sábado, 14 de abril de 2007

La quinta estación

Todo sucedió mucho más deprisa de lo que habíamos imaginado: los polos comenzaron a fundirse elevando el nivel de los océanos, que en todo el planeta inundaron estuarios, puertos, ciudades y autopistas; los bosques huyeron al norte perseguidos de cerca por el desierto y sus tormentas de arena; se extinguió el oso polar, desaparecieron los batracios, miles de cadenas tróficas se rompieron acabando con millones de especies de plantas, peces, aves, insectos, mamíferos marinos y terrestres.

Mientras los avances científicos lograban crear cuerpos y órganos artificiales que nos convertían virtualmente en seres inmortales, el cambio climático nos precipitaba inexorablemente hacia la desolación de Marte. Nuestra única posibilidad de supervivencia consistía en la exploración y colonización de otros sistemas planetarios, pero cualquiera podía darse cuenta de que ya no había tiempo: el lugar más lejano que los seres humanos habían alcanzado eran las colonias mineras de la luna.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta: si no había salvación en el futuro deberíamos buscarla en otra parte. La primera propuesta seria llegó de Japón, país que el veintiocho de mayo de cuatro mil quince había logrado enviar a una ingeniera del ejército al veintiocho de mayo de cuatro mil catorce. Ciertamente se trataba de un paso muy pequeño, el primer salto, pero era el comienzo de la mayor aventura que jamás había emprendido nuestra especie: la colonización y reparación del pasado de nuestro propio mundo agonizante. A este proyecto se le llamó La quinta estación.

2 comentarios:

Portorosa dijo...

Muy original.

Peeeeeeeeeero... aquí dice que no es posible, ni teóricamente. Pero es que además, tal y como yo siempre lo he visto, viajar al pasado no podría cambiar nada, por el simple hecho de que si viajas a 1940, eso quiere decir que tú ya estabas en 1940 (no hay dos 1940, no hay un nuevo pasado), y por tanto lo que tú vayas a hacer en ese viaje ya sucedió, ya lo hiciste, y ya surtió sus efectos.

Así que no hay salvación, lo mires como lo mires :-)

Un abrazo.

Hipatia de Alejandría dijo...

Me ha encantado este relato. Cuando ya no hay futuro hay que volver a pasado, aunque el extremo que no conduce a él sea el mismo: seguir teniendo algo que devorar.

Gracias.
Saludos desde la Enterprise.