viernes, 13 de marzo de 2026

Hubo una vez

Hubo una vez en la que las manos de mis padres
sostuvieron mi cabeza porque era tan grande
en relación a mi cuerpo de bebé que
no podía sostenerla por mí mismo.

Hubo una vez en la que mis ojos todavía
no tenían su color verdadero sino
uno entre azul, verde y gris:el color glauco
de todos los ojos de los recién nacidos.

Hubo una vez en la que me parecía más a
un gusanito que a un ser humano. Eso sucedió
hace casi sesenta y tres años, cuando
los dinosuarios reinaban en el planeta.

Ahora peso más de lo que debería y
en el interior de mi cabeza habitan
muchos mundos y sus apocalipsis, muchos
sentimientos arrolladores
como tormentas de verano.

Tuve una hija y un hijo, y sostuve
sus cabezas de bebé, grandes, redondas, inestables,
mientras les bañábamos cada noche
en un artilugio plegable de plástico.

Mañana daré de comer puré a mi madre, y después
le cambiaremos el pañal, y la vestiremos y
la dejaremos limpia y tranquila en el sofá reclinable
donde pasará la tarde habitando un mundo
que no podemos imaginar.

Dentro de unos meses sostendré en mis manos
la cabeza del bebé de mi hija bajo
las nubes del cielo. La vida es
una canción, un poema, un círculo infinito.
Respiro y acepto todo este misterio.