miércoles, 12 de mayo de 2010

Salarios

A lo largo de una mañana de trabajo especialmente intensa varias personas me han informado, algunas con media sonrisa bailando en los labios, de que iban a rebajarme el salario para hacer frente al déficit de mi país, acuciado por la crisis económica mundial. Pero lo que yo me he traído a casa son las lágrimas de Adriana, la hija de M. A., una mujer rumana enferma terminal de cáncer. En su país era veterinaria y tenía a su cargo las granjas de una región montañosa; en España trabajaba de empleada de hogar hasta que cayó enferma. Estamos tramitando para ella una pensión de Incapacidad Permanente por Reglamentos Comunitarios, a la espera tan sólo de los informes laborales de Rumanía, que no llegan. Adriana, que como cada semana me traía los partes de confirmación de la baja laboral de su madre, rompe a llorar al darse cuenta de que ésta morirá antes de que su país de origen envíe la documentación. «Allí todo funciona muy despacio», afirma, «y mi madre no aguantará demasiado», y añade: «lo peor es que no puedo hacer nada». Tampoco yo puedo hacer nada. Pongo mi mano izquierda sobre sus manos y mirándola a los ojos le digo que lo siento mucho. Ella afirma con la cabeza varias veces, se seca las lágrimas, me pide perdón y se va. Otra persona se sienta delante de mí, una anciana que necesita un certificado para presentarlo en el Ayuntamiento. Pasarán varios minutos antes de que el dolor de Adriana se disuelva lentamente en mis pulmones.

19 comentarios:

Elvira dijo...

Gracias, Jesús. En nombre de las personas que atiendes con tanta humanidad. Cuando uno lo pasa mal se agradece infinito el buen trato, incluso cuando no pueden solucionarnos el problema.

Un beso

Elvira dijo...

Y siento la rebaja del salario. :(

Teresa, la de la ventana dijo...

Qué suerte tienen los de tu pueblo (o el de al lado, mejor dicho, vamos, tú me entiendes...).

Yo estoy teniendo que ir a menudo a mi oficina de lo mismo aquí, en Pozuelo y no te digo más que mi marido y yo rezamos para que no nos toque la de la mesa seis. Más seca que el esparto es la buena mujer. Quiero pensar que es fruto de tantos años oyendo lo mismo, historias duras que encallecen (la señora está más cerca de los sesenta que de los cincuenta), pero creo que para estar en un puesto así, si realmente afecta, deberían ir rotando a la gente. Meter a nuevos funcionarios, de refresco, capaces de informar y solucionar los problemas que te llevan allí con un poco de humanidad. Tampoco mucha, pero sí un mínimo.

Jesús Miramón dijo...

Somos cuatro en mi oficina comarcal de Barbastro, tres compañeras y yo. Todos intentamos tratar a las personas como nos gustaría que nos trataran a nosotros o a las personas que queremos, y pienso que trabajamos bien. Por otra parte es imposible evitar conmoverse. No hay nada más contagioso que el dolor. No importa los años que te dediques a tratar con la gente, nunca te inmunizas.

Y sinceramente: el salario no me preocupa demasiado, teniendo lo suficiente para vivir cómodamente y darme algún capricho de vez en cuando me conformo. Sólo espero que estas medidas sean efectivas y comience a descender el paro. No tener trabajo sí es dramático -veo ejemplos cada día.

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Ay, Teresa, yo también he conocido compañeros que no estaban capacitados para su trabajo (como existen profesores sin curiosidad intelectual ni entusiasmo que poder contagiar a sus alumnos o bomberos pirómanos), y creo que no se trata de rotar sino de colocar en esos puestos tan delicados a personas capaces de empatizar con los demás, personas pacientes y, a la hora de informar, capaces de articular los pensamientos con claridad. No siempre es así, desde luego. Me avergüenzo de funcionarios que he conocido. Pero dejé de justificar a los que sí hacen bien su trabajo, sé que es un empeño inútil, los ciudadanos funcionamos con estereotipos y prejuicios. Yo llevo veinticuatro o veinticinco años en mi empresa y cada día me gusta más lo que hago, y, como le decía a Elvira, creo que, en vez de encallecerme, me vuelvo más blando con el tiempo. Admiro profundamente el valor y la humanidad de la mayoría de los seres humanos con los que me relaciono.

Gemma dijo...

Me sumo a lo dicho por Elvira.

Cuando no hay una solución a la vista, ayuda de verdad que te escuchen como hacéis. Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

El procedimiento es muy sencillo, basta con pensar que la persona que tienes sentada al otro lado de la mesa podría ser tu padre, tu hermana, tu amigo, tu tío del pueblo, tu vecino, tu compañero de coro, etcétera; basta con pensar cómo te gustaría que les atendieran en sus circunstancias. El procedimiento es muy sencillo y más funcionarios de los que la gente cree lo aplican, afortunadamente, (y lo seguirán aplicando a pesar del descenso de salarios). Un abrazo.

José Luis Ríos dijo...

A mí me gusta, Jesús, cómo lo cuentas, con sobriedad y concisión. Quizás porque te conozco lo demás no me extraña.

Un abrazo

NáN dijo...

Ya me gustó mucho una entrada tuya en la que contabas que te habías demorado con una señora. Creo que todos preferimos esperar un rato más y, cuando nos toque, tener una conversación de persona a persona.

Pero creo que sois pocos los que actuáis así. Posiblemente sea más frecuente en los pueblos, donde si te encuentras a alguien dando un paseo por el campo te saludas. La gran ciudad es asesina.

Con respecto a la bajada del salario, los mercados han terminado por imponerla. No sé si se ha hecho tarde, o un poco pronto, pero es lo que toca. En la privada se despide y en la pública se baja el salario. Pagamos los fastos; la paranoia del consumo exacerbado y a crédito. Que no te falte una botella de buen whisky para tomar un vaso por la noche y todo irá bien.

Me sumo al comentario de Elvira, ratificado por Gemma. Lo que haces nos mejora a todos.

estrella dijo...

Gracias, Jesús. Gracias de veras.

Yo, que comparto vida con un funcionario, sé de lo que hablas y lo sé porque ese sentimiento es el que ha expresado una y otra vez a lo largo de la vida. Es tan fácil, tan sencillo como ponerse del otro lado. Sentir nomás por un momento que eres tú quien sufre, quien vive en medio de esas dificultades y entonces tratas de hacer lo que tú necesitarías en esas circunstancias. Y así con tantas cosas que nos suceden a diario. Pero yo creo que en realidad son más los que actúan así que los que van de perdonavidas. He utilizado siempre los servicios públicos, ya sea en la enseñanza o en la sanidad por ejemplo, y de ese uso nomás me queda agradecimiento. Sólo que si se encuentra a un desalmado se tiende a generalizar, y eso no debería ser así.

De la misma manera, nos va a llegar la reducción del salario. Pero, qué quieres, sabiendo que podemos comer a diario y que tenemos lo que millones de seres humanos pudieran imaginar como un sueño (una casa que cobija, a nosotros y a los que nos acompañan, agua -fría y caliente-, luz, calor cuando aprieta el frío y fresco cuando lo hace el calor y muchas cosas más) no nos preocupa si eso puede ayudar, aunque a veces me corroe la duda de si en realidad servirá de algo... Los ricos son, en estas circunstancias, cada vez más ricos. Los que no lo son pierden cada vez más, sufren cada vez más.

Hoy me he excedido y te pido disculpas. Parece que me hacía falta...

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, José Luis, a ver si quedamos a tomar una cerveza, que el encuentro casual del otro día se me hizo muy corto.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Nán, la verdad es que la calidad que damos en un pueblo no es equiparable a la que se da en una gran ciudad, donde se atienden diariamente a centenares de personas, aunque no debe servir de excusa (léase el procedimiento descrito en mi contestación a Gemma).

Ah, y cuando vuelva a casa me serviré un whisky con hielo a tu salud, Nán, creo que podré seguir permitiéndome ese tipo de lujos. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Estrella, le decía a Nán ahora mismo «cuando vuelva a casa» porque hoy y mañana estoy en Zaragoza. Hace unas horas han operado a mi padre del menisco de la rodilla izquierda y he venido a echar una mano. La jovencísima celadora que nos lo ha traído de vuelta a la habitación le ha dicho con una sonrisa: «Bueno, Jesús, te dejo en tu suite, espero que todo vaya bien y tengas una buena recuperación». «Adios, maja», le ha contestado mi padre, agradecido. No cuesta tanto, ¿verdad? Y los usuarios lo agradecemos mucho.

Sobre la rebaja de los salarios veo con agrado que estamos de acuerdo. Ojalá sirva realmente para mejorar la situación de todos.

Un beso.

Miguel Baquero dijo...

Caramba, qué historia más dura. Mi solidaridad contigo y en general con la gente que se implica con las personas con las que trabaja. Es lo único que puedo ofrecer, como tú ese sincero "lo siento"

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Miguel. Te escribo desde el hospital Miguel Servet de Zaragoza, sentado junto a la cama donde se recupera mi padre (no es nada grave). Cuánto respeto siento por el personal sanitario. Salvo algunas pocas excepciones las auxiliares, enfermeras, personal de limpieza, son tan amables y cariñosas, comprensivas, pacientes, en fin, cualquiera que haya estado en un hospital, público o privado, estará de acuerdo conmigo. Sí, siento mucho respeto y agradecimiento.

Miguel Ángel dijo...

La vida es lo que es. Cada quien la ve a su manera. Y la manera de mirar las cosas es consecuencia del modo de estar ante ellas, que a su vez deriva de un montón de circunstancias, incluida la base genética, que conforma a la persona.

Mira que somos diferentes unos seres humanos de otros, lo tengo harto comprobado en mi diario vivir; pero desde que me muevo entre blogs confirmo mi convencimiento.

Voy a lo concreto: este blog transpira humanidad. Me alegro de que alguien me lo haya recomendado y de haber entrado a curiosear.

Por Barbastro sólo he pasado de largo camino de las montañas. Desde ahora lo haré más despacio, lo prometo.

Mis deseos de pronta recuperación para tu padre.

Un saludo cordial

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias, Miguel Angel, y bienvenido a las cinco estaciones. Un saludo.

Ofelia dijo...

Hola Jesús,
quizas algún día el brillo del dinero deje de tener tanta importancia como ahora y reine lo que es verdaderamente importante: el brillo del corazón, los riñones, el higado, los pulmones, el estómago y etc de las personas. Y también que nuestra familia sea cada día más grande. Tú formas parte de muchas familias y la luz de tus órganos irradia colores numinosos, preciosos.

Besos de corazón***

Jesús Miramón dijo...

Los órganos brillan y laten, hacen pum-pum-pum. Besos, Ofelia. Pum-pum-pum-pum.