redonda. Sin cambiarse de ropa descabalgaron y caminaron hacia las olas que golpeaban la orilla, adentrándose paso a paso bajo las aguas del mar y así avanzar kilómetro a kilómetro a través de valles y llanuras submarinas pisando sin querer miles de cadáveres de adultos y pequeños, todo ese terrible cementerio.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Metáforas

He pasado algunos días en bucle con pensamientos que todavía no he logrado conseguir expresar (de ningún modo). Es frustrante y angustioso que mi pensamiento pueda viajar delante de mí.

Regresando de Zaragoza a Barbastro la temperatura del termómetro del coche descendía y descendía kilómetro a kilómetro mientras los arbustos y árboles del campo iban convirtiéndose poco a poco en figuras de hielo blanco bajo un cielo sin sol. Escarcha helada: mi felicidad.

Jamás imaginé que a los cincuenta y tres años me sentiría tan inseguro como a los diecisiete o dieciocho. Bueno, seguramente eso es un problema en una persona de mi edad. No sé. Es lo que siento.

Hay algo distinto en cualquier caso: mi fuerza física, mi brutalidad. Peso ciento seis kilos y soy capaz de levantar y destruir casi cualquier cosa. No hago ejercicio, el mérito sólo se debe a mi volumen. En cierta ocasión el mecanismo de la persiana de mi lugar de trabajo se rompió y empezó a descender cada vez más deprisa con clientes dentro y fuera de la oficina. Me levanté de mi silla rápidamente y la levanté hasta darle la vuelta en el tambor y romperla de tal modo que los técnicos que tuvieron que venir a sustituirla no podían creerlo. Mis compañeras siempre se acuerdan de ese momento. Dicen que fue como si de pronto me hubiese convertido en un monstruo. Jamás he usado la violencia contra otra persona pero sé que, en un momento dado, para defender a las personas que amo sería capaz de cometer las barbaridades más atroces. No tengo la menor duda de ello.

A veces pienso que nací en el único umbral histórico que me ha permitido llegar tan lejos. En casi cualquier momento de la evolución de mi especie no hubiese durado un suspiro. Siento más que pienso y eso, en una naturaleza inteligente, no lleva sino a una tan honrosa como temprana desaparición del escenario.

Termina un año y comienza otro nuevo. No el musulmán, no el chino, no el azteca, no el de los millones de planetas habitados por especies con conciencia que flotan en el universo sintiéndose tan solos como nosotros. Termina un año, comienza otro y yo, un hombre de cromañón como cualquiera, decido que semejante estupidez es importante de algún modo. Metáforas. ¿Existirán más allá de nosotros en alguna parte?

martes, 27 de diciembre de 2016

Júpiter

Un momento, todavía
no nos ha alcanzado
el uno de enero del
inminente nuevo año que
se precipita a toda velocidad
hacia nosotros.

El reinicio definitivo
no ha empezado todavía.

Ese lunes gigantesco
como Júpiter.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Después del ensayo

Después del ensayo vamos al Chanti a tomar unas cervezas. La niebla que ya casi había olvidado inunda las calles de Binéfar, sus minúsculas gotas flotantes en la oscuridad parecen copos de nieve a la luz de los faros del coche. Y todo es como si, en vez de haber transcurrido años, hubiese sucedido ayer. En el bar hablamos de lo humano y lo divino con la pasión de ayer, y la camarera aguarda a que terminemos nuestras consumiciones para cerrar el local con la misma resignación de ayer.

Creo que mi travesía del Cabo de Hornos termina justamente aquí, regresando al coro, a los ensayos, a la música, a las personas que me han abrazado y besado con tanta verdad que he tenido que hacer un esfuerzo para disimular mi emoción; mi complicada y ardua travesía del Cabo de Hornos termina realmente esta noche, volviendo al Chanti después de cantar y cantar y cantar.