domingo, 30 de mayo de 2010

Mayo


12 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Me encantan las amapolas. Cada año vuelvo a admirarme ante su explosión de color. Me sorprenden cada vez, agazapadas durante el invierno en la tierra helada, y siempre fieles a su cita con los primeros calores...

Jesús Miramón dijo...

A mí también, es una de mis flores favoritas, tan delicada y silvestre. Por aquí hay muchísimas, están por todas partes.

El otro día, conduciendo camino de Zaragoza y a la salida del pequeño pueblo de Angüés, vi a una mujer que había aparcado en un camino y estaba haciendo fotografías con el móvil a un precioso campo de cebada salpicada de amapolas. Recuerdo que pensé: «mira, ella es uno de los nuestros".

NáN dijo...

Un pensamiento acogedor.

Pero ya no abundan, se van retirando a lo más silvestre y lejano.

Jesús Miramón dijo...

Lo silvestre y lo lejano... me gusta. Buenos días, madrugador Nán.

NáN dijo...

¡Hala! Eres amigo de Berna Wang.

Jesús Miramón dijo...

Como en tu caso, amiga virtual por ahora, aunque creo que eso pronto cambiará, espero. No vive muy lejos de aquí.

:-)

NáN dijo...

Emocionante poeta.

Jesús Miramón dijo...

Es maravillosa: una mirada oblicua como la luna en el agua.

NáN dijo...

Gracias por los dos regalos

Berna Wang dijo...

Por alusiones, Jesús, ¿me dejas que publique ambas fotos en mi FB? Me encantan... igual que me encantan las amapolas. Mi pueblo está lleno de ellas ahora mismo :-)

Jesús Miramón dijo...

Cómo no, Berna, encantado, será un honor. Fue un placer conocerte.

:-)

Berna Wang dijo...

El placer fue mutuo, Jesús :-)