martes, 21 de febrero de 2017

Puertas

Amo mi trabajo, pero si el mundo fuese únicamente un reflejo de lo que conozco, la vida se dividiría, no siempre justamente, entre las vidas que llegan y las vidas que desaparecen.

Hoy he atendido a una mujer francesa que conozco desde hace años. Su fuerte acento siempre me cautivó, pero hoy se trataba de algo muy distinto. A su marido español le habían diagnosticado en tres semanas un cáncer terminal. Le dije que lo sentía muchísimo y le tomé la mano. Su dolor y estupefacción invadieron mi cerebro de un modo que no puedo explicar. Ella lloró. Yo me lo impedí al precio que pago.

5 comentarios:

JL Ríos dijo...

Tu trabajo es, a veces, muy duro.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Es duro en muchos sentidos.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Yo lo escogí.

Luis Rivera dijo...

Guardo silencio, el tuyo, el mío.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Luis.