sábado, 4 de abril de 2026

La silueta

Yo me crié y crecí con la silueta de Jesucristo en mi cerebro. Cuando me acostaba cruzaba mis manos sobre mi torso y era él. Lo veía en manchas de humedad en la pared, en la corteza de los árboles, en las sombras del agua en un lago: veía a Jesús en todas partes. Pude perfectamente haber sido sacerdote, pero me interesaba demasiado el sexo heterosexual, de hecho mi organismo parecía haber sido hecho por la naturaleza para el único objetivo de la masturbación convulsiva imaginando mujeres. Pero queda el eco. Sigo sintiéndome clandestinamente cristiano. Cuatro frases famosas, dos principios sencillos. Quiere a los demás como a ti mismo. Antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el cielo. Esas cosas.

Hemos lanzado una nave espacial a la luna. Un cohete gigantesco impulsó una cantidad surreal de combustible ardiente para alejarse de la gravedad de nuestro planeta. Ahora mismo, en este mismo instante, navegan en ingravidad hacia la débil gravedad de la luna.

No quiero ligar la presencia de Jesucristo en mi vida con el último viaje a la luna de mi especie, no soy capaz de algo así, sólo doy testimonio de ello. Soy un observador sintiente, un habitante del buque. Estoy aquí, respirando, vivo, capaz de caminar. Lamento la crucifixión de Jesús, su tortura y ejecución cruel, y celebro los primeros pasos del cohete que probablemente se convertirá en el medio de transporte de humanos a través del espacio profundo.

El río Vero fluye con cierta alegría frente a nuestro apartamento. Hay tanta nieve en las montañas que lo hará durante mucho tiempo. En los árboles al otro lado duermen los pájaros que escuchamos cuando están despiertos. En qué estarán soñando ahora. En qué soñaré yo dentro de un momento.

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