jueves, 21 de enero de 2010

Migas de pan

A veces tengo la sensación de que cada día sin escribir se disuelve detrás de mí como si nunca hubiera existido, pero yo no pertenezco a la antigua raza de la época del sueño, no soy uno de los gigantes que salieron del mar para crear el mundo nombrándolo y señalando sus árboles, sus montañas, sus ríos; yo pertenezco a la raza del tiempo veloz, este tiempo que se precipita día y noche, también mientras duermo.

A veces tengo la sensación de que cada día sin escribir es una miga de pan que se ha comido un pájaro. No encontraré el camino de vuelta. Me perderé en el bosque. Desapareceré para siempre.

5 comentarios:

Luis Rivera dijo...

Y yo que tengo la imprsión de que cada anotación tuya es una huella, una pisada muy leve, el rastro del pasar por delante del objetivo. Tengo muy viva esa sensación cinematográfica, incluso cuando en una com o la de hoy no hay otra imagen que un hombre inclinado sobre el teclado, y una voz en off.

Elvira dijo...

Aunque pertenezcas a la raza del tiempo veloz, afortunadamente te detienes, observas y nos lo cuentas.

Comprendo esa sensación de la que hablas, pero supongo que no escribirías como escribes si te sometieras a la presión de "tener" que escribir cada día. Creo que se va acumulando lo que vives, sientes y observas, y eso aparece en el siguiente escrito. No se pierde, lo llevas dentro.

NáN dijo...

¡Ah!, no te crees gigante porque has elegido el detalle de la vida tranquila de todos los días.

¿Quién dijo que el que sabe escribir historias de su pueblo escribe la historia del mundo entero?

Pero si has acostumbrado a la conciencia a perfilarse al escribir, la miguita de pan será necesaria, con el tiempo, para pensar ese día, para encontrar el camino de vuelta hasta él.

Todo tiene su precio, Jesús.

José Luis dijo...

No te martirices, y un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Llego ahora a casa, a las dos menos diez de la madrugada, después del ensayo con el coro y la copa en el Chanti. Qué desierta estaba la calle. Ahora mismo no se oye ni un solo ruido a mi alrededor, sólo ese imperceptible y tenue zumbido que emiten los átomos y llamamos silencio. Gracias a los cuatro y un abrazo en voz baja.