lunes, 15 de julio de 2024

El calor de verdad

Ha llegado el calor de verdad, el calor que nos deshumaniza y convierte en animales buscando sombra y agua y consuelo. A esto hay quien le llama "buen tiempo", algo que jamás comprenderé, pero que convierte a España en uno de los destinos más visitados en el infernal verano.

Desde que Maite, profesora de secundaria, se jubiló el año pasado, afortunadamente ya no tenemos que tomar vacaciones en julio y en agosto, así que trabajaré todo el verano envuelto en el aire acondicionado de mi querida oficina de información del instituto nacional de la seguridad social de Barbastro. Es maravillo pasar la mañana sin sudar y sin buscar sombras que alivien el sufrimiento.

Odio el verano español con toda mi almaa, lo odio. Centenares de personas mueren cada año por su culpa, sobre todo ancianos. El verano, en estas latitudes, es una condena.

Ha llegado el calor de verdad y espero, como en años anteriores, sobrevivir a su existencia. Mi existencia contra su existencia. Ambos formamos parte del mismo corpus de la naturaleza. Veremos.

domingo, 30 de junio de 2024

Tres cuartos de hora

Junio de dos mil veinticuatro termina. No volverá a suceder. Tomé las tres primeras semanas de vacaciones y viajamos a Bergen para estar con nuestra hija, durante esas semanas ella y Alex tenían dos viviendas alquiladas y aprovechamos la ocasión. Maite y yo vivíamos en su casa anterior mientras ellos hacían su vida en la posterior. Fue muy bonito tener a mi hija al alcance de la mano. Yo fui feliz con la lluvia y el frío, fui feliz con el sol de medianoche, fui feliz por poder abrazar y besar a Paula, mi ratoncita, cada día. Hicimos excursiones, pasamos los últimos días en una casa en un fiordo donada a la universidad, que sortean entre sus trabajadores y le había tocado a Alex. Bosques de musgo, cascadas, ríos, agua dulce, agua salada, cielos de color acero: Noruega.

Ahora escribo en España. Ayer llovió y el río Vero fluye de color marrón frente a nuestro apartamento en Barbastro. Los campos, en esta época del año, son amarillos. El verde esmeralda de la primavera dio paso al cereal dorado como el oro de los aztecas. Los aviones y vencejos rasgan el cielo con sus alas en forma de guadaña. El mundo y, sobre todo, el curso del tiempo, es algo difícil de escribir. Pero junio termina y yo me acostaré con el ventilador, esa hélice de hidroavión de Alaska, encendido en el modo dos. Echo de menos a mi hija que vive tan lejos; echo de menos a mi hijo que vive tan cerca pero se ha hecho un hombre; echo de menos mi juventud junto a mi compañera, cada día más preciosa y parte de mi ser, de mi vida. Soy un hombre normal y sólo quiero disfrutar sin alharacas del tiempo que me ha sido dado. Nada más me importa. Julio de dos mil venticuatro ya está ahí, a la vuelta de tres cuartos de hora. Yo dormiré.

martes, 28 de mayo de 2024

Sesenta y uno

Hoy he cumplido sesenta y un años. En la adolescencia, la época en la que quería ser un poeta romántico y todo eso (en la segunda mitad del siglo XX, hay que fastidiarse), nunca pensé que alcanzaría esta edad: me parecía tan lejana como Júpiter. Y aquí estoy. Vivo. Apenas escribo, apenas leo (internet ha hecho estragos en mí en ese sentido), cocino mucho, paseo con Maite por el campo y sigo trabajando con decenas de personas que se sientan al otro lado de mi mesa cada día. Hago terapia con una psicóloga online, tomo medicación, intento aprender a vivir en el ahora, este ahora donde el alzheimer de mi madre avanza lentamente día a día. No me quejo de nada: la vida es todo esto: reír y llorar, aburrimiento y estrés, acelerar y frenar, amar y amar, y amar. Pese a mis adicciones domésticas y la pereza que siempre me acompaña, me siento bien. Me siento querido, muy querido, y eso es algo que me ayuda a suponer que mi vida no carece de cierto sentido. Sigo teniendo la intensa sensación, que me acompaña desde los trece o catorce años, de no entender de qué va exactamente esto que se resume en vivir. Vivir diariamente. Morir cada noche y resucitar cada mañana, ver los abejarucos de colores exóticos volar entre campos de almendros olvidados por los herederos urbanos de sus propietarios fallecidos. Sigo sorprendiéndome de que el cielo de mi planeta sea azul, tan azul, sobre todo aquí, en el Somontano de Huesca, sobre todo cuando en su altura flotan nubes blancas. Hoy ha sido mi cumpleaños y yo me retiro a la dulce sepultura nocturna, llena de sueños y otros países y otras familias y ciudades de un universo diferente. El río me sigue llevando mientras contemplo pasar sobre mí las ramas de los árboles. El río me sigue llevando como el corcho que soy al albur de la corriente, bajo las estrellas nocturnas.

jueves, 23 de mayo de 2024

Migas de pan

Mayo avanza nube a nube, noche derrotado tras noche derrotado, despertar a las cinco de la madrugada, sentir arcadas de puro cortisol transparente. Y los días continúan uno detrás de otro y yo navego sin timón, sin mapa, sin propósito. Nada tiene sentido para mí salvo el amor, pero a veces ni siquiera el amor es suficiente. Camino poniendo un pie delante de otro pero desconozco a dónde voy. Finalmente soy yo quien se ha perdido en el bosque señalando un sendero de migas de pan que los pajaricos se comerán.

domingo, 12 de mayo de 2024

Lunes significa esperanza

El jueves por la tarde, a eso de las ocho, Maite y yo sorprendimos a un zorro durante nuestro paseo junto a la acequia de Selgua. Fue un visto y no visto, una visión maravillosa que se escondió en la maleza al otro lado del agua. Ahora ladran los perros domésticos de Barbastro. Algunos. Hoy hubo elecciones en Cataluña: parece ser que el independentismo retrocede. Nunca he comprendido el nacionalismo, el patriotismo, tal vez porque he vivido en muchos sitios, tal vez porque sospecho que nacer aquí o allá es casual, como la lluvia o la sequía, como vivir hasta los noventa o morir a los cincuenta de un cancer. Yo creo en las personas, como dijo el poeta: "así tomadas, de una en una"; creo en nuestra especie a pesar de todas las guerras, genocidios y desastres: qué otro remedio tengo: no soy una oruga de procesionaria. Pero en serio: no me cabe duda alguna de que sobreviviremos al cambio climático y la ciencia nos será de más ayuda que la religión (o el nacionalismo, que tanto se le parece). Mañana es lunes, año nuevo, todo por hacer. Debo olvidar el pasado y no pensar en el futuro. Lunes significa esperanza.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Paul Auster

Hoy se ha muerto Paul Auster. Tenía 77 años, sólo 16 más que yo, algo que me asombra porque, desde que lo descubrí a finales de los ochenta del siglo pasado, con su primer libro que leí, El palacio de la luna, supe que era un maestro. He sentido pena, me ha dolido su muerte casi como cuando muere un familiar. Fui lector adicto a su escritura desde el principio y toleré los altibajos de su talento, que nunca faltan en cualquier camino, en cualquier trayectoria. Fue muy importante para mí y también para mi mejor amigo. Esta mañana le he llamado a Girona por teléfono para darle la noticia y compartir con él mi dolor. Me sucedió con Raymond Carver y me sucederá con Richard Ford, seguro. Y con tantos otros. No sé si los escritores saben la huella que dejan en nosotros, cómo somos como somos, entre otras cosas, por ellos, por sus libros. Hoy se ha muerto Paul Auster y tengo, entre Barbastro y Zaragoza, todos sus libros excepto el último, que he comprado hoy, ay, a través de internet. Él forma parte de mi bagaje, de mi biografía, más que algunas personas que he conocido realmente. Y siento pena pero, sobre todo, agradecimiento, un agradecimiento profundo a su obra y a su influencia en mi vida. Gracias, Mr. Auster.

domingo, 21 de abril de 2024

Infinita

Si lo pienso un poco, sólo un poco, es absurdo. Que yo escriba que esto es absurdo. Que tú estés leyendo esto en este preciso instante del tiempo que te ha sido dado. Nada tiene sentido. Pero nuestra ignorancia, la tuya y la mía, es infinita.

lunes, 15 de abril de 2024

Todo está bien

Mi madre, enferma de un alzheimer muy avanzado, duerme en el hospital militar de Zaragoza, víctima de una neumonía bilateral inesperada. Mi hermana pequeña y su familia, tras estar con mis padres y dar cuenta de todo a los demás, duermen en el pequeño pueblo navarro donde yo y mis antepasados nacieron. Mi hermano gemelo duerme en su casa unifamiliar de la base militar donde antes que él vivieron familias norteamericanas. Mi hermano mediano, después de estar en Valencia, duerme en su piso de dos plantas en un barrio muy antiguo de Zaragoza. Yo escribo estas palabras en Barbastro pensando en mi padre, que duerme en el piso familiar de la calle Fita donde todos crecimos. Hablé con él hace un par de horas y estaba tranquilo, como él es. Si existe un hombre tranquilo ése es mi padre. Vive a caballo del flujo presente de la vida, traiga lo que traiga. Le envidio tanto. Es la mejor persona que he conocido en toda mi existencia, es nuestro héroe y nuestro ejemplo en estos años duros. Es inteligencia natural, sin estridencias, de una generosidad infinita. Como diría él: "todo está bien".

domingo, 31 de marzo de 2024

Como hacen los ríos

Marzo, que contiene la palabra mar, termina. Es mi marzo número sesenta. En algún momento marzo desaparecerá, y con él la palabra que contiene. Estoy en una época de mi vida en la que siento un profundo agradecimiento. He sido tan feliz. Acaso lo sea también antes de desaparecer. He tenido suerte, he visitado el mar algunas veces, y recibo tanto amor que no sé muy bien qué hacer con él, salvo devolverlo a mi manera. Me siento un ser humano privilegiado, absolutamente privilegiado. Hago terapia y tomo medicación porque, en realidad, no soy capaz de comprender todo esto. Mi marzo número sesenta se precipita hacia Abril tranquilamente, sin sentimientos, como hacen los ríos.

jueves, 28 de marzo de 2024

Flujo

Intento mantenerme en el flujo de mi existencia sin llamar la atención, sin estridencias. Continúo aprendiendo, intentándolo; sufriendo algunas veces, disfrutándolo casi siempre. Cuánto misterio que explorar sin más ambición que hacerlo. Buenas noches, mundo. ¿Estarás mañana cuando despierte?

jueves, 21 de marzo de 2024

Ladra un perro

Ladra un perro. Deja de ladrar. Respiro. Continúo respirando sin voluntad propia, en las sabias manos de mi cerebro reptiliano. Mi cabeza. Mi cabello blanco y despeinado. Mis ojos pequeños. Mis kilos de más. Oh, noche, déjame caer en tus brazos.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Comanches

Estoy tan cansado. De mí, del mundo, de mi trabajo (que, incomprensiblemente, me gusta mucho), de mi despertar cada día sin saber nada. Anochece más tarde y el calor me acecha, rodéandome como un grupo de comanches en una película del oeste. El zureo de las tórtolas turcas es falso: son ellos, los indios que me asesinarán. No comprendo nada, y seguramente así ha de ser. Hubo un tiempo, el de mi ignorante juventud, en el que pensaba que comprendía algo. Pobre. No pasa nada, así fue y será siempre. Me muero de sueño pero no logro dormir. El campo está oscuro. Lo jabalíes se pasean por los lugares donde solemos ir a caminar Maite y yo. Y los zorros, y los tejones, y las comadrejas: un trasiego constante bajo las estrellas y la luna. Voy a dejar de escribir y me acostaré boca arriba, como Drácula. Cerraré los ojos y no pienso abrirlos hasta que haya logrado dormirme, y así los abriré en el sueño, en otro lugar, en otro tiempo, en otro planeta, en otro mundo.

viernes, 8 de marzo de 2024

Sino lo que hace

Yo soy feminista, como me enseñó mi padre nacido en 1936. No me gusta hacer camas pero cocino siempre, cada día (como mi compañera hace la cama siempre, cada día). Al final las cosas son tan sencillas. Nos repartimos las tareas entre dos buenas personas que se aman. En eso consiste todo. ¿Soy feminista? Lo soy. ¿Soy antiracista? Lo soy. ¿Soy anticlasista? Nada odio más que el clasismo. Pero no importa nada lo que uno dice que es, sino lo que hace día a día.

viernes, 1 de marzo de 2024

Mar

Lo escribí una vez y lo escribiré muchas veces: me gusta el mes de marzo porque contiene la palabra mar.

jueves, 29 de febrero de 2024

Bisiestos

Veintinueve de febrero: algo que sucede cada cuatro años, desde que el papa Gregorio XIII, en 1582, decidió perfeccionar el calendario anterior, el que Julio César, hace dos mil años, creó para precisar la imperfecta rotación de la tierra alrededor del sol, estableciendo un retraso temporal cada 128 años.

Pero toda esta información da igual, la he buscado en la red. Febrero tiene 28 días salvo cada cuatro años, cuando tiene 29. Y eso demuestra dos cosas: la ficción temporal en la que vivimos y nuestro afán por la exactitud matemática, por encontrar un orden donde no siempre existe. Años bisiestos, se llaman, pero no se diferencian absolutamente en nada a un pestañeo, un olvido repentino, una gran memoria, una noche de sueño profundo.

El tiempo somos nosotros. Los calendarios sirven para recordarnos citas con el médico o cumpleaños, pero el tiempo, el verdadero, el que fluye, somos nosotros.

martes, 27 de febrero de 2024

Gorriones

El día termina poco a poco, lentamente. El cansancio se hace presente y me empuja al olvido bajo el agradable peso de la ropa de la cama. Ya es de noche. Un día más, me digo a mí mismo. Puedo escuchar aún todas las voces que he atendido hoy al otro lado de mi mesa de trabajo. El viento trae el aire frío de las montañas donde hay nieve. Los árboles de la acera siguen desnudos (ninguno es un almendro). Los gorriones me llenan de ternura. (Y las nubes)

domingo, 18 de febrero de 2024

Presente continuo

Todos los almendros han florecido a principios de febrero. Ellos, esos árboles que viven el presente continuo, ignoran si dentro de unas semanas hará mucho frío, seguirá haciendo calor, helará o, quien sabe, tal vez caiga una capa de nieve. Yo, mientras camino dejándolos atrás junto a mi mujer, les envidio por su belleza y por su relación con el presente, el sol, la lluvia, sin que exista nada más: ni pasado ni futuro: sólo ahora.

jueves, 8 de febrero de 2024

Y mañana

A menudo, sobre todo antes de acostarme como va a suceder ahora, siento que la vida es algo que creamos con nuestra modesta respiración acompasada, con lo que vemos, con lo que nos sucede sin importancia y con ella; siento que la vida es lo que sentimos como nuestro suceso y no como otra cosa, o acaso, si somos capaces, como los sucesos de los demás. La vida es algo muy raro, algo extraordinario, algo que desde algún momento en nuestro pasado remoto tratamos de expresar y comprender. Y, a la vez, es tan sencilla. La vibración de una cuerda. Esta absurda confianza en que dentro de unos minutos cerraré los ojos y mañana despertaré en el mismo lugar.

lunes, 29 de enero de 2024

Y sueño

Buceo en aguas turbias, rodeado de raíces de árboles. Sé que estoy soñando porque puedo respirar. Adivino la selva virginal que existe allí arriba y escucho los sonidos del sonar de los delfines rosados casi ciegos. Todo está bien. No conozco el pasado, no conozco el futuro. No sé si soy una anaconda o la cría diminuta de un pez, y sueño.

viernes, 19 de enero de 2024

La tranquilidad

Cuando somos jóvenes pensamos que la vida siempre sucederá de ese modo ferviente, apasionado, intenso, sin límites. Y así deben pensar las personas jóvenes, son el combustible del futuro: fuerza, energía, utopías, esperanza, sueños. No es que todo eso desaparezca al hacernos mayores, yo cumpliré en mayo sesenta y un años y conservo todo eso en mi corazón, pero ahora valoro algo que para mí tiene un valor casi divino: la tranquilidad. El amor de mi familia y mis amigos, y la tranquilidad.

lunes, 15 de enero de 2024

Su afán

Pienso en el mundo actual, con sus guerras, sus pandemias, sus diferencias sociales, y caigo en la cuenta de que no debería pensar que el mundo entero es así. Ni la edad media era oscura ni la edad moderna luz. Millones de personas fueron felices en la edad media y millones de personas no lo han sido en la edad moderna: las guerras antiguas fueron crueles y algunas duraron cien años, quemaban a personas vivas en hogueras, torturaban, asesinaban, pero hubo niños que crecieron felices en aquel tiempo, que sintieron el amor y lo propagaron sin estridencias en sus aldeas y regiones a salvo. En nuestra naturaleza está clasificar las cosas, nuestro lenguaje inventó los adjetivos, pero la vida es algo más complejo, diverso, inmenso e infinitamente más diminuto al mismo tiempo. Cada existencia tuvo su afán.

miércoles, 10 de enero de 2024

La nieve limpia nuestros pecados

Hoy ha nevado a pocos kilómetros de Barbastro. La nieve limpia nuestros pecados, escribí en El sueño del erizo. Y luego se derrite. Amo el frío. Cada día anochece un poco más tarde. Todo cambia una vez más, un año más, una estación más. He decidido no pensar en el futuro. Es algo que no existe jamás.

martes, 9 de enero de 2024

Sin sentir nada

El cansancio se parece a la ternura en el dejarse ir, en abandonarse. Yo me abandono, cierro los ojos y la noche me lleva río abajo sin sentir frío ni calor, sin sentir nada.

lunes, 8 de enero de 2024

Seré el viejo más cascarrabias

He sobrevivido a otra navidad. Mi navidad número sesenta en este pequeño planeta que creó un dios inventado en seis días (porque al séptimo descansó). Quienes me conocen, en primer lugar mi mujer y mis hijos, además de mis hermanos y hermana, saben que odio algo tan espectacular, tan luminoso. Pero ya pasó. Ya no hay más. Regresan las madrugadas y los coches aparcados en la acera con los cristales congelados yendo a trabajar en noche cerrada. Regresa la alegría, la apatía o la tristeza de los días normales. Yo amo los días normales, incluso cuando voy a trabajar de noche y, como esta mañana, hay dos grados bajo cero. Amo el cielo helado que refleja la luz del sol antes del amanecer, y también la huella de los aviones allí arriba. Para mí, lo mejor de la navidad es que comienza y termina. Oh, señor, seré el viejo más cascarrabias del mundo pasado mañana, o mañana, o ahora.

sábado, 6 de enero de 2024

Se parece mucho a un corazón

Día de reyes magos. Mi padre me ha regalado un trozo del roscón con nata que mi hermano Javier le regaló a él. Hemos paseado con los yayos en una Zaragoza soleada pero ventosa y fría. Todavía no he puesto interés en ninguna de mis intenciones para este año que ya ha comenzado, no sé si alguna vez lo haré. Mi alma palpita y siente en su oscuridad caliente. Se parece mucho a un corazón.

viernes, 5 de enero de 2024

Moonfall

Estoy viendo en la televisión una película terrible, muy mala, pero a veces me pasa que me engancho a ellas, sobre todo si, como esta, es de ciencia ficción o de futuros distópicos. No sé, no lo puedo evitar. También me pasa con las películas donde aparecen caballos, por ejemplo. Quiero pensar que todos tenemos estas debilidades o fortalezas. A veces con las películas sucede como con la comida: la calidad importa menos que el interés. Yo funciono un poco así, a veces.

jueves, 4 de enero de 2024

Misión

Cuando tras los largos años de hibernación nuestra nave llegó al planeta que debíamos explorar y preparar para la llegada masiva de nuevos colonos, lo más impactante para mí fue su atmósfera, la pureza de su aire, la limpieza que llenaba nuestros pulmones maltrechos. El cielo no era tan azul como en la tierra sino más bien blanco, y la vegetación parecía sentirnos a nuestro paso. No había insectos ni pájaros. Acampamos cerca de la pequeña nave auxiliar que nos había llevado hasta allí y, tras días de investigación desde los drones y los sensores de la nave nodriza en órbita alrededor de aquel mundo, no encontramos señales de vida animal de ningún tipo, ni en tierra firme ni en los lagos y mares que existían allí. Sólo había algo semejante a la vegetación de nuestra patria, pero distinta, a medio camino entre la hierba y las anémonas. También los minerales del suelo parecían tener una organización, cierto sentido geométrico y casi antropomórfico: rocas, dunas, laderas, parecían querer comunicarse con nosotros. A nuestros ojos era un lugar vacío pero capaz de albergar la vida que pudiésemos traer desde nuestro planeta moribundo. Mientras tomábamos muestras y disfrutábamos de un aire más limpio del que nunca pudimos imaginar, ignorábamos absolutamente el futuro.

miércoles, 3 de enero de 2024

La ignorancia

Hoy me he vacunado contra la gripe y contra el covid. Creo en la ciencia, y también en la poesía (aunque odio profundamente a los poetas). Creer en la ciencia y en el arte me ponen a salvo de la religión: la primera contesta precaria pero razonable y progresivamente a las preguntas sobre la realidad, y el segundo satisface mi alma absurda. No necesito ningún dios, la ignorancia y la exploración me satisfacen más. Es así de sencillo.

martes, 2 de enero de 2024

Timbre de voz

He regresado al trabajo tras unos días de vacaciones y la mañana ha ido bien. Persona tras persona, rostro tras rostro, timbre de voz tras timbre de voz al otro lado de la mesa, pero sin aglomeraciones. De mi labor me gusta que nunca nada es igual, nadie es igual a la persona anterior, y de todos aprendo algo. He almorzado un sandwich de jamón de york y chorizo de pamplona como los que comía cuando era pequeño. Me lo ha hecho mi mujer. Mientras lo masticaba con algo de prisa por la gente que esperaba he mirado la calle a través del ventanal, el pequeño río al otro lado, el cielo de color gris.

lunes, 1 de enero de 2024

Y se murió

"Tengo tanto sueño
que creo que
me voy a morir", dijo.

Y se murió.

Y despertó.