jueves, 22 de julio de 2010

Kinda y Mahamadou

Conozco a Kinda desde hace mucho tiempo. Él obtuvo la nacionalidad española pero sus hijos siguen siendo gambianos. Viene con Mahamadou, que acaba de cumplir dieciséis años, para que le asigne un número de Seguridad Social y puedan darle de alta en su primer empleo como temporero en las viñas. «Ya es hora de que se ponga a trabajar», dice Kinda. «Bueno», le digo, «si no le gusta estudiar es la mejor opción, desde luego». «Ah, Jesús, pero él es un buen estudiante, sacaba muy buenas notas, ¿verdad?», dice el padre dirigiéndose al hijo, un joven de mirada inteligente que se encoge de hombros con gesto tímido. «Kinda, si es buen estudiante ¿no sería mejor que hiciese una carrera?». Me giro hacia el adolescente. «A ver, Mahamadou, ¿qué asignaturas se te daban mejor?». El chico, un poco incómodo junto a su padre, contesta: «Las de ciencias». Kinda ríe y dice: «¡Él quería ser médico! ¿Te imaginas?». Y yo me lo imagino, desde luego que me lo imagino, veo a Mahamadou estudiando en la Universidad, doctorándose en medicina y volando muy alto y muy lejos. Su padre y yo nos miramos a los ojos. Él dice: «La universidad cuesta mucho dinero, no puedo permitírmelo». «¿Y las becas?», le digo yo, que conozco perfectamente los ingresos de Kinda; «te las concederían todas». «No, no, Jesús, él tiene que trabajar y ayudar a su familia, es su obligación», dice con un gesto serio que de inmediato pasa a convertirse en una sonrisa. Kinda es un buen hombre, lo es, sucede que sencillamente no es capaz de comprender que su hijo tiene derecho a una vida mejor, que algo así es posible. Cuando se levantan para marcharse no puedo evitar sentir una mezcla de lástima y frustración.

26 comentarios:

José Luis Ríos dijo...

Hola, Jesús. Tu trabajo hace que conozcas aspectos positivos y negativos de la vida. A veces nos cuentas los buenos, y a veces los malos. Hoy tocas de los segundos. La resignación tuya y la de Kinda, y su incapacidad de creer. En fin, gracias por contarlo.

Un abrazo

añil dijo...

supongo que lo que voy a decir es lo que pensamos todos y la realidad es la que es pero este tipo de situaciones me indignan sobremanera, sobre todo con la cantidad de dinero que se derrocha diariamente en cualquier administración, familia,o similar.

En fín, supongo que aportando cada cual lo que le corresponda conseguiremos menos desigualdades en el futuro.

Un beso y gracias por compartir esto.

Ofelia dijo...

Hola Jesús,
Hoy tu texto sabe a metál....a la fuerza implacable de la tribu. Sin ella no hay posibilidad de sobrevivir y a causa de ella es muy difícil el despliegue del deseo y potencial individual.
Es en el seno de la tribu donde se genera el conflicto entre vida y conciencia. Dicotomía....
Hay que tener mucho valor y creatividad para avanzar en la dirección de quien eres sin ser aplastado.
Yo soy de las que sienten que en un instante todo puede cambiar....así que, ya veremos.
Un gran beso*

Miguel Ángel dijo...

Es verdad que no es nada fácil romper ese ciego destino, pero ocurre a veces que sí se consigue. Yo he vivido el ejemplo de dos hermanos, pura antagonía, senegaleses. Uno, encerrado en mercadillos, malvive y apenas consigue enviar algo de ayuda a los suyos. Otro, en mucho menos tiempo, ha sacado carnet de primera y conduce por Europa, dos hijos ya españoles y, como una inmensidad de currantes, paga hipoteca de por vida, pero ya es propietario. Astou-Pilar e Hibrahim, de dos y medio año, no repetirán, estoy seguro, y de ellos es el mañana, y también el pasado mañana.

Diva Gando dijo...

Es muy difícil salir de la rueda cuando se está en élla y más en una sociedad en la que la autoridad patriarcal está tan definida. Ojalá pueda ver realizado alguno de sus sueños!

Elvira dijo...

Tú has plantado la semilla, más no podías hacer. Igual el chico se siente reforzado por tu intervención. ¡Quién sabe! ¡Ojalá haya calado hondo y tenga remedio!

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Hola, José Luis, según parece es un concepto muy español eso de padecer el sentimiento que debería tener otra persona, sucede con la vergüenza ajena y a mí esta mañana me ha sucedido con la frustración: he sentido mucha frustración ajena por el hecho de que un buen estudiante, acaso un futuro buen médico, se alejara de sus posibilidades potenciales rumbo al futuro labrado por su padre, por su tribu.

Un abrazo.

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(Por eso el primer título del post, y el que aparece en el enlace, es «Frustración ajena»)

Jesús Miramón dijo...

Hola, Añil, existen las desigualdades impuestas por el sistema, por las circunstancias exteriores, y existen también, como en este caso, las desigualdades asumidas por el grupo desde dentro. Las exteriores pueden combatirse con convulsiones políticas, incluso con revoluciones, pero las internas sólo son vencidas poco a poco, generación a generación. Puedo imaginar a los nietos de los actuales inmigrantes ocupando sus puestos de trabajo en hospitales, estudios de arquitectura o cátedras de universidad. Generación a generación. Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Ofelia, como bien dices la tribu es protección y prisión. Supongo que siempre ha sido así, aunque de hecho son los rebeldes, los exploradores, los que sólo piensan en escapar, quienes derrumban muros y expanden los mapas. La tribu debería ser un lugar del que poder salir y al que poder regresar. Salgo para estudiar medicina y regreso para escuchar las antiguas canciones de la aldea.

Un beso.

Portorosa dijo...

Algo así iba a decir yo, Jesús; que los hijos de Mahamadou seguramente ya encontrarán otro padre, llegados a esa situación.

Tú sigue intentando aportar algo, ¿eh? Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Yo también conozco algún caso, Miguel Ángel, y da mucha alegría verlo. La inmigración en España es un acontecimiento relativamente nuevo, uno se da cuenta de eso al visitar Londres, una ciudad absolutamente interracial. De aquí a una o dos generaciones, como comentaba antes, no habrá tantos casos como el de Mahamadou. Como bien dices, de ellos depende el futuro.

Jesús Miramón dijo...

Autoridad patriarcal, Diva, tú lo has dicho. Estando frente a ellos podía sentir la jerarquía de Kinda sobre su hijo, una jerarquía indiscutible y antigua.

Jesús Miramón dijo...

Me temo que no, Elvira. Probablemente mañana mismo comience a trabajar Mahamadou junto a su padre, quien se sentirá orgulloso de él, entre las viñas. Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Seguiré, Porto, a riesgo de resultar impertinente o entrometido, seguiré, no puedo evitarlo. Un abrazo.

NáN dijo...

Cuantas vidas se pierden, se perdieron y se seguirán perdiendo por causas ajenas.

Esta vez prefiero no hablar de causas ni de soluciones. Solo compartir la frustración.

La donna è mobile dijo...

Hasta terminar la ESO sólo se puede solicitar beca de libros vía la comunidad autónoma correspondiente, pero a partir de BAT (como parece el caso) es posible solicitar la beca del MEC. En su caso, no sólo cubriría los libros de texto del curso, sino que incluso podrían concederle la compensatoria que está cerca de los tres mil euros. Así, de ese dinero que les ingresarían una vez iniciado el curso y posiblemente antes de final de año, sólo tendrían que dedicar una mínima parte a la compra del material, y el resto podrían utilizarlo para ayudar en casa, mientras sigue preparándose para la universidad, donde si sigue progresando adecuadamente, podrá seguir acogiéndose anualmente a este tipo de ayuda, amén de cualquier otro ingreso que pudiera realizar a la familia durante el verano.

Impossible is nothing.

Aquí me quedaré... dijo...

Hola,Jesús.
Tienes un trabajo muy delicado, es duro.
Mahamadou cambiará las cosas. Por mucho que Kinda lo intente, el hijo está occidentalizado y eso es imparable.
La fuerza, en África, es la tribu y sus ancestros, El hijo ya no pertenece, pero es pequeño para decidir por si mismo.
Admiro a Kinda por el valor y el deseo de cambiar de vida en un continente tan diferente al suyo.

De todas formas, no hace demasiados años, aquí, pasaban las mismas cosas.
Si se vivía en una ciudad, había más posibilidades. Viviendo en un pueblo y con pocos medios, los chicos o se iban al seminario para poder estudiar o a trabajar en el campo, en la mina o donde fuese con trece años y con menos. Eso los chicos. Si hablamos de las chicas...

Todo lleva su tiempo.

Saludos

Jesús Miramón dijo...

Hola, Nán, a veces he pensado en ello. Cuántos grandes músicos, cirujanos, maestros, pastorean cabras junto a un baobab.

Jesús Miramón dijo...

Caray, gracias por la información, Donna. Muy profesional, sí, señora.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Aquí, es verdad, todo lleva su tiempo, y, ¿sabes una cosa? Ellos, los que nunca tuvieron nada, los que vienen de la pobreza, los que atravesaron el mar apretados en el fondo de una barca, ellos y sus hijos disponen de todo el tiempo del mundo.

La donna è mobile dijo...

Bueno, Jesús, es que para mí es el pan nuestro de cada día, en varios sentidos, por eso me sale de carrerilla. Además me da coraje que la gente que vale se quede a medio camino, y me pasa como a ti, que cojo su balón y voy derecha a puerta. Intento iluminarles un poco la perspectiva porque tendemos, todos, a hacernos para atrás, para atrás, no tanto por falta de información (que también), sino por falta de aliento. Nos falta muchas veces eso, un empujón de alguien, un profesor que te inspire, un funcionario que te atienda (de verdad), un familiar que te persiga y te dé el coñazo, yo qué sé. Un cordón que ir siguiendo.

Hace un montón de tiempo leí que cuando Vicente Ferrer llegó por primera vez al que después sería su cuartel general, descubrió en la pared una frase escrita que me conmovió y me conmueve: “espera un milagro”. Y es tan sencillo como eso. Fe. No sé en qué. Pero fe en el sentido de desear más estar bien, que estar mal. Esperar el milagro siempre. Y creer que ocurrirá. Y sobre todo currar lo indecible.

Así es como pasan las cosas.

Y creo que es importante intentar contagiar esto en los demás, y que después ellos, sabiendo que impossible is nothing (jur) hagan lo que salga del jander. Como si deciden meterse en un armario.

Lo que pasa es que sabiéndolo, viendo algo de luz, pocos se arrugan. Y eso es bastante bonito de ver.

Fàtima T. dijo...

Hiciste lo correcto, Jesús: comentar, dejar caer tu opinión. Si Kinda tiene la nacionalidad española, es que lleva su tiempo aquí y seguro que la recogió. Sus condicionamientos sociales están probablemnente divididos, mitad Gambia mitad España. Tiraron más los de Gambia a la hora de formular esta decisión, pero eso no quiere decir que el destino de su hijo esté hipotecado. La vida es un continuo aprendizaje, y una carrera no lo es todo.

Un abrazo.

NáN dijo...

No me gusta hablar de las excepciones, porque tienden a consolarnos haciéndonos creer que todo es posible porque sí, en lugar de cumplir la obligación de cambiar las cosas.

Pero como abuelo cebolleta, voy a contar una.

Mi suegro, hijo de minero, empezó a trabajar en una mina de León con 12 años. Como la mina era muy dura para esa edad, tuvo el privilegio de que durante dos años se dedicó, con otros niños, a sacar piedras pequeñas del río y las orillas. Para llevar los sacos y que no se le desollaran los hombros, el padre, que era viudo, le hizo una hombrera cosiendo varias capas de saco.

Luego, pasó a la mina. El padre, que era duro, le dijo que tenía que seguir estudiando. Le apalabró una hora de clase particular con el maestro, a la salida de la mina, y luego se ponía a estudiar: el padre se ocupaba de hacer la cena, de la casa. Y él a estudiar.

En junio iba a la capital, a examinarse por libre. Terminó el bachillerato elemental y luego el superior. Después, se hizo Facultativo de minas (se llama así a la ingeniería técnica, la de tres años). Y estuvo trabajando como minero de pico y pala hasta el día que recogió el título.

Pero eso no sirve de nada. Necesitamos las leyes de progreso, robadas siempre a los amos, para que estas situaciones no se produzcan. Necesitamos que pase una generación para que los españoles de origen exterior a España aprovechen esas leyes y las posibilidades que dan.

Muy triste, Jesús.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Fàtima, Kinda lleva muchos años aquí pero su mentalidad, en lo que yo le conozco, sigue siendo de allí. De todos modos una carrera no lo es todo, tienes razón, y quién sabe, si Mahamadou es tan inteligente como me pareció tal vez sea capaz de labrarse un camino especial, tal vez encuentre el modo. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Nán, a mí siempre me han gustado las historias de los abuelos cebolleta. La que cuentas sobre tu suegro es muy conmovedora.

Elvira dijo...

A mí también me gusta mucho la historia de NáN - Abuelo cebolleta.