martes, 8 de septiembre de 2009

Ferietas

A pocos metros de mi casa han comenzado a instalar las ferietas de las fiestas patronales de este año, que comienzan pasado mañana, y no, esta vez no voy a dejarme llevar por la negatividad, no diré nada sobre la precariedad y la ausencia de controles de seguridad de unas instalaciones, a menudo semejantes a las de los grandes parques de atracciones, levantadas de un día para otro con ayuda de cinta aislante, cuñas de madera y unas cuantas latas de cerveza; tampoco hablaré de la flagrante lesión a los derechos elementales de los vecinos que suponen la música y las sirenas sonando hasta altas horas de la madrugada, a veces casi hasta el amanecer. No, no lo haré, este año quiero ser positivo, debo comprender que así es el mundo, que el jolgorio colectivo bien merece que no pueda dormir ni leer ni comer tranquilo ni, en fin, ser feliz, durante unos pocos días de mi vida. De hecho tanto he cambiado de actitud respecto a este asunto que he estado a punto de decir que odio las putas fiestas de los cojones y, sin embargo, he decidido callarme.

15 comentarios:

Elvira dijo...

Jajajaja! Lo siento por el mal rato que te espera, de verdad, pero me has hecho mucha gracia. :-)

Jesús Miramón dijo...

Bueno, es mi pataleta de cada año, casi una tradición. Ay. (M. y yo estamos esperando que los hijos sean mayores para hacer lo que tantos: huir de aquí durante esos días).

Anónimo dijo...

Que se hace uno mayor, Jesús; que se hace uno mayor.


Bolo

Anónimo dijo...

¿Huir? !Pues no te queda mili ni ná!

Bolo

Anónimo dijo...

Venga, va. Lo cuento yo:


Los indios de una remota reserva preguntaron a su nuevo jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible.
Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía los viejos trucos indios. Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo...
De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser verdaderamente frío, y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados.
No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de meteorología.
-¿El próximo invierno será muy frío? - preguntó.
-Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío - respondió el meteorólogo de guardia.
De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados.
Una semana después, el jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de meteorología y preguntó:
-¿Será un invierno muy frío?
-Sí - respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío.
Honestamente preocupado por su gente, el jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible, ya que parecía que el invierno iba a ser verdaderamente crudo.
Dos semanas más tarde, el jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:
-¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno habrá de ser muy frío.
-Absolutamente, sin duda alguna - respondió el meteorólogo - va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.
-¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?
-! Coño, porque los indios están recogiendo leña como locos!




Bolo

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Bolo, tus comentarios han supuesto un verdadero alivio (el primero) y un rayo de esperanza (el segundo).

GRRRRRR

Jesús Miramón dijo...

En cuanto al tercero, la verdad, asombrado me has.

GRRRRRRRR

José Luis dijo...

Jesús, ni las fiestas son como eran ni nosotros somos como éramos (cuando éramos jóvenes). El ruido me molesta cada día más, y por aquí parece que crece cada día también más. En fin, armémonos de paciencia. Un abrazo

José Luis

NáN dijo...

Es que Bolo siempre encuentra las palabras de consuelo. La historia de los indios, cojonuda.

Y tú, menos mal que con tu forma de ver la vida callas y no nos cuentas ese pequeño horror anual.

Se te ha olvidado algo que al menos a mí me espeluzna: el olor a fritanga. No puedo cruzar una feria de esas porque literalmente vomito.

A modo de consuelo, te diré que cuando los hijos sean mayores y se hayan ido, volverán a casa con amigos para las fiestas. Y claro, con las ganas que tendréis M y tú de verlos no vais a perder la ocasión y marcharos del pueblo.

Carlos dijo...

Bueno, cuando el Sol se pone es porque está saliendo en otro sitio. En Barbastro nos hemos quedad bien tranquilos, con las barracas en Binéfar y las obras de Zp casi terminadas... Paciencia y a esperar las fiestas de Monzón.

La donna è mobile dijo...

Efectivamente, son infiernos terrenales y ¡muerte, muerte, muerte a los infiernos terrenales! Peeeeeero, y no sé qué opiné otros años (la coherencia de las donnas mobiles a lo largo de las épocas, es conocidísima de uno a otro confín), pero fíjate que de entre todas las horrorosas y temerarias máquinas de acabar con la vida, le sigo perdonando la ídem al Hulk (o el pulpo, no sé; ése que tiene varios brazos, y los va cruzando y te lleva hasta el final de la plataforma, y después con mucho viento en la cara hasta el otro, y después hacia atrás, y sube, y baja). Me subiría en él y no me bajaría hasta romperlo. Horas estaría yo ahí subida.

Lo demás por mí: a la chatarra.

Y no te digo nada de los grandes parques de atracciones. Oh… Empezando por los columpios que te dejan las piernas colgando, hasta las grandes montañas rusas que te tienen más tiempo boca abajo que boca arriba.

Me van, me van. Me van a topísimo.

:-)

(Paciencia, Jesús.)

Jesús Miramón dijo...

Hola, José Luis, yo tampoco soporto el ruido (ni siquiera cuando era joven lo soportaba). Sí que tendremos que armarnos de paciencia, y cuando estemos hartos pensar en quienes, entre los nuestros, sí disfrutan de estas celebraciones colectivas. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Agh, NáN, el olor a fritanga, es verdad, no me acordaba, ese olor que se adhiere a tu nariz como las leonas a los hocicos de los búfalos.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Carlos, hoy en Barbastro todo el mundo me lo decía: «Qué bien que ya han terminado las fiestas», «¡Qué ganas tenía de que acabaran las fiestas!». Yo no podía evitar pensar que, demonios, si tanta gente desea que terminan las fiestas, ¿por qué comenzarlas? Claro que también tengo que decir que las personas que acuden a mi lugar de trabajo no suelen ser mayoritariamente jóvenes.

Jesús Miramón dijo...

Donna, fíjate si les tengo manía a los parques de atracciones que ni siquiera cuando era un niño, que lo fui, disfrutaba de ellos.

En las ferias ambulantes los únicos puestos que me atraían un poco eran aquellos que mostraban niños cocodrilo y mujeres serpiente. Ahora ya no hay. Ahora te timan directamente vendiéndote un cucurucho de churros como si contuviese lingotes de oro, y todos contentos.