lunes, 16 de marzo de 2026

Lunes de marzo

Esta mañana, al salir de casa rumbo al trabajo, me detuve en el patio interior del edificio donde vivimos y miré el cielo inmenso, sin límite, las líneas blancas de condensación de los motores de los aviones que volaban sobre Barbastro. Sentí un inmenso vértigo y me obligué a mirar el suelo y tranquilizarme. Seguí caminando y el vértigo pasó. No me caí, no me desmayé, no sufrí un infarto o un hictus, no pasó nada. Caminé sobre la acera cruzándome con adolescentes que acudían en sentido contrario hacia su instituto y finalmente llegué a mi oficina. Ya había gente esperando fuera, en la calle, a pesar del frío y de los carteles que informan de nuestro horario de atención al público. Los lunes son terribles, un aluvión de personas esperando satisfacer su necesidad de información. Ahora ya es de noche. He cenado. El mundo ha cambiado sutilmente. Me acostaré y cerraré los ojos mientras los abro al otro lado. No puedo quejarme pero sí dar testimonio.

viernes, 13 de marzo de 2026

Hubo una vez

Hubo una vez en la que las manos de mis padres
sostuvieron mi cabeza porque era tan grande
en relación a mi cuerpo de bebé que
no podía sostenerla por mí mismo.

Hubo una vez en la que mis ojos todavía
no tenían su color verdadero sino
uno entre azul, verde y gris:el color glauco
de todos los ojos de los recién nacidos.

Hubo una vez en la que me parecía más a
un gusanito que a un ser humano. Eso sucedió
hace casi sesenta y tres años, cuando
los dinosuarios reinaban en el planeta.

Ahora peso más de lo que debería y
en el interior de mi cabeza habitan
muchos mundos y sus apocalipsis, muchos
sentimientos arrolladores
como tormentas de verano.

Tuve una hija y un hijo, y sostuve
sus cabezas de bebé, grandes, redondas, inestables,
mientras les bañábamos cada noche
en un artilugio plegable de plástico.

Mañana daré de comer puré a mi madre, y después
le cambiaremos el pañal, y la vestiremos y
la dejaremos limpia y tranquila en el sofá reclinable
donde pasará la tarde habitando un mundo
que no podemos imaginar.

Dentro de unos meses sostendré en mis manos
la cabeza del bebé de mi hija bajo
las nubes del cielo. La vida es
una canción, un poema, un círculo infinito.
Respiro y acepto todo este misterio.