miércoles, 1 de julio de 2009

Sin perdón

Son las dos y media de la madrugada y no puedo dormir. Hace demasiado calor. Me ducho con agua fría a pesar de llevar dos días con moquita y dolor de cabeza, constipado por mi propia culpa, lo sé, al utilizar exageradamente el aire acondicionado, incapaz de soportar esta miserable situación. El calor disuelve mi dignidad, mi creatividad, mi energía física, mi optimismo, mi sueño: todo lo que más necesito es arrasado por este calor inhumano. Las horas pasan despacio. A través de las ventanas y puertas abiertas no corre el más mínimo atisbo de aire. Me sueno la nariz intentando hacer el menor ruido posible y vuelvo a mirar la hora en el teléfono móvil. El pueblo está en absoluto silencio, un silencio hueco, el silencio de un decorado abandonado hasta mañana. Mi piel y mi cabello se han secado en pocos minutos. Decido ducharme otra vez. Lo peor es saber que el amanecer no me perdonará.

4 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Pues si encuentras a otros dos, podemos jugar al mus.
También lo paso fatal.
a lo mejor poniendo ¡¡¡feliz navidad!!! nos refescamos un poco.

Saludos

José Luis dijo...

Mucho calor, Jesús. Yo estoy igual, o parecido, unos cuantos metros más allá.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

El único modo de refrescarse, aparte del aire acondicionado, es darse una ducha tras otra, Aquí (en el doble sentido de la palabra). Es terrible. Sólo me consuela que las estaciones son distintas y sí, la navidad volverá, y con ella el frío y, quien sabe, incluso la nieve.

Jesús Miramón dijo...

Es verdad, José Luis, esto lo compartimos los dos. Un abrazo.