martes, 16 de agosto de 2022

Ladra un perro

Con la sequía el río Vero frente a mi casa es un sumidero de algas y tierra sobre la que, en algunas zonas, han comenzado a crecer nuevas plantas. Sin embargo un pequeño hilo de agua sortea todo eso y sigue su camino hacia el mar. Tal vez alguna vez vuelva a llover como llovió una vez y el agua marrón desborde los márgenes de hormigón armado y se lleve todo por delante.

Hoy por la mañana, muy temprano, pensé que los vencejos ya se habían ido huyendo de todo esto pero luego, para mi alegría, volví a verlos volando bajo el azul del cielo, rápidos y veloces como grandes insectos.

Estoy de vacaciones pero no me siento de vacaciones. Me he convertido en un señor mayor y sí, eso sí me siento. Cada día disminuye todavía más mi casi siempre inexistente ambición, y a lo único que aspiro es a no tener prisa, a vivir tranquilo con mis virtudes y defectos y fobias y adicciones.

Ladra un perro. Son las doce y diez de la noche. La temperatura ha descendido un poco pero las hélices de mi ventilador continúan girando porque sigue haciendo calor. El verano, la sequía, los incendios que han asolado España desde mayo, esta angustiosa certeza de que las cosas están cambiando todavía tras pandemias, volcanes y guerras, no cesa.

Una amiga y compañera de trabajo ya jubilada siempre me decía, para mi sorpresa, que yo era una persona optimista. Creo que ahora dudaría en calificarme así. La noche cubre la cara oscura de este planeta durante siete u ocho horas. Sí, saldrá el sol pero yo voy a tumbarme en la cama sintiéndome rendido, vencido, derrotado por todo.

martes, 9 de agosto de 2022

Hidroavión

No encuentro metáfora capaz de expresar este mes de agosto de dos mil veintidós. Un mundo en guerra se enfrenta, además, a las consecuencias inmediatas, aquí, en la puerta, ya dentro de casa, del cambo climático ocasionado por la actividad humana en los últimos dos siglos de nuestra insectívora existencia.

¿Por qué adjetivo nuestra existencia como insectívora? Porque la comparo al peso de uno de nuestros pasos sobre un hormiguero que todo lo deshace y rompe y condena sin ser conscientes siquiera.

Por mi naturaleza hubiese preferido un final frío, una glaciación, la que tocaba en realidad, a la que yo hubiera sobrevivido sin duda alguna. Pero el destino de nuestro planeta, que intenta defenderse de nosotros, va en dirección contraria: en varias generaciones España será una continuación del Sáhara.

No quiero atormentarme, espero que nuestros hijos se adapten como se adaptaron los beduinos y los esquimales; espero que sus maravillosas inteligencias, cuando sus padres ya no existamos, encuentren el modo, la manera. Poca cosa puedo hacer yo sentado ante esta mesa blanca escribiendo. Creo en nuestros hijos sin duda alguna.

Mientras tanto las hélices del ventilador giran refrescando mi frente. He escrito tantas veces sobre ellas. Mi hidroavión sin hidroavión. Alaska, la Antártida.

domingo, 24 de julio de 2022

Que nada pesa

Por si muero esta noche o mañana
aquí traigo mi alma, que nada pesa.
He amado mucho y, para mi sorpresa,
he sido amado.

Los pájaros duermen
en la noche cálida.

Mi alma es esto:
cuatro palabras.

No me recordéis:
el mundo amanece,
la noche siempre
pierde la batalla.

miércoles, 20 de julio de 2022

En la playa

Cuarto día de COVID. He dejado de toser. Me duele todo el cuerpo. Me siento tan cansado como si hubiese hecho algo que me hiciese estar agotado -pero llevo cuatro días confinado en casa. Tuve fiebre. Dormí con una toalla mojada encima, frente al ventilador, y vencí. El dolor de cabeza no se va, pero tomo una píldora de paracetamol cada siete u ocho horas. Respiro profundo y bien. Tras los primeros días sin apetito he vuelto a comer. Maite está igual que yo, pero un día después. Afortunadamente estamos solos en casa y podemos ir y venir. También: afortunadamente estamos vacunados y todo está pasando como debería, día a día.

Dejo que mi cuerpo dicte las normas, y ese es mi consejo para quienes estén enfermos. El cuerpo a menudo va por delante de nuestra supuesta inteligencia. Duermo a deshoras. Bebo muchísima agua. No como si no tengo hambre. Me ducho en agua fría en medio de la noche. Mi cerebro ha dejado de ser lo más importante (aunque es lo que está escribiendo esto ahora mismo, él me comprende). El COVID es una ola grande que pasa sobre nosotros y rompe un poco más adelante, en la playa.

miércoles, 13 de julio de 2022

Infierno

Las aspas del ventilador giran mecánicamente pero ya casi me dan ganas de ponerles un nombre y quererlas como se quiere a una novia. Veintiséis grados de temperatura a la una de la mañana. Me ducharé y acostaré sin secarme del todo. Esto es el verano que tantas y tantas personas esperan todo el año, algo que nunca entenderé en este país, que se transforma en un infierno.

El año que viene se jubila mi compañera, profesora, y por fin podremos irnos de vacaciones en marzo, o en octubre, o en febrero. Llevo media vida esperando eso. El verano es una soberana mierda pinchada en un palo. Y cada vez será peor, año tras año. Época de recogerse, como pasaba antaño con los inviernos antiguos. El calor me vuelve loco, afecta a mi cerebro. Voy a ducharme y acostarme mojado sobre la cama. Mañana será otro día.

jueves, 7 de julio de 2022

Vencejos

Los vencejos volando en el cielo a muchos metros de altura parecen insectos bajo las nubes negras de tormenta. No hay aves que vuelen como ellas y sus alas en forma de guadaña, cambiando de dirección a cada momento, más veloces que mi pensamiento que las mira.

Días de tormentas de verano pasajeras, escandalosas, buscando llamar la atención y nada más -es un decir: las tormentas no piensan, sólo existen ajenas a nuestra existencia.

En mi corazón los sentimientos permanecen durante días, durante meses. No lo puedo evitar. Al marido de una amiga mía muy íntima le han diagnosticado una enfermedad incurable que avanza a toda velocidad, y lloramos abrazados ella y yo, y después lloro en silencio al otro lado de mi mesa de trabajo, bajo una sonrisa profesional. Otra amiga, víctima del porcentaje de personas que desarrollan patologías poco conocidas tras haber sufrido el COVID, está desesperada, sin poder recuperar su vida previa, otra amiga a la que quiero muchísimo.

Siento que la muerte y la enfermedad me rodean y acepto cualquier accidente que pueda sucederme mientras contemplo a los vencejos volar frente a nuestro apartamento junto al río. Vuelan a toda velocidad, quebrando su rumbo en una milésima de segundo, girando en el cielo bajo las nubes oscuras que luego descargarán fugazmente su tímida y adolescente tormenta de verano. Acepto lo que venga no por valor, el valor es absurdo fuera de la guerra; acepto lo que venga porque, es algo que he aprendido, no habrá otro remedio, no lo hay. Y no pasa nada. Cuando esta ciudad sea un cúmulo de ruinas los vencejos seguirán volando como insectos en el cielo, haciendo increíbles cabriolas bajo las nubes, volando como sólo ellos saben hacerlo, ajenos a la lejana memoria de nosotros.

martes, 28 de junio de 2022

Algo así como una mentira

Una serie de acontecimientos a mi alrededor en las últimas semanas y meses me han hecho darme cuenta de la fugacidad de nuestras certezas: todo puede cambiar en unos días, en unas horas, en unos minutos. Y debemos aceptarlo como aceptamos las tormentas y la lluvia. Más allá de esa aceptación por otra parte inevitable no hay mucho más que aprender. La fuerza del amor, siempre, y la inutilidad de las cosas futiles, las posesiones, las ambiciones mundanas.

Esta mañana, a eso de las siete, cuando amanecía, una tormenta ha roto sobre Barbastro y ha empezado a llover. Ha llovido durante toda la mañana hasta la tarde. El olor de las calles y los jardines y el río no puedo definirlo salvo con una palabra: felicidad. Al mismo tiempo hay personas cercanas a mí que sufren y día a día se aproximan al mar que es el morir, mientras llueve y yo inhalo el aroma de la lluvia tras semanas de temperaturas extremas. La vida es algo muy extraño, algo así como una mentira, un sueño -lo sé: se dijo y escribió muchas veces.

Voy a acostarme. Ya son más de las doce y mañana trabajo. Cerraré los ojos y moriré sin morir de verdad. O tal vez sí. Me gusta la lluvia.

jueves, 23 de junio de 2022

La brisa de la noche

La brisa de la noche entra en mi apartamento a través de todas las ventanas abiertas e intenta, sin ser consciente de ello, insuflarme cierta esperanza en el futuro. Me gustan las metáforas desde que, a los doce años, comprendí lo que eran, el mágico artefacto. Es bonito tener recursos para expresar lo que no podríamos expresar de otra manera. La brisa de la noche me convierte en un ser humano posible, sonriente y bueno.

sábado, 18 de junio de 2022

Un hidroavión canadiense

Son las doce y cuarto de la madrugada. Las hélices del ventilador giran como los restos de un hidroavión canadiense estrellado en los bosques del ártico. Por un momento pienso en ese edén congelado. Ahora mismo hay veintiocho grados en esta habitación. Me tiendo desnudo sobre la sábana con el ventilador girando sin cesar. Sólo quiero soñar con lo que imagino que me haría feliz, nada más.

sábado, 11 de junio de 2022

Si es por amor

No quiero ir a Zaragoza mañana. No quiero que mi madre padezca de Alzheimer y mi padre esté cada día más agotado, más consumido. No quiero demorar más acostarme y dormir a pesar de estar a veintidos grados de temperatura. No quiero sufrir, no quiero sentir dolor. No quiero saber.

Mañana iremos a Zaragoza y saldremos con mi madre y mi padre a tomar un vermú. Por la tarde volveré a su casa a eso de las siete. Y el domingo otra vez por la mañana. Mis dos hermanos que viven en Zaragoza se ocupan cada día. Quienes vivimos fuera, mi hermana pequeña y yo, nos turnamos. Todo está bien salvo la dureza de lo que nos ha tocado como familia, lo que les ha tocado a miles, seguramente millones de familias en el mundo. No voy a quejarme: mis padres, hasta la aparición de la enfermedad, han tenido una vida maravillosa, llena de alegrías y regalos: diez nietos, cuatro hijos que se aman.

Sí quiero ir a Zaragoza mañana. Sí quiero sufrir, sí quiero sentir dolor, sí quiero saber, si es por amor.