sábado, 14 de enero de 2012

Dados

C. trabajaba de mecánico de motos en Barcelona cuando conoció a través de internet a una joven de México. Se enamoró de ella y al cabo de algunos meses cruzó el Atlántico para comenzar una nueva vida. A pesar de las advertencias de familiares y amigos su relación virtual desembocó en un amor verdadero, algo que él, por supuesto, ya sabía que sucedería. Ignoraba, sin embargo, que al cabo de varios meses de felicidad un gran cuatro por cuatro se empotraría contra su coche poniendo su mundo al revés y zarandeando su cuerpo como si fuese un dado botando y rebotando dentro de un cubilete. Los bomberos que le rescataron no daban crédito cuando comprobaron que su pulso latía. Su madre, que después del divorcio había abierto un pequeño hotel en el Prepirineo aragonés, recibió la llamada de madrugada, una llamada que sin vergüenza alguna hablaba también del dinero necesario para que operasen a su hijo. Rápidamente condujo hasta Barcelona y allí tomó el primer avión rumbo a México. Al cabo de muchas semanas regresaron a casa. Una ambulancia esperaba en el aeropuerto. Algunas intervenciones quirúrgicas después madre e hijo se sentaron por primera vez al otro lado de mi mesa. Él era el vivo retrato de los supervivientes de Auschwitz, un saco de huesos coronado por un cráneo desde el que dos enormes ojos ajenos a su edad me miraban sin ver.

C. vino a la Agencia el otro día. Apoyó las muletas a ambos lados de la silla y me sonrió con una mueca. Además del asunto profesional que nos llevamos entre manos volvió a preguntarme por algunas aplicaciones del iPhone de las que habíamos hablado en ocasiones anteriores. Su mirada conservaba la huella del dolor y recuerdo que pensé que ya nunca desaparecería de sus ojos. Al despedirse me dio la mano y a continuación salió a la calle mecido como yo, como tú, por la corriente.

25 comentarios:

Portorosa dijo...

Bueno, Jesús, no dejas de emocionarme y de darme ratos de placer al leerte.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo. Te agradezco muchísimo el comentario, Porto. Últimamente floto a duras penas en un mar de dudas.

Portorosa dijo...

¡Oh, pues eso sí que no, Jesús!

Duda; tú si quieres duda, pero de ahí no pases.

Me encanta lo que haces, y me encanta en un porcentaje tan alto que es maravilloso pinchar cada día en tu enlace, previendo el minuto de bienestar y disfrute; nunca me cansas, día tras día y año tras año. Y si entre los que leo hay para mí un blog imprescindible ese es el tuyo, Jesús.

Y ya sabes que soy sincero.

Un abrazo.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Pienso igual que Portorosa, Jesús, aunque al final estamos solos, con nuestro criterio.

Un abrazo

Ángela dijo...

¿Y qué ocurrió con la mujer mexicana? ¿Siguen juntos? A mí me interesa saber más de esta historia. ¿Por qué él se volvió a España? Es que me dejas en un mar de dudas, Jesús. Luego dices que eres tú el que las tiene..., será que nos las quieres contagiar.

Jesús Miramón dijo...

Sí, José Luis, solo con nuestro criterio y sin demasiadas referencias. Y una palabra de la que hemos hablado alguna vez regresa de nuevo: desfachatez.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Ángela, la relación no sobrevivió al accidente ni, sobre todo, a las secuelas mentales que aquel produjo en C., unas secuelas psicológicas de las que comienza a salir ahora, más de dos años después. Es una historia triste. A veces la corriente nos lleva a historias tristes.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Y la pertinencia, no creas que no le doy vueltas.

Un abrazo

giovanni dijo...

Yo tenía la misma pregunta que Ángela y vi tu respuesta. Hay casos en que una pareja se divorcia después de la muerte de un hijo.

Un abrazo

Ángela dijo...

Quizá no sea pertinente preguntarlo aquí, seguramente sería mejor poder comentarlo en persona, alrededor de unas cervezas, en el Chanti. Pero no puede ser, casi ocho mil kilómetros nos separan.
Lo que yo quiero preguntaros, Jesús y José Luis, es cómo encajan la desfachatez y la pertinencia en el caso descrito en esta entrada. Quizá no podáis o no queráis darme una respuesta, y entonces me conformaré.
Gracias.

Jesús Miramón dijo...

Giovanni, a veces un hecho traumático desencadena más hechos traumáticos hasta devorarlo todo. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Ángela, la desfachatez y la pertinencia no se refieren al caso que describe la entrada sino al hecho de escribirla, al acto de la creación.

Cuando yo hablo de desfachatez quiero referirme a cierta mezcla de osadía y narcisismo, la atrevida desvergüenza de quien publica un texto, una fotografía o un dibujo porque, precisamente, piensa que es pertinente, es decir, por increíble que parezca, puede alcanzar el corazón de una persona desconocida hasta el punto de que esta persona sienta que ese texto o fotografía o lo que sea de algún modo le pertenece, expresa una verdad propia e inviolable.

El caso descrito en la entrada, absolutamente verídico, habla del azar, habla de la corriente de la vida, habla de nuestra fragilidad y también habla de nuestra capacidad para recuperarnos y volver a mirar hacia adelante. En mi desfachatez pensé que esa historia podría iluminar, como lo hizo en mi caso, alguna pequeña verdad en quien la leyese.

José Luis Ríos Gabás dijo...

No sé qué decir, Jesús ya lo explica muy bien. Temas universales, relevantes, tratados de manera adulta, sin pirotecnias, con intención de abrir la caja de las emociones y de las ideas. Es una opción, claro.

Un saludo, Ángela

Ángela dijo...

Jesús y José Luis, gracias por las respuestas. Entiendo ahora lo que decís. Y con ese entendimiento, digo que me parece pertinente el relato, pues como seres humanos nos atañe, nos importa. No los detalles propios de la intimidad, pero sí aquellos que nos muestran la peripecia vital de una persona que bien podríamos ser nosotros mismos.
En cuanto a la desfachatez, no la veo aparecer aquí. No me parece una desfachatez hablar de lo que nos concierne, siempre que no se sobrepasen los límites de eso, lo que nos concierne como personas, lo que nos habla de nosotros mismos.
Es verdad que a menudo acecha la duda de si no sería mejor callar, de si realmente a alguien le importa lo que pasa por nuestras mentes, de si después de todo las palabras sirven más de confusión que de esclarecimiento. Y a veces es preferible no decir mucho, pero eso no significa que haya que callarse para siempre. (Parece que a mí, ahora, me cuesta hacerlo, vive dios.)

giovanni dijo...

La desfachatez podría ser el gozar de la miseria de otra. Gozar es una palabra fuerte, pero si lo reemplazo por, p.e., sacar provecho o ganar respeto o admiración, queda más claro lo que digo. Lo digo interrogándome a veces por qué saco una foto de o por qué escribo algo sobre una persona que está en una situación mala para así decirlo. Para aclarar mi postura sirva tal vez que he trabajado como periodista 'antropológico' o de 'observación participativa' en varias partes del mundo. Y para ser aún más claro y forse troppo chiaro: no es que Ángela se irritó un poquito cuando leyó el elogio de Portorosa? Entiéndanme bien, no quiero insinuar nada, solo explicar y hacer preguntas a mi misma. Hubiera sido mejor decir esto en el Channti, pero hélas...

Un fuerte abrazos para todos!

estrella/elisa dijo...

Yo sólo puedo decir que tu 'desfachatez' y la 'pertinencia' de lo que nos cuentas permanezcan por mucho tiempo. Porque no puedes dejarnos a tantos sin el placer, sin el gusto de acercarnos todos los días a tu 'casa' y sentirnos formando parte de esta realidad que nos envuelve, de la tuya, claro, pero que es un poco de todos nosotros.
Buen día, Jesús!

giovanni dijo...

Necesito agregar algo a mi comentario anterior? No será malo. Dije lo que dije porque muchas veces me pregunto qué motivos tengo para hacer algo, y qué motivos puedan tener otros? Pero quiero dejar bien claro que hasta ahora nunca me pregunté qué motivos tiene Jesús para escribir lo que escribe y ahora tampoco me hice esa pregunta. Simplemente me gusta lo que escribe, también en esta entrada. Solamente traté de entender lo que Ángela podría haber pensado. Puede ser que la entendí mal y que en base de ese malentendido me desvié en una reflexión que no tiene ningún nexo con las palabras expresadas en los comentarios de arriba. A veces me dejo llevar por mis meandros asociativos.

Abrazos

Jesús Miramón dijo...

Hola a todos, vuelvo ahora a casa después de todo el día fuera. Giovanni, estoy seguro al cien por cien de que a Ángela no le irritó ningún comentario anterior, al cien por cien.

Gracias por tus palabras, Elisa, qué amable eres siempre conmigo.


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Por cierto, Giovanni, la palabra "desfachatez" proviene la la italiana sfacciatezza). En castellano significa, según nuestro Diccionario, descaro, desvergüenza, en ningún caso gozar de la miseria de los demás, ni siquiera sacar provecho: es descaro. El necesario para tocar la guitarra en público, exponer un cuadro, publicar un poema o escribir un texto que pretende hablar de la fuerza del azar en nuestras vidas. Pero esto ya lo escribí ayer.

Un abrazo a todos.

Ángela dijo...

Bueno, no es el Chanti, no hay cervecitas, pero se ha organizado una conversación interesante aquí.
Quería decirle a Giovanni que mis preguntas se debían a la curiosidad de saber más de esta historia y, además, a que no comprendía bien de qué estaban hablando Jesús y José Luis cuando se referían a la desfachatez y la pertinencia. Hace poco, Jesús dijo aquí que él y José Luis tienen conversaciones acerca de la pertinencia, y ahora, en esta entrada, volvió a salir. Yo no sabía que se referían al hecho mismo de escribir.
De todos modos, sería imposible que el comentario elogioso de Porto me hubiese irritado a mí. En primer lugar, porque estoy de acuerdo con él y, en segundo lugar, porque no sería pertinente que yo me irritase por el comentario de ninguno de vosotros, je, je. Y sería, eso sí, una desfachatez por mi parte. ¡Mamma mia, qué locuaz estoy!
Un abrazo para todos y en especial para ti, Jesús. Gracias por la confianza.

giovanni dijo...

Ángela, Jesús, Portorosa: no conocí la palabra desfachatez (ni su equivalente en italiano) y busqué su significado en WordReference, que me dio como sinónimo "desvergüenza"

f. Falta de vergüenza, insolencia:
encima tiene la desvergüenza de invitarse a la fiesta.
Dicho o hecho insolente o falto de educación:
me miró con una desvergüenza insultante.

A su vez interpreté mal desvergüenza...

Gracias a esos mal entendimientos y la explicación de Jesús he aprendido (otra vez), pero hubiera preferido conocer el significado de desfachatez y evitar mal entendimientos con ustedes. Lo siento que he causado 'falsas ideas' y pido disculpas a Portorosa por sugerencias que se podría interpretar como insinuancias.

Y todo eso pasó sin que tuviera duda alguna sobre las buenas intenciones de cualquiera de nosotros. Encima de mis meandros asociativos me complico la vida a veces haciéndome cualquier clase de preguntas a mi mismo, llegando a veces a casos extremos teóricos.

El tema de sacar provecho de algo que supuestamente se hace con buenas intenciones es algo que me he preguntado con respecto a mis actividades de solidaridad internacional. Gracias a mi preocupación por la situación triste de gente que sufrían bajo la dictadura de Pinochet gané cierta fama en ciertos círculos en Holanda. No quiero decir que he hecho carrera gracias a la miseria de otros, pero me quedé con alguna duda.

Tal vez ese sentimiento de culpa es algo típico de ciertos holandeses, Jesús. No sé si haya visto semejante autocrítica en holandeses que conoces que viven en el Pirineo aragonés.

Abrazos

rociolat dijo...

"Su mirada conservaba la huella del dolor y recuerdo que pensé que ya nunca desaparecería de sus ojos ".

Estas frases son las que mas me han impactado, me veo refleja en ellas y a veces siento que mi mirada jamas volvera a sonreir...

Mi historia de vida es tan dura como la que escribes en este post y quiza con un tono egoista de mi parte, yo diria que mas feroz y cruel, por lo mismo me hago preguntas y no encuentro respuestas, aun no puedo hablar en publico sin ponerme a llorar y la corriente como bien dices tu, me llevo donde no debio llevarme, creeme que acepte el reto y lo vivi intensamente, conoci mi fragilidad, pero lo mejor de todo es que tambien conoci a una Rocio que yo no conocia, muy valiente, muy fuerte y que conservo la gordura aun ante algun momento en que la locura se permite...

Tu post ilumino mi pequeña gran verdad...

Me cuesta a diario no pensar aquel minuto que mi marido eligio para suicidarse adelante de mi, yo con mi hija, un pequeño bebe de solo 3 meses en mis brazos y con una enorme impotencia de no poder evitarlo y me atrevo a escribirlo aqui en tu blog, sin querer dar lastima, mas bien quiero dar fe, que se sobrevive, y se lleva el movimiento de la vida desde otra perspectiva.

Jesús Miramón dijo...

Dios mío, rociolat, cuentas una experiencia terrible, casi inimaginable. Que hayas sobrevivido y seguido adelante con tu hija conservando el rumbo te convierte a mis ojos en la mujer más valiente del mundo. Un beso sin lástima, sólo admiración.

rociolat dijo...

Gracias Jesus, me encanta tu blog, me paso de vez en cuando por aqui, me encanta tu header del template que tienes, me parece muy original...

Sabes que tus posts me dejan una sensacion de llevarme horas pensando cada cosa que escribes o como aquella vez que grabaste cuando conducias el coche de noche y llevabas la camara puesta estrategigamente para mirar el panorama.

Tambien me disculpo de haber tipeado mal la palabra gordura por cordura, es que me suele suceder que gracias al teclado qwerty de mi movil he cojido malas costumbres al escribir.

Gracias por tu admiracion.

MCarmen dijo...

Hoy ha sido mi primera visita a su blog.
Ha sido como nadar en un lago de sentimientos y razones y emociones.
Me alegra estar aqui.
Creo que me voy a quedar.
Gracias por compartir.
MCarmen

Jesús Miramón dijo...

Bienvenida a las cinco estaciones, MCarmen.