lunes, 8 de febrero de 2016

Un galope desenfrenado

Para empezar está el dimorfismo sexual: los hombres somos, mayoritariamente, más grandes y fuertes que las mujeres. No es un mérito ni tampoco un pecado, sólo el resultado de millones de años de evolución en los mamíferos. Estamos diseñados para la caza, la lujuria, el asesinato.

Yo, que peleo con uñas y dientes contra todo, incluso contra mí mismo (con irrisorios resultados), me reconozco en esa caricatura. Porque las caricaturas en el fondo siempre son el fruto de una verdad, a veces por fortuna y a veces por desgracia.

Dentro de cada hombre hay una locura sin motivo, un galope desenfrenado, un sinsentido de furia e ignorancia y esperanza. Yo lo siento en mi interior: el valor y el miedo se mezclan en mi corazón en una especie de afán puramente físico, palpitante, ciego, sexual.